El quadern dels periodistes apocalíptics, integrats, optimistes i/o solidaris

EL QUADERN DELS PERIODISTES APOCALÍPTICS, INTEGRATS, OPTIMISTES I/O SOLIDARIS

28 feb 2021

L’home que va creure en TVE

Gabriel Jaraba

La primera vegada que vaig sentir parlar de José Manuel Pérez Tornero va ser a octubre de 1991, a la revista 'Cuadernos 90', un mensual d’inspiració socialista que dirigiem entre Francesc Trillas, Xavier Rubert de Ventós i un servidor, sota la inspiració de Raimon Obiols. En Quico Trillas m’hi va fer fixar: estàvem preparant un especial sobre la televisió pública i ens feia falta un veritable expert, i allà que aquell jove professor de la Universitat Autònoma de Barcelona va còrrer a assessorar-nos. Pérez Tornero no només
José Manuel Pérez Tonero, a les portes
de la Facultat de Ciències de la
Comunicació de la UAB (arxiu).
era professor, i després catedràtic, de periodisme sinó un investigador que tenia al cap tota la reflexió sobre els mitjans públics de comunicació, la televisió educativa i la relació entre una democracia digna de tal nom i uns mitjans de qualitat. A un servidor, que aleshores exercia la crítica de televisió a 'El Periódico' i s’ocupava de la materia com a redactor en cap d’aquest diari, el va sorprendre aquest expert provist d’una amplíssima cultura humanista, periodista professional ell mateix. No abundava la gent que es prenia seriosament la comunicació i encara menys qui en feia una reflexió en clau de qualitat democrática, i quan algú parlava de televisió i política era fent-ho donant cops de colze per fer-se lloc entre la batussa partidària.

De manera que a partir d’aquell moment en José Manuel i jo vam anar coincidint a diversos fórums internacionals sobre televisió, aquesta vegada amb un servidor passat a l’altra banda, representant la direcció de TV-3 en aquests espais de debat. I així vaig descobrir que la seva reflexió sobre la televisió pública era part d’una consideració global de la democràcia encapçalada per l’educació com a acció distintiva de la vida democràtica. Tornero no es limitava a teoritzar, que no és poc: va bastir la moderna televisió educativa d’Espanya, començant pel programa 'La aventura del saber' i va accedir a la presidencia de l’associació de televisions educatives iberoamericanes.

Ara mateix l’imminent nomenament com a president de la corporació Radiotelevisión Española agafa en José Manuel Pérez Tornero convertit en un dels grans experts internacionals de la UNESCO en matèria de alfabetització mediática i informativa i assessor de la Unió Europea en mitjans de comunicació públics. La reflexió torneriana sobre la comunicació i l’educació com a eix articulador de la democracia de qualitat ja ha estat desplegada i mostra reflexos tornasolats del pensament d’Edgar Morin sobre la societat complexa. Acaba de publicar el primer volum d’una obra de dos titulada 'La gran mediatización' (Ed. UOC) en la qual l’anàlisi del que ell anomena “l’expropiació de les nostres vides” que va començar amb el procés de digitalització general s’estén a nivell civilitzacional. Però la seva feina, un cop acabat el procés de consens entre forces polítiques i les seves conseqüències, será obrir un camí que permeti a la televisió i ràdio publiques de l’estat que s’adreci cap a la viabilitat, a la rellevància social i al compliment de la seva missió com a ens públic.

Fins ara mateix en José Manuel i un servidor hem estat col·laborant plegats al Departament de Periodisme i Ciències de la Comunicació de la UAB i a la Càtedra Unesco d’Alfabetització Mediàtica i Periodisme de Qualitat. Ara ell “passa a millor vida” il·lusionat pel repte de redreçar RTVE a partir de la confiança, sincera i fonamentada, que té en el talent dels seus professionals. Només té un problema: que s’ho creu. No és un burócrata i encara menys un oportunista al servei d’una trapelleria política. Creu en els mitjans publics i creu que el camí per a RTVE existeix. No és una il·lusió o un acte de bona fe: he vist el pla estratègic que ell va presentar al concurs de candidats a membres del consell d’administració de RTVE i no és cap broma. El problema dels que s’hi impliquin és que se’l han de creure perquè va de debó i no es pot negar. I arribarà un moment que els qui el donen suport hauran de certificar amb fets operatius les prèvies accions polítiques.

7 feb 2021

Los periodistas del Watergate, 47 años después

Carmen Umbón

Primera parte: "Papá, ¿eres comunista?"


A veces me he preguntado por qué la carrera de Carl Bernstein (Washington, 1944) había sido más anodina y ajetreada que la de su colega Bob Woodward (Geneve, Illinois, 1943), pese a que ambos llegaron al estrellato periodístico a la vez y en condiciones de igualdad. Tanto en el libro como en la película 'Todos los hombres del presidente' da la impresión de que en aquel momento (1972) Bernstein era el más experimentado y con mayor instinto periodístico de los dos. Más aún. Se le atribuye a él ser el primero en darse cuenta de la implicación personal de Richard Nixon en el 'caso Watergate'. Y justo ahora, cuando Woodward vuelve a brillar gracias a sus dos últimos libros sobre Donald Trump, he tropezado
Carl Bernstein y Bob Woodward, en 1972.
 con 'Loyalties' (Lealtades), una saga familiar firmada y editada por Bernstein hace 20 años que en su día me pasó por alto (creo que no ha sido traducida). Bernstein narra en sus páginas abominables historias del Comité de Actividades Antiamericanas, pero también da claves sobre su familia, su personalidad y su propia vida.

La parte histórica del libro está basada en las declaraciones del padre del periodista, Alfred Bernstein, abogado en Washington, defensor de personas perseguidas por el Comité de Actividades Antiamericanas, sobre todo en el periodo de mayor virulencia, el del senador por Wisconsin Joseph McCarthy (1950-1954). Pero la narrativa emocional corresponde a Carl, que experimentó siendo niño las consecuencias de ser hijo de comunistas en un país como EEUU donde, ni entonces ni ahora, esa circunstancia aporta lustre social ni ayuda a cimentar carreras.

Incluso el título del libro tiene un doble sentido. Lealtad “a América”, así, en abstracto, que es lo que el comité juzgaba, y lealtad de un hijo hacia sus padres, cuyas actividades él no comprendía cuando era niño. Tanto Alfred como Sylvia Walker, su madre, sufrieron las consecuencias de su compromiso ideológico. Fueron perseguidos, insultados, humillados; perdieron sus trabajos, padecieron el rechazo social de su entorno e incluso la incomprensión de algunos miembros de su familia. Los Bernstein y los Walker eran judíos secularizados, comprometidos e implicados en actividades solidarias de diversa índole, desde proteger a su comunidad hasta otras de mayor calado, como tomar parte en las luchas obreras en el primer cuarto del siglo XX. Su abuelo Thomas Walker y su tío Jake, ambos comunistas, e Itzel (cuñado de Thomas), socialista, militaron en organizaciones políticas y sindicales y vivieron en su propia familia la escisión de la Tercera Internacional.

Muchos años antes de que Carl firmara en 'The Washington Post' sus primeros trabajos, su madre, Sylvia Walker Bernstein, ya había aparecido en sus páginas y en otros medios de comunicación. Al día siguiente de testificar ante el Comité de Actividades Antiamericanas (15 de julio de 1954) fue portada del 'Washington Daily News' con el puño en alto. El título decía: “Ama de casa del Distrito de Columbia se acoge a la Quinta enmienda”. En 'The Washington Post' el presidente del tribunal afirmaba que la “apariencia” de Sylvia y de los otros diez testigos le había “convencido de que hay un núcleo duro del Partido Comunista en la capital de la nación”.

Y mientras Alfred defendía legalmente a los acusados por el comité, Sylvia, secretaria de profesión, participaba en manifestaciones y protestas cívicas, a veces acompañada por Carl o por sus dos hermanas. Tuvo un papel muy destacado en la campaña a favor de los científicos Ethel y Julius Rosenberg, neoyorquinos de ascendencia judía que fueron ejecutados en la silla eléctrica el 19 de junio de 1953, condenados por entregar información a la Unión Soviética sobre la bomba atómica. Este hecho fue particularmente terrible para Carl, de 9 años entonces, que temía un final semejante para sus padres. Fue poco después cuando en un momento de intimidad le preguntó a su progenitor: “Papá, ¿eres comunista?”

El libro tiene un poso de amargura. Carl creció. Cuando se hizo mayor comprendió la nobleza y la valentía del comportamiento de sus padres, pero al mismo tiempo se sintió obligado a explicar desde su observatorio privilegiado lo que había ocurrido en aquel periodo de la historia de su país. Sus padres, muy orgullosos de sus éxitos profesionales, le ayudaron facilitándole información de primera mano, documentos de archivo y contactos, pero no querían una exposición pública de sus vidas tan evidente. Hubieran deseado que, sin ocultar la verdad, sus desventuras personales hubieran quedado diluidas junto a otras víctimas de la caza de brujas. No fue así. De alguna manera fueron los protagonistas y eso ensombreció las relaciones entre ellos y su hijo. Los Bernstein-Walker acabaron su vida laboral regentando una lavandería levantada con la ayuda económica de su familia, siempre bajo la vigilancia del FBI.

En cuanto a la desigual carrera de Carl Bernstein, su infancia difícil y lo peculiar de su familia probablemente influyeron en su desarrollo. Esas circunstancias ayudaron a forjar en él un carácter enérgico, díscolo y poco inclinado a doblegarse ante las convenciones sociales o profesionales. No llegó a graduarse en la Universidad, lo que aparte de disgustar a sus padres no le impidió ganar un premio Pulitzer compartido con Woodward por las informaciones sobre el Watergate, un trabajo que tuvo enormes repercusiones políticas. Pese a ello, la señora Katharine Graham no lo invitó al 70 aniversario de la fundación de 'The Washington Post', revelando, cualquiera que fuese el motivo que la impulsó a ello, poca generosidad con alguien que ayudó a encumbrar su periódico a lo más alto y contribuyó a la caída del presidente Richard Nixon.

Después de abandonar 'The Washington Post' en 1977, Bernstein ha desarrollado una trayectoria brillante pero errática y socialmente deslucida. Ha tenido incidentes con el alcohol, cambiado mucho de empleo, se ha casado tres veces, y su divorcio de la escritora Nora Ephron fue un sonado escándalo. Se produjo a costa de un apasionado romance con la periodista Margaret Jay, esposa del embajador del Reino Unido en EEUU. El asunto dio lugar a una película de Mike Nichols, con Meryl Streep y Jack Nicholson como protagonistas, y con guión de la propia esposa ultrajada.

Segunda parte: Woodward, favorito en la Casa Blanca


En cuanto al otro protagonista del Watergate, Bob Woodward, su carrera ha sido firme, sin titubeos, ascendente hasta alcanzar una posición de influencia poco común en esta profesión. Pero su trayectoria es coherente con lo que se podía esperar de alguien como él. Nació en el seno de una familia de clase media acomodada y conservadora, también dedicada a los tribunales. Pero a diferencia de Al Bernstein, Alfred Eno Woodward II, juez de profesión, desarrolló sus funciones de acuerdo con su estatus. Bob nació de su matrimonio con Jane Upshur, y la pareja se divorció cuando él era adolescente.

Alumno destacado en secundaria, Bob estudió en Yale Historia y
Woodward y Bernstein, en el 2018.

Literatura Inglesa con una beca del Cuerpo de Entrenamiento de Oficiales de la Reserva (ROTC), organismo destinado a que jóvenes universitarios se conviertan en oficiales de las Fuerzas Armadas de EEUU. Después de graduarse en 1965, sirvió durante cinco años en la Marina como retribución a la beca recibida y en agosto de 1970, ya licenciado como teniente, solicitó trabajo en 'The Washington Post'. Tras 15 días de prueba fue rechazado por falta de experiencia pero después de un año como reportero en el 'Montgomery Sentinel' lo contrataron. Desde entonces, con dos premios Pulitzer compartidos a sus espaldas (el segundo por la cobertura del 11-S), siempre ha permanecido unido al 'Post', del que es editor asociado, y ha compaginado su actividad con la escritura de una veintena de libros.

Bob Woodward es, probablemente, el periodista que ha tenido más y mejor acceso a la Casa Blanca en la historia, tanto con presidentes demócratas como republicanos, y con todas las instituciones del Estado federal. Pero su relación más estrecha, de amistad, fue al parecer, con George Bush hijo, hasta el punto de verse arrastrado al cenagal de las inexistentes armas de destrucción masiva de Irak. Su indiscutible talento y su brillantez no lograron mantenerlo al margen de esa guerra y además se vio implicado en un obscuro caso: el de Valery Plame.

Woodward fue cuestionado por silenciar informaciones relacionadas con la filtración de la identidad de Plame, agente encubierta de la CIA. Desvelar la identidad de un agente está tipificado como delito porque pone en peligro no solo su vida, sino también la de las personas con las que trabaja. Este tropezón, más las críticas que su presunta relación con la CÍA han suscitado a lo largo de su carrera, no mermó su capacidad para seguir en el candelero. Mantuvo su ritmo productivo, verdaderamente espectacular, y cuando Trump apareció en el horizonte aprovechó el terremoto para escribir dos libros: 'Miedo', sobre los preparativos para su aterrizaje en la Casa Blanca, y 'Rabia', sobre la pandemia. Ambos trabajos, publicados en castellano por Roca Editorial, merecen la pena. El primero podría haberse titulado 'Caos en la Casa Blanca' porque es exactamente lo que describe, pero el autor prefirió el elegido porque fue el propio Trump quien lo sugirió. “El verdadero poder —ni tan siquiera quiero pronunciar la palabra— es el miedo”, declaró ante sus entrevistadores Bob Woodward y Robert Costa el 31 de marzo de 2016. Para 'Rabia' el periodista entrevistó al presidente 17 veces. Y con sorprendente habilidad, porque pese al rigor informativo de su trabajo ha conseguido mantener una relación fluida y no enemistarse con él. "Provoco rabia, no sé si es un activo o un riesgo, pero es lo que hago", le dijo Trump, y esta frase inspiró a Woodward para el titular de su última publicación.

La tumultuosa presidencia de Trump ha acercado de nuevo a Bernstein y Woodward después de años de distanciamiento. Juntos escribieron sus dos primeros libros: El escándalo Watergate, luego rebautizado como 'Todos los hombres del presidente', y 'Los últimos días', sobre la caída de Nixon. Después, cada uno siguió su camino. Pero 30 años más tarde Carl no participó en la redacción del libro sobre Garganta Profunda, titulado 'El hombre secreto', firmado en solitario por Bob después de que el exalto cargo del FBI William Mark Felt desvelara en 2005 que era él el misterioso informante del 'caso Watergate'. De hecho fue Bob el único elegido por Felt para los contactos, seguramente porque su perfil le resultó más digno de confianza.

La aparición de ambos en la cena de corresponsales de la Casa Blanca, el 29 de abril de 2017, celebrada en el hotel Hilton de Washington, selló por todo lo alto el reencuentro. Aquella noche el presidente Trump desairó a la comunidad de periodistas y no asistió al evento como es tradición desde los años 20. Tampoco lo hizo al año siguiente. Fueron sus colegas, los corresponsales en la Casa Blanca, quienes convirtieron a Carl y Bob en estrellas del encuentro. “Nuestro trabajo consiste en ofrecer la mejor versión de la verdad que se pueda obtener, en especial ahora”, aseguró Bernstein para animar a sus colegas. “Señor presidente, los medios no son noticias falsas”, dijo Woodward dirigiéndose al ausente.

No sabemos si Trump habrá leído los dos últimos libros de Bob, pero en el caso de que lo haya hecho, desde luego no los ha comprendido si aún no le ha retirado la palabra. Como muestra, vale este ejemplo. Gary Cohn, expresidente de Goldman Sachs y luego consejero económico de Trump, le dijo en privado al periodista refiriéndose a sí mismo y a Rob Porter, secretario personal del presidente: “Lo importante no es lo que hemos hecho por el país sino lo que hemos evitado que él haga”.

7 ene 2021

TV-3 i la seva obsessió pel lideratge de l’audiència

Siscu Baiges
"TV-3 tanca el 2020 amb un lideratge absolut anual i aconsegueix un nou rècord com a líder a Catalunya per onzè any consecutiu. També lidera les dues franges de més consum: el 'day time' i el 'prime time'. I fa el millor 'prime time' dels últims 11 anys. En aquests 11 anys, TV-3 ha liderat 110 dels 132 mesos, els últims 41 de manera consecutiva, liderant tots els mesos dels últims 3 anys, marcant un nou rècord. Aquest 2020, fins al 21 de desembre, TV-3 ha liderat 322 dies, és a dir un 90%, i fa el rècord històric. Pel que fa al rànquing de programes més vistos, TV-3 situa 22 programes entre els 25 amb més audiència de l'any, i és la primera cadena en la història que ho aconsegueix. A més, continua sent l'única cadena que té els informatius entre els programes més vistos. I un 99% dels dies l'ha liderat un programa de la cadena”.

Així comença la nota que la Corporació Catalana de Mitjans
Xavier Sardà i Andreu Buenafuente,
al programa 'Tot per l'audiència', de TV-3.
Audiovisuals (CCMA)
va enviar als mitjans de comunicació com a resum del 2020. Per la CCMA, aquest era el balanç de la televisió pública de l’any. Un exitàs d’audiència com mai no s’ha vist. I durant uns quants dies inclou entre les franges de publicitat de TV3 una promoció en la qual coneguts presentadors de la casa asseguren que han fet possible allò que era impossible: aconseguir aquests nivells d’audiència.

Però és això el que els demanen els catalans que la veuen? ¿Volen la televisió que té més audiència o la que els tracta de forma més respectuosa, la que és conscient de la seva funció de servei públic, la que compleix l’apartat que el llibre d’estil de la CCMA dedica al “Servei a la ciutadania” i que diu: “La voluntat del servei a la ciutadania és el que impulsa la producció i l’emissió de continguts de la CCMA. Fomentem l’educació cívica, la participació democràtica, la solidaritat i l’esperit crític”?

El 1994, TV-3 va emetre un programa que es deia 'Tot per l’audiència'. El presentava, juntament amb Diego Branguinsky, i hi participaven Andreu Buenafuente, Oriol Grau i Toni Clapés. El títol del programa era tota una declaració de principis i en la seva promoció Gestmusic deia que “el seu únic objectiu era augmentar l’audiència de TV-3 a qualsevol preu”. Se’n va sortir força perquè l’audiència mitjana de 'Tot per l’audiència' va ser del 17%, uns 470.000 espectadors.

Si us heu fixat, a la nota de premsa de la CCMA no es diu quins percentatges d’audiència té TV-3. I no ho fa perquè és un lideratge que es mou entre el 10% i el 15% de l’audiència. Menys que els programes bojos de Xavier Sardà, Buenafuente i companyia, que, precisament, se’n fotien de la guerra per les audiències.

Una televisió pública ha de tenir una audiència correcta, digna, però no ha de fer del nombre de persones que la veuen una obsessió. I molt menys exhibir el lideratge d’audiència com un mèrit que justifica qualsevol cosa. En el nostre cas, una deriva propagandística tant evident com lamentable.

Si els Reis d’Orient existissin els demanaria que s’enduguin la Covid-19 ben lluny del nostre planeta i que a Catalunya ens deixin una televisió pública que ens deixi d’atabalar lluint el seu minso lideratge d’audiència i es preocupi més de la funció de servei públic honest, objectiu, pedagògic, plural i respectuós amb els catalans de totes les ideologies que fa anys que ha deixat d’oferir.

17 dic 2020

Com s’informen els catalans ara i fa 10 anys

Andreu Farràs
Tres de cada quatre catalans s’informen de les notícies a través de la televisió, una proporció una mica inferior a la de fa 10 anys, perquè en aquest període de temps s’ha més que duplicat el nombre de persones que s’informen a través d’internet. En una dècada, s’ha reduït a la meitat els ciutadans que llegeixen els diaris per saber què ha passat al món. Un terç dels catalans continua assabentant-se de les notícies a través de la ràdio, el mitjà que menys ha notat els canvis en les dietes informatives particulars entre el 2010 i el 2020, segons assenyalen les enquestes del Centre d’Estudis d’Opinió (CEO) de la Generalitat de Catalunya

La comparació de les dades que ofereixen el darrer baròmetre del
CEO, del novembre del 2020, i el de la primera onada del 2010, del mes de febrer, confirmen la profunda transformació que han experimentat els hàbits dels catalans a l’hora d’informar-se i el consegüent terratrèmol que ha causat en nombrosos mitjans de comunicació, en especial, la premsa escrita. La causa principal cal cercar-la, com es de preveure, en l'auge fenomenal d’internet i l’emergència dels periòdics digitals així com de les xarxes socials, cada cop més usades com a mitjans informatius tot i la dubtosa qualitat i rigor de les notícies que transmeten, perquè sovint només comuniquen rumors o directament 'fakes news'. 

A l’hora d’informar-se dels temes polítics, el 74% dels catalans acudeix a la televisió. Fa 10 anys, era el 83% de la població. De la mateixa manera, si ara un terç dels catalans llegeix els diaris per assabentar-se’n, fa 10 anys era el 60%. Una caiguda que gairebé es correspon amb l’augment espectacular dels usuaris d’internet que passen del 21% al 53%. La ràdio continua sent escoltada pel mateix percentatge de gent (31%-34%) tot i que, com veurem, han variat les preferències de les emissores. Cal tenir en compte que la resposta en aquest cas podia ser múltiple per part dels enquestats; es a dir, podien respondre que seguien tant les notícies per ràdio com per televisió i també per internet. 

Així com ha caigut el percentatge de persones que miren la tele per
informar-se, també ho ha fet en aquests darrers anys la proporció de catalans que segueixen TV-3, encara que continua sent, de lluny, la que compta amb més audiència com confirmen altres estudis especialitzats. Segons els darrers baròmetres del CEO, TV-3 té actualment un 46% d’audiència, més que la suma de les quatre següents televisions més vistes (La 1, Antena 3, Telecinco y La Sexta), cadascuna d’elles amb el 10% de seguiment. Tanmateix, fa 10 anys, TV-3 era seguida pel 54% dels enquestats, vuit punts més que en l’actualitat. Dins de l’apartat de televisió, cal destacar també la desaparició de Cuatro entre les cinc cadenes més seguides, fet que sí passava fa 10 anys; ha estat substituida per La Sexta.

La principal ràdio de la Generalitat, Catalunya Ràdio, també ha
perdut audiència tot i que només dos punts percentuals en els darrers 10 anys. Però la pitjor notícia per a ella és que ha deixat d'ostentar l’hegemonia i l’ha cedit a RAC-1, que ha passat del 19% del 2010 als gairebé 34% del 2020. A molta distància d’aquestes dues emissores es troben la cadena SER (12% el 2020 i 17% el 2010) i Onda Cero (que ha caigut del 9% del 2010 al 5% del 2020). Aquestes quatre emissores son escoltades per 3 de cada 4 catalans que fan servir la ràdio per seguir l’actualitat, que, cal afegir, no arriba ser ni un terç de la població. 

També ara només és un de cada tres catalans els que acudeixin als diaris
(en versió paper o digital) per informar-se. Dins d’aquest terç de la minvant població lectora, un terç opta per 'La Vanguardia' (33% al 2020 i 32% al 2010). Fa 10 anys, un altre terç preferia 'El Periódico de Catalunya', però en una dècada ha passat del 31% al 18% (12% en castellà i 6% en català). El tercer diari favorit dels lectors catalans és ‘Ara’, que al febrer del 2010 encara no havia aparegut, i que en l’actualitat obté un 11%, per davant del 6% d’’El País’ i del 4% d’’El Punt Avui’. ‘El País’ tenia un 8,4% de seguiment; ‘Avui’, un 7%, i ‘El Punt’, un 3,3%, del que es podria deduir que la fusió d’aquests dos diaris no ha aconseguit contrapesar l’embranzida de l’’Ara’, nascut a la tardor del 2010. Totes aquestes capçaleres son les preferides per tres de cada quatre catalans que llegeixen diaris per seguir les informacions polítiques. 

Les múltiples causes del declivi de determinades fórmules informatives i de l'auge i decadència de certs mitjans de comunicació son prou complexes com per deixar-ho per a posteriors comentaris. 

27 nov 2020

Dues reflexions pandèmiques: Maradona i Quintà


Joan Brunet i Mauri 
1. Una emissora de ràdio –la SER Catalunya— preguntava ahir als seus oients si creien exagerada, o no, la reacció –se suposa que mediàtica i popular— arran la mort de Diego Armando Maradona. Un percentatge molt alt d’oients –el 80%-- consideraven que sí, que la reacció arran la desaparició de Maradona havia estat exagerada. Es pugui estar o no
Manifestació de dol a Buenos Aires. (AFP)

d’acord amb aquesta percepció majoritària dels oients de la SER --que dit sigui de passada comparteixo plenament-- el cert és que ahir, tots els informatius (de ràdio i de televisió) i tots els diaris no van dubtar ni un moment en situar la mort de Maradona per damunt de qualsevol altra notícia, pandèmia inclosa. I no només això. Els minuts (o potser fins i tot hores) de ràdio i televisió i les moltes pàgines de diaris no esportius que es dedicaren al jugador argentí superaren amb escreix a altres notícies, molt més transcendents que no pas el traspàs del que certament fou un astre del futbol, però poca cosa més. Un astre que, com qualsevol altra persona, estava regit i dominat pels seus propis clars i obscurs que en aquest cas ofereixen un dur contrast entre una antològica carrera futbolística (a partir de la qual es genera el mite) i una vida personal marcada pels excessos de tota mena així com per un entorn absolutament tòxic (l’exemple a combatre). El Diccionari General de la Llengua Catalana defineix el substantiu mite com a una narració fabulosa “generalment contraposada a qualsevol tipus de formulació enraonada i demostrada”. I és a partir d’aquesta definició que considero que cadascú n’ha d’extreure les seves conclusions en relació al fenomen Maradona, dels que interessadament l’alimenten i dels que possiblement de manera inconscient col·laboren en fer-lo créixer...

2. De les restriccions imposades per l’estat d’alarma sen deriven alguns –certament pocs-- avantatges. Disposar d’un major temps per a dedicar a la lectura n’és un d’ells. Precisament ahir finalitzava la lectura d’'El fill del xofer' del que n’és autor Jordi Amat. Sens dubte un dels títols més venuts les darreres setmanes i que més crítiques ha merescut arreu. Un títol especialment llegit entre els que formem part del gremi dels periodistes, ja que no endebades el protagonista principal i fil de la història que s’hi narra és el que fou un polifacètic personatge (marí, advocat, jutge, periodista...) regit per un comportament psicòpata. El seu nom, Alfons Quintà, que va acabar els seus dies suïcidant-se després d’haver assassinat a la seva esposa. Un personatge inquietant que això no obstant o precisament per això, va jugar un paper destacat en diversos projectes periodístics tant durant la transició democràtica com en els anys dels governs autonòmics presidits per Jordi Pujol. D’entre aquests projectes, un dels més ambiciosos: contra vent i marejol, l’exitosa posada en marxa de TV-3. 

'El fill del xofer' és com una mena de tractat –un assaig-- sobre la maldat que m’ha interessat fonamentalment per dues raons. La primera, per la història mateixa que Amat ens narra a través de la que es posen al descobert els tripijocs i interessos que envolten el món dels mitjans de comunicació i que en tantes ocasions empresonen --i fins i tot emmudeixen-- als periodistes que hi treballen. La segona, des del meu punt de vista molt més rellevant, la informació que l’autor ens aporta en relació a un capítol no tancat de la història recent del país: el 'cas Banca Catalana' i la utilització política que Jordi Pujol en va fer no només per a sortir-ne indemne sinó que també per reforçar el seu bagatge polític i ascendència social. 

'El fill del xofer' és un relat curosament treballat i molt ben escrit al que no obstant hi trobem a faltar referència de les fonts documentals en les quals Amat l’ha basat. Un relat que ens parla de corrupció i de poder, de relació perversa entre poder i corrupció; ens parla de maquinacions de polítics, d’empresaris, de banquers i de periodistes sense escrúpols als que uneix l’objectiu de treure rendiment de la demolició del franquisme i que com qui no fa la cosa, aprofiten l’avinentesa per imposar la lògica binària del “o bé estàs amb mi i amb el país, o bé estàs contra mi i per tan també contra el país”, que tan ha condicionant i ha polaritzat la vida política i social a Catalunya les darreres dècades. 

Per aquestes i per moltes altres raons, 'El fill del xofer' és un assaig absolutament recomanable de llegir i, alhora, mirall perfecte de la corrupció i del poder que impera a Espanya. Un assaig que no hauria de deixar gens indiferent a la nostra professió per les moltes reflexions i consideracions que s’hi contenen que apunten directament a la nostra línia de flotació... I aquí ho deixo.

11 nov 2020

Sí, hay que terminar con las noticias falsas

Dardo Gómez*
El Gobierno español ha decidido dar un tímido paso para disponer de herramientas con que poner freno a las noticias falsas que atentan contra los derecho a la verdad y a la información de la ciudadanía; pero eso ha despertado la ira de la prensa de las cavernas y de los sectores menos evolucionados del profesionalismo periodístico.

Tras largos meses de asedio a la salud democrática y de atentar contra el derecho a la verdad tanto como al derecho a la información de la ciudadanía, el Gobierno español ha decidido dar un tímido paso para disponer de herramientas con que poner freno a las noticias falsas.

Una auténtica lacra que ha sido denunciada por toda la comunidad
europea y que preocupa a todos los organismos que se ha dado Europa para velar por los derechos de la ciudadanía. Cualquiera que se haya interesado en los últimos años por el desaforado crecimiento de estas peligrosas prácticas ha podido comprobar que estamos ante un tsunami de desinformación que está alterando las relaciones sociales y la convivencia civilizada entre los humanos.

Desconozco si el actual Gobierno hubiera estado dispuesto a intervenir en este desmadre informativo si no nos enfrentáramos a esta pandemia que nos asola y si no estuviéramos comprobando que los inventores y difusores de noticias falsas no han tenido el menor reparo en utilizar sus sucias armas para generar más desasosiego.

Algo me dice que no lo hubiera hecho; ya tiene la coalición gobernante suficiente problemas como para meterse en más charcos. Yo lo sé y ellos no podían ignorar que con el anuncio de medidas para combatir la desinformación orquestada por las redes y fomentada por algunos medios se iba a levantar la polvareda que se ha levantado.

Algo que, a mi juicio, es totalmente desproporcionado; ya que todas las reacciones (salvo las bobadas que han soltado las cúpulas de PP y Vox) responden a un previsible mal uso de una posible normativa de la cual aún no se conocen sus alcances reales ni como se va a aplicar.

Recomiendo, si tienen ganas, la lectura en el BOE de la orden PCM/1030/2020, de 30 de octubre, por la que se publica el procedimiento de actuación contra la desinformación aprobado por el Consejo de Seguridad Nacional.

Allí se dice que el objetivos de las acciones y procesos que se aplicarán han de contribuir a “mejorar y aumentar la transparencia con respecto al origen de la desinformación y a la manera en la que se produce y difunde, además de evaluar su contenido”.

Además, dice que esas acciones de la nueva norma han de apoyar “el fomento de la información veraz, completa y oportuna que provenga de fuentes contrastadas de los medios de comunicación y las Administraciones en el marco de la comunicación pública”.

No hay, por lo menos para mí, nada que reprochar en esa intención y para su cumplimiento se anuncian estos objetivos:
-Identificar y definir los órganos, organismos y autoridades del sistema.
-Establecer los niveles para la prevención, detección, alerta temprana, análisis, respuesta, y evaluación.
-Describir los cometidos específicos implicados para los niveles establecidos en la lucha contra la desinformación.
-Definir los mecanismos establecidos para el intercambio de información en los niveles estratégico, operacional y técnico.
-Determinar los mecanismos de evaluación de la implementación y funcionamiento del procedimiento.
-Definir una metodología para la identificación, análisis y gestión de eventos desinformativos.

Aquí hay que decir que nada de esto se lo han inventado el dúo Pedro Sánchez-Pablo Iglesias, simplemente han hecho un copiar y pegar de las recomendaciones que los equipos de expertos de la Comisión Conjunta --hace ya dos años-- hizo llegar al Parlamento Europeo, al Consejo Europeo, al Comité Económico y Social Europeo y al Comité de las Regiones.

Recomendaciones que se han materializado en el European Democracy Action Plan donde se señala, precisamente, todo lo que ahora impulsa el Gobierno español.

No y no, porque lo digo yo...

Por lo tanto, todas las previsiones maléficas que nos anuncian las organizaciones vinculados a la industria periodística --que quieren poner la venda sobre una herida inexistente-- no tienen ninguna razón objetiva. Ellos sabrán por qué otras razones actúan así.

El departamento encargado de la seguridad nacional asegura que no será su función determinar si hay noticias falsas en los medios de comunicación, sino que trabajarán en detectar las campañas orquestadas por terceros y seguirles la pista. Además, asegura que no se analizarán cuestiones de la política interior sino que se focalizarán en aquello que pueda dañar la seguridad del país.

Sin embargo, contra este proyecto se han desatado respuestas que no responden a nada de lo que no está formulado en la propuesta del Gobierno y, por otro lado, han aprovechado para asegurar como verdades cosas que no lo son y atribuirse capacidades que estas organizaciones no tienen ni nunca se les ha concedido.

Como tantas veces, estas mentiras se amparan en que la mayor parte de la ciudadanía no ha leído lo publicado en el BOE ni, seguramente, lo leerá sino que se desinformará por las versiones interesadas.

El resultado será la organización de debates y de manifiestos sobre lo que no existe; más o menos como se suele hacer en las tertulias televisivas que tantas veces han estado al servicio de las “noticias falsas” o que bajo el falso pretexto de la pluralidad informativa se han mostrado dispuestos a servir de altavoz de las mentiras y han brindado sus espacios a los creadores de ellas, sin siquiera advertir a los televidentes de la catadura de los personajes que invitaban.

En España, desde hace años y como si nada hubiera pasado en los últimos cuarenta años en el mundo de la comunicación se siguen afirmando necedades y manteniendo como verdades de fe conceptos que la ciudadanía mundial de este siglo ya no reconoce.

No importa; ellos seguirán erre que erre creyendo sus propias mentiras.

Los que vienen a hablar de su libro

Esta pseudopolémica surge en un momento en el cual la confianza de la población en la información que le ofrecen los medios, en general, está en su nivel más bajo y cuando esa falta de confianza se ha cebado en los medios más tradicionales. Algo que se ha hecho evidente con el continuado descenso de sus lectores en todo el mundo.

Un varapalo merecido si atendemos a su participación en las campañas de desinformación como ha reconocido el informe 'Ética periodística en la era digital' del International Center for Journalists que, analizando la posverdad se pregunta: ¿tuvo que ver algo el periodismo en este ocaso de la verdad?

Toma como casos de ejemplo la penúltima elección estadounidense que llevó a la presidencia a Donald Trump y el proceso que culminó con el Brexit; en el primero señala: “Las medias verdades o las mentiras se convirtieron en herramientas electorales de uso corriente. Estas mentiras fueron aceptadas por el público elector y encontraron un eco sin crítica en los medios periodísticos impresos y electrónicos. El periodismo se limitó a la reproducción de esas mentiras, las que fuesen, y negó al público la ayuda informativa que se le debía”.

En el caso del Brexit señala que se produjo “el mismo manejo abusivo de la verdad En cada caso una prensa que abandonó su función crítica y que, por tanto, fue manipulable, y contribuyó al imperio de la postverdad”.

Cualquiera de estos análisis son igualmente válidos para nuestra prensa: por lo mismo, uno se pregunta a que viene la “profunda preocupación” que dice sentir la Asociación de Medios de Información (AMI) (la patronal de prensa) por la norma aprobada por el Consejo de Seguridad Nacional.

Según estos editores, “este procedimiento podría suponer en la práctica una vulneración del espíritu del artículo 20 de la Constitución, que establece el 'derecho a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción'.”

A los de la AMI se les ha olvidado agregar que el apartado d) de ese mismo artículo de nuestra Carta Magna señala entre los derechos protegidos el de “comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión. La ley regulará el derecho a la cláusula de conciencia y al secreto profesional en el ejercicio de estas libertades”. Puede que cualquiera de las tres menciones les produzcan urticaria.

Es que ellos nunca entendieron que la libertad de informar viene asociada a la de la ciudadanía a recibir información sea veraz; es decir, que quién la emite pueda demostrar que ha hecho todos los intentos posibles por acercarse a la verdad. Es decir que lo que ellos ridiculizan como “ministerio de la verdad” sería, realmente, de la veracidad.

Además, en un exceso de prepotencia los patronos de la prensa protestan porque “en ningún momento” fueron informados que se estaba preparando este procedimiento; hay que advertirles que sus derechos no son mejores que los del resto de la ciudadanía y que ellos son partícipes del derecho a la información, pero que su propiedad es de la ciudadanía. Ya está bien de tanta insolencia repetida...

Los profesionalistas atacan de nuevo

La conocida como Red de Colegios de Periodistas nos tiene acostumbrados a sus inconsistentes y antojadizas demandas y era de esperar que se sumara al lamento de la patronal con su reproche por “excluir a los profesionales de la información del diseño e implementación de su estrategia contra la desinformación”.

Avanzando en sus delirios sostienen que la disposición gubernamental “nunca debió publicarse sin haber recabado antes la opinión de los profesionales de la información, cuya representación legal corresponde a los Colegios de Periodistas en su condición de corporaciones de Derecho Público”.

Contengamos la risa y vayamos por partes. Casi todos los estudios al respecto señalan la necesaria complicidad de los medios y de muchos de sus profesionales en la labor de desinformar. En el resumen de conclusiones y recomendaciones del Grupo de Alto Nivel (HLG) sobre Pluralismo y Libertad de Medios de Comunicación de la Comisión Europea, los expertos que realizaron el estudio coinciden en que “la mala praxis de algunos periodistas, que recientemente ha salido a la luz, también tiene el potencial de socavar la credibilidad y, como consecuencia, la viabilidad del sector a largo plazo”.

No sé si es recomendable confiar al zorro la seguridad de las gallinas...

Luego viene la cantinela de que son los representantes de los periodistas; habrá que volver a aclarárselo: señores decanos de las reconvertidas asociaciones de la prensa, vosotros no representáis más que a vuestros colegiados; el ejercicio del periodismo es libre y nadie tiene que estar colegiado para recabar y difundir información.

Sé que estáis empeñados en denegar a los ciudadanos españoles su derecho a informar y ungir a los licenciados en periodismo en los únicos con mandato divino para informar pero, de momento y creo que por mucho tiempo, a los que nos dedicamos a trabajar en esto de comunicar --aquí y en toda Europa-- solos nos representan legalmente los sindicatos que son quienes suscriben nuestros convenios laborales y bajo cuyos paraguas nombramos nuestros representantes dentro de las empresas de medios.

Ya está bien de majaderías...

Está claro que podría y debería ser mejor

Entiendo que nos enfrentamos a dos verdades necesarias, la de poner coto al desmadre de la difusión de mentiras como si fuera información y, por otro lado, la lógica cautela de quienes creemos en la libertad de información y a los que siempre nos preocupa que este tipo de iniciativas legales --aunque justificadas-- puedan sujetarnos hasta el ahogamiento si no se aplican con rigor democrático.

Por lo mismo, coincido con las palabras del presidente de la Fape, Nemesio Rodríguez y del secretario general de la FeSP, Agustín Yanel. El primero advierte de que “el principal peligro es que ese comité sea utilizado con fines políticos, dada su dependencia gubernamental", y, de forma paralela, aporta: “La desinformación supone una clara amenaza a los derechos constitucionales a la libertad de expresión y a la información".

Yanel, por su parte, considera que "adoptar medidas contra la desinformación es positivo" y añade que "de momento hay que ser prudentes y esperar a ver cómo se concreta en la práctica el procedimiento de actuación que ha aprobado el Consejo de Seguridad Nacional". Asimismo, destaca que en el plan aprobado "prevé la participación de los medios de comunicación, plataformas digitales, oenegés y el mundo académico como parte esencial para combatir la desinformación" y entiende "que los medios colaboren para erradicar las informaciones falsas, no controlarlos" y para ello ve imprescindible la participación de la sociedad civil en los nuevos organismos.

Creo que en esto último está la clave; las responsabilidades del Estado de proteger a su ciudadanía no son una opción sino una obligación positiva a la que no deben renunciar sin prevaricar. Sin embargo, aunque hubieranse generado polémicas similares, podría haberse creado una autoridad independiente más próxima a los consumidores de información. Es decir, contando con el respaldo de la única y legítima propietaria del derecho a la información: la ciudadanía.

Recordemos lo que señala el Código deontológico del periodismo del Consejo de Europa: “La información constituye un derecho fundamental reconocido como tal por el Convenio europeo de los derechos humanos y las Constituciones democráticas, cuyo sujeto o titular son los ciudadanos, a quienes corresponde el derecho de exigir que la información que se da desde el periodismo se realice con veracidad en las noticias y honestidad en las opiniones sin injerencias exteriores, tanto de los poderes públicos como de los sectores privados”.

Claro, clarísimo...

*Artículo publicado en la revista 'El Observador' de Málaga.

9 nov 2020

L’angle mort d’Alfons Quintà

Josep-Maria Ureta
Ja fa quatre anys que l’article més llegit a aquest blog Paios és el que va fer l’Àngel Casas la vigília de Nadal del 2016. Parlava de l’assassinat de la doctora Victòria Bertrán a mans del seu marit Alfons Quintà Sadurní el 16 de desembre del 2016, qui després és va suïcidar. 

En Casas és molt directe en aquest article. Havia tractat a Quintà des
Alfons Quintà, el dia de la primera emissió de TV-3.
dels anys de Ràdio Barcelona, després va acceptar fer el programa d’entreteniment nocturn a la primera programació de TV-3 i van partir peres ben aviat. Sense embuts diu en Casas que mai va pensar que Quintà fos un assassí en potència, però no estalvia qualificar-lo de “colèric, egocèntric, misogin, dèspota, covard, miserable i venut al millor postor”. En síntesi, “mala persona”. Però tampoc li va costar entendre saber el què havia passat uns dies abans al domicili del Quintà a Les Corts. “No em vaig sorprendre --diu Casas--, però massa tard”. 

De fet, el retret de Casas no és autoinculpatori sinó per la manera de com es va donar la noticia, destacant més els mèrits de Quintà com a un dels impulsors de TV-3 que no pas de ser un assassí. “¿Quin periodisme estem fent?”, conclou l’article que es pot consultar en aquest mateix blog (més de 17.000 visites fins ara, en la comptabilitat digital vigent). 

Poc més tard, vam poder recuperar lleument alguns passatges de la vida adolescent d’en Quintà, desconeguts, gràcies a l’article de Jordi Amat a 'La Vanguardia' del 27 de gener del 2017, poques setmanes després del de l’Àngel Casas. Amat coneixia alguns trets de la personalitat ja complexa del Quintà adolescent, quan acompanyava al seu pare Josep, que feia de xofer de Josep Pla. Titulava el text 'El fill del xofer'. 

Camelot a l’Empordà 

Tres anys després, Jordi Amat ha bastit una molt interessant semblança de l’Alfons Quintà (Figueres, 1943) mantenint el títol d’aquell article, 'El fill del xofer' (Edicions 62), i amb versió castellana: 'El hijo del chófer' (Tusquets). Val a dir que ja l’estiu de l’any passat vàrem tenir algun tast quan es van conèixer les 52 cartes creuades entre Josep Pla i Jaume Vicens Vives, en les que el morbo periodístic ja es va fixar més en com l’adolescent fill del Josep feia xantatge a l’escriptor per pressionar al seu pare, que no li volia donar permís per treure’s el carnet de conduir. En Jordi Amat havia treballat de valent aquelles missives, i més tard Arcadi Espada, l’agost del 19, en va fer un article, amb astúcia interessada, a 'El Mundo'

Jordi Amat, biògraf de Ramon Trias Fargas i de Josep Benet, entre altres treballs de qui cavalca entre la lingüística i la literatura, ha dedicat anys als arxius de Josep Pla. Garbellant entre centenars de documents no es difícil fixar amb una precisió mai coneguda l’entorn de la infància i joventut d’Alfons Quintà. Període vital determinant tant pel seu comportament anys després com per la seva descomunal capacitat de captar com es creen les relacions de poder des de ben jove. 

Amat descriu les activitats polítiques de Josep Pla, a partir dels anys 50 des de Llofriu, com la creació del Camelot de l’escriptor. Jaume Vicens Vives, Josep Benet, Joan Fuster, Carles Sentís, Manuel Ortínez, Armand Caraben, Pere Duran Farell, Estapé, Joan Sardà Dexeus, Manuel Ibáñez Escofet, l’industrial Domingo Valls Taberner, Jaume 'Met' Miravitlles... però també Josep Tarradellas, Manuel Serra i Moret i altres a l’exili. En Josep Quintà era només un xofer --atent i callat a les tertúlies--, aprofitant que era un viatjant del tèxtil de la comarca i tenia un vehicle, a qui sempre li demanaven serveis aquests conspiradors catalanistes i conservadors. 

Angle mort 

Des del primer moment Amat estableix el tortuós camí que conforma la psicologia d’Alfons Quintà en la seva mala experiència familiar. Un pare que fa el salt continuadament a la mare, Lluïsa --que regenta una sabateria a Figueres--, i que quan era petit l’assotava amb el cinturó fins deixar marques permanents de la sivella, descobertes anys a venir per les múltiples amants de l’Alfons. 
Quintà, en una conferència a l'any 2010. (arxiu)

Per poder abordar aquesta personalitat tan complexa, Amat empra arxius, llibres ja publicats sobre temes i persones relacionades i, es dedueix, molts testimonis directes, tot i que a penes se’n fa esment dels noms. No és una biografia sinó més aviat una semblança de Quintà, amb un mètode narratiu que l’autor anomena “prosa [o literatura] de no ficció” y que s’inspira en el mètode d’obres similars com la recerca que ha fet Javier Cercas sobre Enric Marco (el fals deportat als camps nazis) a 'El impostor', el clàssic 'Eichmann  a Jerusalem', d’Hannah Arendt, sobre la banalitat del mal, o el més recent (i recomanadíssim) 'L’ordre del dia' del premiat Éric Vuillard sobre el suport dels grans empresaris alemanys a Adolf Hitler

Un dels primers contractes del jove Quintà, ja instal·lat a Barcelona és de redactor de Enciclopèdia Catalana (on ja va organitzar protestes contra el banquer Jordi Pujol) i és autor de l’entrada “angle mort”. Quintà ho referencia al món militar i descriu que és “l’espai que queda entorn dels tancs que no pot ser batut per armes pròpies”. 

Joventut agitada 

La metàfora de l’angle mort serveix a Amat per, d’una banda, recórrer sovint a la prospecció psicològica d’Alfons Quintà, però més des de la bona literatura, no de la ciència mèdica. Hi ha comportaments reiterats al llarg de la vida del periodista que sempre cal interpretar com inscrits en una part misteriosa de la seva personalitat, amagada i amargada. La mala relació familiar hi és sempre. 

D’altra banda, també hi ha misteris que son un angle mort o si es vol, punt cec referent a la visió de l’ull, una expressió que també es pot trobar a l’anterior i exitós assaig d’Amat del novembre del 2017, La confabulació dels irresponsables, sobre els esdeveniments polítics de l’octubre del mateix any. 

A 'El fill del xofer', hi ha dos angles morts més, sobre fets difícils de desxifrar: la crisi i desaparició de Banca Catalana de principis dels 80 i l’estranya relació de Quintà i Pujol. 

Val a dir que un cop a Barcelona, a finals dels seixanta, el jove Quintà, gràcies a les recomanacions de Sentís o d’Ibáñez Escofet (¡quin xoc d’entramuntanats!) ja és l’esverat compulsiu: es matricula a Econòmiques i ho deixa, llegeix intensament de tot i es fa marxista, intenta entrar al PSUC, estudia i acaba Marina Mercant (l’afició del pare de navegar per Roses), l’enxampen a Portbou amb una maleta de llibres prohibits per la dictadura, el processen i perd la convalidació dels estudis marítims per ser caporal segon de la Marina. El degraden. 

Becari enrabiat 

També els qui el van tractar aquells finals del 60 i principis dels 70 han fet saber de les inquietants actituds de tracte del Quintà, ja malcarat i profundament misogin, a la vegada que amb una desconcertant capacitat de fer la guitza o de fer el llepa segons li convé en cada moment. Sempre ajudat pels amics del pare al Camelot de Llofriu, a l’hora que els menyspreava. Ibáñez Escofet li va donar feina de becari al 'Tele/eXprés', fins que el va despatxar i Sentís, quan era director de Ràdio Barcelona (cadena Ser), li va crear el programa 'Dietari', on Quintà va saber explotar com ningú l’ambient dit aperturista del final del règim franquista i teixir una bona xarxa de relacions polítiques a Barcelona i Madrid. En aquest darrer cas, van ser José Antonio Novais (corresponsal de 'Le Monde') i el jove Juan Luis Cebrián els qui li van facilitar l’accés a la revista 'Guadiana'. També escriu a 'Presència'. A partir d’aquest punt, Jordi Amat ja utilitza els testimonis i, sobre tot, l’anàlisi dels textos del Quintà. 

Pujada 

En termes de Narcís Oller, aquí comença la pujada d’Alfons Quintà al món del periodisme, i la part d’èxit no trigaria a arribar quan el 1976 neix 'El País' i entre Sentís i Trias Fargas fan que el nomenin corresponsal a Barcelona. Però en termes del jesuïta del segle XVI Gaspar Astete, el més conegut divulgador moralista catòlic, dels set vicis (pecats) que descriu com “apetitos desordenados” (supèrbia, avarícia, luxúria, ira, gola, enveja i peresa) el nou periodista Quintà els té tots, amb dubtes sobre la peresa, impròpia d’un esverat, tot i que l’Astete la defineix com “un caimiento de ánimo en el bien obrar”. 

El diari de referència de tota l’oposició és 'El País' i de seguida destaca el corresponsal a Barcelona per ser el millor informat del món catalanista i més capacitat de donar exclusives que marquen les agendes. Admirable i meritori, segons Jordi Amat, qui tanmateix no s’està d’avisar que la prosa de Quintà és “descuidada, frenètica, cocainòmana...”. I reapareix l’angle mort de les fixacions obsessives del periodista, d’una banda, i de l’altre la relació amable/despietada amb dos personatges que en els seus escrits aconsegueix enfrontar: Pujol i Tarradellas

Èxit 

Quintà ja és a l’etapa d’èxit, seguint a Narcís Oller. Tan poderós com desordenat en la vida personal. Golafre insuportable i desagradablement lasciu. I res d’integritat: ja havia aconseguit un pis de La Caixa al barri de Les Corts (el mateix on va assassinar la seva dona) pressionant al llavors president de La Caixa, Narcís de Carreras, via Camelot. Però quan en Carreras no nomena substitut Manuel Ortínez (una de les principals fonts d’en Quintà) el fot a parir sense miraments. També es matricula de dret i negocia aprovats a canvi d’articles a 'El País', menys en un cas en què la professora l’enxampa copiant i ell li dedica un breu al diari amb falsa denúncia. 

Més temut que respectat, quan Quintà s’adona que no dirigirà el suplement de 'El País' a Catalunya, perquè en Cebrián n’estava tip, qui ja era una vedet de la transició i li convenia l’estabilitat que el poder polític madrileny havia decidit que encarnés Jordi Pujol, decideix canviar de bàndol sense escrúpols. 

El mite dels papers de Catalana 

Es prou sabut que des de pocs dies després de que Pujol és president de la Generalitat, l’abril del 1980, Quintà publica un article sobre la mala salut de Banca Catalana. Té informació molt fiable, que Amat no esmenta de qui. Anys més tard, el mateix Quintà va revelar a un redactor en cap de TV-3 que la principal font era Adolfo Suárez. Un avís a Pujol en l’ambient polític tens a pocs mesos del 23-F. 

Quan Antonio Franco ja té perfilat com serà l’edició catalana de 'El País' i Quintà rebutja totes les ofertes professionals de l’empresa editora perquè prefereix els calers (també és compulsiu en la fal·lera de gastar), durant la primavera del 82, Pujol truca en Quintà. L’expresident és una altra potència en les relacions de poder i personals. Ja havia intentat seduir i comptar amb el suport de Quintà per aconseguir que l’herència de Dalí es quedés a Catalunya. 

Pujol vol neutralitzar Quintà i coneix les misèries del personatge. De
la relació escriu Amat: “Son els negocis del poder, que té els seus codis de relació”. 

Amat, que no es planteja el llibre com una investigació periodística sinó una semblança del personatge i els seus temps, també afronta el gran misteri: ¿tenia en Quintà papers sobre Banca Catalana que fessin tremolar a Pujol? I atenció a la conclusió: “Quintà viurà d’aquesta llegenda, aquest serà el seu mite”. O sigui, conclou que anava de catxa, o de 'farol', com es diu col·loquialment. Els qui aquells anys i posteriorment han fet molta informació econòmica podrien confirmar-ho: ja s’ha publicat tant, de vegades impedit que es publiqui, i hi ha hagut recerques documentades (i filtrades) del Banc de Espanya i fins i tot de dos fiscals gens sospitosos, que és dubtós que hi hagi angle mort. En tot cas, no el tenia en Quintà, atès també el seu perfil venjatiu. 

Una televisió trencadora 

És Lluis Prenafeta, desdoblant-se del seu objectiu de vigilància de tota mena sobre el 'cas Catalana', qui tutela en Quintà i li dona suport total (¿excessiu en els diners descontrolats?) per fer una televisió que no sigui un calc de RTVE, com ja havia passat en altres competències traspassades, que reproduïen ministeris i els seus vicis i prou. I no seria la televisió antropològica i folklòrica que somniava el centralisme, indistint si es conservador o progressista. 

Amat torna a dedicar elogis al resultat dels primers mesos de TV-3, sense sardanes ni receptes d’escudella. La llengua només per comunicar-se amb el món. I precisa: “El problema no és ideològic. això és secundari. És la conducta i la progressiva instauració d’un règim de terror”. 

[Aquí haig de fer un parèntesi personal, com a membre del primer equip de redactors en cap dels informatius de TV-3, en el meu cas d’Economia. Totes les descripcions d’aquest “règim de terror” que descriu Amat son certes i encertades. No cal afegir-ne més.] 

Estimbada 

TV-3 va ser molt més del que s’esperava, només una mena de Miramar II, dit sigui amb respecte i admiració pels que hi eren llavors i hi son ara. Mèrit del Quintà i prou? No. Hi havia molta gent vàlida. El problema era un altre, el Quintà psicòtic ja era incontrolable: volia ser director general de la Corporació, li va exigir a Pujol (¿que no el coneixia?) i aquest el va liquidar, salvant el projecte que el Quintà va intentar esbotzar a lo Samsó. La guitza. 

Prèviament, el llepa Quintà es va lluir redactant en persona els textos sobre els bons patricis catalans que eren els fundadors de Banca Catalana, represaliats pel poder central després del gran triomf de Convergència Democràtica en les eleccions de l’abril, i promovent la manifestació de desgreuge de Jordi Pujol en sortir del parlament acabat d’investir. 

Aquí comença la decadència física, psíquica i professional de Quintà. L’estimbada d’Oller a 'La febre d’or'. Amb revifades posteriors com crear amb Prenafeta, Carles Vilarrubí i Manuel Prado y Colón de Carvajal el diari catalanista en castellà 'El Observador', amb la intenció primer de confrontar amb 'El País' a Catalunya i després atacar, i perdre, a 'La Vanguardia'. 

Desenllaç 

Jordi Amat té una elegant discreció final per parlar de la doctora Victòria Bertrán i el seu tràgic final. I en acabar, no es pot estar de dir que el llibre que ha fet li ha costat “escriure aquesta narració desagradable i apaivagadora”, lamenta el dolor que causa llegir-lo però creu que escriure’l era “moralment discutible però socialment necessari”. 

I afegeixo que reparador pels qui van patir al personatge. Tot i que massa tard, com diu l’Àngel Casas.