Carmen Umbón
Lo admita o no, Donald Trump vive las horas más bajas de sus dos presidencias. Estados Unidos se prepara para celebrar el 3 de noviembre elecciones de medio mandato, para renovar las dos cámaras, en un clima de gran expectación. Las encuestas cada vez son más desfavorables para el Partido Republicano y, por extensión, para su líder, aunque lo que se renueva son todos los escaños de la Cámara de Representantes, 435, y un tercio de los 100 del Senado. Formalmente los comicios se llevarán a cabo en esa fecha, pero el voto por correo ya ha comenzado a emitirse hace días en paralelo a las maniobras republicanas para conseguir mantenerse como líderes en las dos Cámaras, mientras las encuestas anuncian un más que probable castigo a Trump.
En la Cámara de Representantes los demócratas necesitan ganar al
menos tres escaños para hacerse con el control, mientras que en el Senado necesitan cuatro senadores para pasar de 47 a 51. En caso de empate a 50, es el presidente de ese organismo quien decide, que es el vicepresidente J. D. Vance.
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| Donald Trump y Zohran Mamdani, en el Despacho Oval. |
Según las encuestas, el coste de la vida, la errática marcha de la economía, que solo favorece a los más ricos, el aumento de los precios de la gasolina y, en un plano mucho más alejado, la guerra en Irán, son los temas que más preocupan a los votantes. Esto convierte estos comicios en un referéndum sobre el presidente, cuyos índices de popularidad se encuentran en los niveles más bajos de su mandato. En torno al 37%.
De momento, el Partido Republicano va claramente por detrás del Demócrata en los sondeos, con una diferencia del 8,5%. Y más allá de un cierto desgaste de poder frecuente en estas elecciones, los resultados se interpretan mas como una crítica a la gestión de Trump que como un augurio para las presidenciales de dentro de dos años.
A pocos días de la cita con las urnas, las encuestas reflejan que Trump y los desastrosos resultados de su presidencia están haciendo mella en una parte importante de sus electores. En cualquier caso, Trump tiene garantizados los votos de los estamentos de alto nivel económico y los de la comunidad judía radical, partidaria del apoyo que se otorga a Israel. Los desencantados parecen ser los sectores de clase media conservadora de la América profunda que creyeron en su mensaje de “Make America great again” y ahora ven que el precio de la gasolina está por las nubes.
De momento, el presidente esta empeñado en conseguir que la aritmética electoral cuadre y arroje resultados más favorables que los que arrojan las encuestas. Según 'The New York Times', Trump ha tomado decenas de medidas para condicionar las elecciones, en un intento de “tomar el control” del proceso, una forma elegante y poco comprometida de decir que está sentando las bases de un pucherazo. Incluso ha lanzado insinuaciones nada sutiles sobre la conveniencia de cancelar estas elecciones. Pero en realidad, según el diario, “su objetivo es mantenerlas”, porque la verdadera maniobra autoritaria “es el acto de subversión electoral en sí mismo”. No busca suspenderlas, pretende mantenerlas “sin permitir que se produzcan cambios que minen su autoridad”. Algunos observadores señalan que es su propia arrogancia la que le impide ver la realidad y asumir el deterioro de su imagen.
Modificación de distritos
La práctica de modificar las áreas de los distritos electorales no es nueva para Trump. Ya la utilizó con éxito en las legislativas de hace dos años, que coincidieron con las elecciones presidenciales. En esta ocasión, el nuevo mapa electoral en EEUU señala que 34,8 millones de personas han cambiado de distrito sin cambiarse de casa ¿Qué significa eso?
Es como hacer encaje de bolillos. En esencia se trata de remodelar los territorios electorales mezclando zonas de voto negativo con otras de influencia favorable, cuya suma neutralice la pérdida del representante de turno. Los cambios los efectúan los congresos de los estados en los que los republicanos son mayoría.
Para evitar que esos cambios se plasmen es necesario que las reclamaciones lleguen a los tribunales a tiempo y se resuelvan rápidamente. Al final, además, está el Tribunal Supremo, con seis miembros designados por presidentes republicanos y sólo tres por demócratas. El fallo del Tribunal Supremo del pasado abril apoyó las normas electorales impulsadas por Trump y limitó los derechos de las minorías.
Estas manipulaciones coyunturales se suman al problema estructural que comporta la fórmula con la que se conforma el Senado. Cada estado elige dos senadores independientemente de su población. Los ejemplos extremos son California, con 40 millones de habitantes, y Wyoming, con poco más de medio millón, pero ambos tienen los mismos senadores: dos.
Está distorsión es grave porque el Senado tiene potestad para corregir decisiones aprobadas por la Cámara de Representantes, de representación más proporcional, aunque en ella el partido rival tenga mayoría.
Una distorsión parecida se da también en el sistema español, donde Madrid o Barcelona tiene los mismos cuatro senadores que Soria o Cuenca. La diferencia está en que el Congreso de los Diputados, más proporcional, tiene la última palabra en todas las leyes y casi todas las decisiones.
Pero, pese a todas las trampas y disfunciones, el Partido Demócrata no lo tiene todo perdido. Parecía imposible que apenas un año antes del 25º aniversario del atentado contra las torres gemelas de Nueva York, que causaron 2.996 muertos y unos 25.000 heridos, la ciudad de los rascacielos eligiera a un alcalde de religión islámica.
La ciudad de Mamdani "sigue en pie"
Zohran Mamdani ganó holgadamente las elecciones pese a la propaganda difamatoria al uso que identifica a los terroristas con quienes practican la fe musulmana y el poco apoyo que recibió del aparato demócrata.
Aunque los sectores demócratas más conservadores aún no se hayan repuesto de aquella sorpresa, contra todos los pronósticos, la ciudad sigue en pie un año después, progresa adecuadamente y la popularidad del joven síndico se consolida gracias a un trabajo bien hecho. Así lo ratifican las encuestas, que actualmente le conceden unos índices de aceptación entre el 57 y el 69 por ciento. Y eso en una ciudad donde residen más de 900.000 judíos de los que, según reveló la CNN en su momento, el 33% votó por él.
Por cierto, el triunfo de Mamdani en Nueva York le debe algo —tal vez bastante— a Morris Katz, un neoyorquino de 26 años que ha saltado a la palestra por sorpresa y ha entrado en el mundo de la política por la puerta trasera. Guionista frustrado, ha obtenido dos triunfos muy importantes en apenas un año como gestor de campañas políticas: la del alcalde de Nueva York y la del partido Die Linke, la izquierda alternativa en Alemania, que acaba de lograr un inesperado éxito en Berlín.
Mientras, el sector conservador del Partido Demócrata no sabe cómo
gestionar las transformaciones que la organización y la propia sociedad están experimentando. La corriente que se identifica como socialista ha dejado de ser minoritaria y está ahora en plena expansión. La visibilidad y popularidad de los dos grandes líderes, Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez, se ha reforzado desde la elección de Mamdani como alcalde, y las personas que logran situarse en su dirección pertenecen a grupos sociales hace poco inexistentes o tan escasos que eran casi invisibles.
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| Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez (archivo). |
Tanto el perfil del votante como el del político que se expone a ser votado era inimaginable hace unos pocos años, como el propio Mamdani que ha logrado desplazar al tradicional sector moderado de la organización. Y es que la dirección del Partido Demócrata parece no haber tenido en cuenta los cambios étnicos, religiosos, culturales y sociales que se han producido en el país en los últimos años, y por expansión lógica en el electorado. Se podría decir que EEUU cada vez se parece menos a lo que era.
Nuevas generaciones
Abdul El-Sayed, de 42 años, médico epidemiólogo, de origen egipcio y también de religión musulmana, ganó en agosto pasado las elecciones primarias y disputará un escaño por Míchigan en el Senado al republicano Mike Rogers. Hasta aquí todo normal. Lo sorprendente es que, contra todo pronóstico, en las primarias El Sayed derrotó a su rival, la congresista demócrata Haley Stevens, proisraelí, que contaba con el apoyo de los pesos pesados del partido y acumula en su currículum mucha más experiencia. Lo mismo que pasó en Nueva York con el apoyo oficial a Mamdani.
Es cierto que el resultado final fue muy justo, a menos de 15.000 votos de Stevens, pero es un indicio muy importante porque Míchigan es un “estado bisagra” del Medio Oeste en el que en las grandes elecciones (presidenciales, Congreso y Senado) puede inclinar la balanza a uno u otro lado de manera poco previsible para los encuestadores.
Congresistas musulmanas
Rashida H. Tlaib, de origen palestino, nacida en Detroit en 1976,
abogada de profesión, congresista, e Ilhan Omar, nacida en Mogadiscio (Somalia) en 1982, y también congresista, tienen el honor de haber sido las primeras mujeres musulmanas elegidas para la Cámara de Representantes. En estos momentos Ilhan Omar está sometida a una campaña de descrédito muy confusa, a la que contribuye el propio Trump. Se le acusa de tener o de haber tenido en algún momento dos maridos, uno de ellos su propio hermano, con la finalidad de conseguir la ciudadanía estadounidense. Y lógicamente si la llegaran a condenar perdería su escaño.
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| Ilhan Omar, congresista demócrata. |
En las elecciones de 2020 Tlaib fue reelegida sin dificultad como congresista demócrata por Míchigan, pero ahora, en la confrontación interna de su partido ha sido desplazada por El-Sayed, no sabemos si por méritos propios del doctor o por temor a que tal vez el conflicto por su nacionalidad acabe en condena. En cualquier caso, con 50 años parece evidente que le queda mucha carrera política por delante.
El Estado del motor
En Míchigan, llamado el “Estado del motor”, hay razones que explican algunos de los cambios de perfil político entre los demócratas. En 2023, Dearborn se convirtió en la primera ciudad de mayoría árabe y musulmana de EEUU. Está situada en la periferia de Detroit y técnicamente es un suburbio de esa ciudad emblemática, sinónimo de la fabricación de los automóviles de la Ford Motor Company. Hoy cuenta con una hermosa mezquita, la más grande EEUU.
Letreros en árabe e inglés aparecen en las calles importantes de Dearborn, y las tiendas y los restaurantes se parecen más al Beirut del siglo pasado que al EEUU de hoy.
Dicen las malas lenguas que el radical antisemitismo de Henry Ford, patriarca de la compañía que lleva su nombre, y su conocida aversión hacia la gente de color, le llevó a facilitar a principios del siglo XX la entrada a EEUU de numerosos emigrantes de Oriente Próximo para trabajar en su imperio automovilístico. Algunos eran cristianos, pero no todos, y al parecer Ford pasó por alto a los de religión musulmana que venían en el mismo “paquete”, sin tener en cuenta que a medio plazo podrían modificar el perfil de la sociedad que él estaba ayudando a crear. En cualquier caso, hoy el estado de Míchigan tiene una población musulmana estimada entre 240.000 y 250.000 personas sobre una cifra total de poco más de 10 millones de habitantes. Y pese a que en conjunto el número no es muy alto, la presencia social de ese colectivo se hace notar.
Además, los nuevos líderes se auto definen socialistas, adjetivo que espanta a buena parte de la sociedad norteamericana, y ondean la bandera palestina en todos los actos públicos.
Por edad, Bernie Sanders, profesor de prestigio y judío no sionista, se ha convertido en el patriarca de la izquierda. Fue muy emocionante su presencia en la ceremonia de toma de posesión de Mamdani como alcalde, cuando juró el cargo sobre dos ejemplares del Corán (uno era el de su padre) ante su colega judío. Aunque admirado y respetado en su franja ideológica, Sanders ya no parece tener posibilidades de competir en unas presidenciales, pero Ocasio-Cortez sí, y tiene un perfil muy interesante. Es una “chica” del Bronx en todos lo sentidos. De origen puertorriqueño y clase media, su padre era arquitecto pero murió joven, lo que generó serios problemas económicos a la viuda y a sus hijos. Alexandria es la candidata más popular y prometedora de toda la izquierda. Irrumpió con fuerza en el escenario político nacional al ganar las elecciones primarias del Partido Demócrata para el 14.º distrito congresual de Nueva York. En 2018, en las primarias demócratas para elegir candidato a las elecciones intermedias de la Cámara de Representantes, Ocasio-Cortez derrotó al presidente del grupo, Joe Crowley, que llevaba 10 mandatos en el cargo. Fue la gran sorpresa de aquellas primarias. Ganó fácilmente las elecciones generales de noviembre derrotando al republicano Anthony Pappas, y fue reelegida en 2020, 2022 y 2024. Y ahora, como claro indicio de cuáles son sus intenciones políticas inmediatas, ha congelado sus óvulos para poder disponer de ellos dentro de un tiempo. Su edad, 36 años.
La clave ahora es saber si el Partido Demócrata será capaz de asumir los cambios que se están produciendo en el país, en su propia organización y en el electorado y tomar de nuevo las riendas de cara al futuro. Para las presidenciales aún quedan tres años.
Malos augurios en el bastión republicano
Mientras, en el bando contrario, las cosas no marchan bien, ni siquiera en estados republicanos considerados hasta ahora inexpugnables, como Texas. Hay claros indicios de que lo pueden perder, y muchos observadores creen que un fracaso en ese estado sería el principio del fin. Alaska, Iowa, Maine y Ohio son los otros estados en los que el liderazgo republicano también está en peligro.
En Texas el candidato demócrata es James Talarico, de 37 años, profesor y pastor presbiteriano, que se define a sí mismo como “cristiano profundamente religioso que se guía por las enseñanzas de la justicia social”. Su discurso se dirige a los votantes rurales moderados que el Partido Demócrata había perdido, con un lenguaje inusual y una puesta en escena totalmente novedosa: da mítines desde una furgoneta y habla como la gente de su edad. Su apuesta es superar la división entre izquierda y derecha “por un eje de arriba contra abajo”, es decir, de ricos frente a pobres.
El futuro del puesto de Texas en el Senado ha despertado gran expectación. Todo el mundo tiene gran curiosidad por conocer el nivel de apoyo que recibirá el candidato republicano, Warren Kenneth Paxton Jr. —amigo personal de Trump— desacreditado y acorralado por numerosos escándalos En este caso una derrota significaría no solo perder el escaño sino la primera elección estatal en Texas desde 1994.




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