Carmen Umbón
Fue un gran periódico. A partir de los años 70, en el imaginario colectivo de la profesión siempre estuvo presente como un modelo con el que soñar, aunque en España fuera imposible trabajar en un diario como aquel. Ahora ha despedido a unos 300 empleados, un tercio del total de su plantilla, y no se descarta su completa desaparición.
Después del Watergate ¿Quién de nosotros no fantaseó con emular a Carl Bernstein o a Bob Woodward? ¿Quién no deseó tener al legendario Ben Bradlee como director (1968-1991)? ¿Poder explicar sin cortapisas el día a día de una época? ¿Tener a Katharine Graham de propietaria del medio? ¿Quién no deseó investigar casos de gran transcendencia política y social como los que les tocaron a ellos?
Porque Bradlee no sólo se enfrentó al Watergate, también tuvo que
lidiar con otros temas destacados, como los 'papeles del Pentágono', que desvelaron las mentiras de varios presidentes de EEUU sobre la guerra de Vietnam… O la viuda Graham, que merece para ella sola un capítulo propio en la historia del periodismo…
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| Katharine Graham y Jeff Bezos (archivo). |
Y sí. Llegar a reporteros de élite desde la nada, como les ocurrió a Woodward y a Bernstein, era imposible por aquí. Vivíamos y trabajábamos en otra galaxia.
Cuando Nixon se vio obligado a dimitir el 8 de agosto de 1974 como consecuencia del desarrollo informativo del Watergate, Franco seguía vivo. El dictador murió un año después rodeado del respeto de sus seguidores, mientras los no adictos al régimen esperábamos con inquietud una transición que nos colocara por fin en el ansiado grupo de países europeos.
Cincuenta años después de aquellos hechos, 'The Washinton Post', todavía es uno de los tres periódicos icónicos de Estados Unidos --junto con 'The Wall Street Journal' y 'The New York Times'-- pero se asoma peligrosamente al abismo, aunque haga ya algunos años que dejó de ser lo que era.
El principio del fin
El declive comenzó a principios del siglo XXI. El diario, pese a su prestigio, no pudo eludir el cambio de los tiempos y de la tecnología y se vio directamente afectado. Según datos de marzo de 2013, su distribución diaria era de 474.767 ejemplares y de 838.014 los domingos, lo que le permitía seguir en el grupo de cabeza de los grandes rotativos estadounidenses, aunque fuera en el octavo lugar, detrás del 'Wall Street Journal', 'New York Times', 'USA Today, 'Los Angeles Times', 'San Jose Mercury News', 'Daily News' y 'New York Post'.
Pero en realidad, 'The Washington Post' nunca tuvo vocación de llegar a todo el territorio de EEUU. Se veía a sí mismo como un gran periódico regional destinado especialmente a la costa Este, cuyo territorio tenía el privilegio de albergar la Casa Blanca, el Congreso y el Senado, y por tanto muchas de las noticias que se generaban en su zona interesaban en toda la Unión. Incluso en todo el mundo. En 2022 su circulación había bajado ya a 139.232 ejemplares, pero pese a que su tirada ha seguido disminuyendo desde entonces, ha conservado una de las tasas de penetración de mercado más altas de todos los diarios metropolitanos. En cualquier caso, la debacle ya fue imparable desde agosto de 2013, cuando el diario anunció su venta a Jeff Bezos —el fundador de Amazon— por 250 millones de dólares. Y así fue como después de cinco generaciones la familia Graham dejó de estar al frente del periódico.
A finales de septiembre de 2013, Bezos ya había hecho una declaración de intenciones. Señaló que lo que quería era cambiar el posicionamiento del Post hacia un periódico con enfoque más digital, con lectores nacionales y globales, sin mencionar explícitamente la independencia ideológica. A partir de ahí el desplome fue imparable.
El periódico ha dejado de ser lo que era, dentro y fuera de EEUU: un referente de imparcialidad y buen hacer informativo. Si el propósito de Bezos era cargarse el diario lo ha conseguido. Si por el contrario sólo pretendía acabar con el pretendido sesgo “de izquierdas” que los sectores más conservadores le atribuían, pero manteniendo parte de su prestigio y su capacidad de generar ingresos, ha errado del todo. Todos los indicios llevan según los observadores al cierre definitivo y a la creación de un nuevo producto que nada tenga que ver con el anterior.
Bezos asegura que los masivos despidos y la radical reestructuración pretenden precisamente evitar la quiebra definitiva del diario, pero los periodistas no están de acuerdo: "Bezos no intenta salvar a 'The Washington Post', intenta sobrevivir a Donald Trump”, señala Glenn Kessler, exverificador de datos. Y la mayoría de exempleados dicen que la relación entre el dueño de Amazon y el presidente Trump no es buena, aunque ambos se esfuerzan en mantener un acercamiento pragmático porque se necesitan.
La relación entre Bezos y Trump durante el primer mandato (2017-2021) estuvo llena de tensiones y no fueron ajenas a ellas algunas coberturas del Post. Pero tras el regreso de Trump a la Casa Blanca, Bezos ha adoptado un tono más conciliador, porque tanto Amazon (comercio electrónico) como Blue Origin (espacio) necesitan trabajar con el Gobierno. Pero parece ser que las medidas arancelarias y las tensiones políticas han afectado más a la valoración de las empresas de Bezos, con fluctuaciones en su fortuna y sobre todo presiones sobre el periódico, que a la inversa. Podría decirse que Trump, al menos por ahora, ha ganado este pulso.
Las secciones más afectadas por las restricciones del diario son local, deportes, literatura y una drástica reducción de la cobertura internacional, además de la cancelación de un podcast diario. Sin embargo, en la opinión de Matt Murray, director ejecutivo, “esta reestructuración ayudará a asegurar nuestro futuro al servicio de nuestra misión periodística y nos brindará estabilidad en el futuro”.
Muchos empleados no han esperado a ser despedidos: “Me voy con un montón de los mejores periodistas del sector”, escribió en X Caroline O'Donovan, reportera especializada en Amazon. “Estoy entre los cientos de personas que el Post ha despedido. Esto ocurre seis meses después de escuchar en una reunión nacional que la cobertura racial impulsa las suscripciones. No ha sido una decisión financiera, sino ideológica”, declara el reportero especialista en raza y etnicidad, Emmanuel Felton.
Un poco de historia
Fundado en 1877 por Stilson Hutchins, tres años más tarde se convirtió en el primer periódico de publicación diaria en Washington D. C. En 1905, Washington McLean y su hijo John Roll McLean, dueños de The Cincinnati Enquirer, adquirieron el control del diario. Años después, John McLean desconfiaba de su hijo y heredero Edward (Ned) McLean, con perfil de playboy, del uso indebido que podría hacer en el futuro de la herencia, por lo que a su muerte en 1916 el Post fue depositado en un fideicomiso. Pero Ned McLean llevó el caso a los tribunales, ganó, y consiguió además que los temores de su padre se cumplieran. El diario finalmente quedó en la ruina. En 1933 en una subasta de propiedades en bancarrota fue comprado por Eugene Meyer, miembro de la junta de gobernadores de la Reserva Federal, quien logró levantar de nuevo el periódico. En 1946 nombró a su yerno Philip L. Graham, editor del diario.
En los años que siguieron, el periódico logró imponerse a la competencia. En 1954 compró el matutino 'Washington Times Herald', su único rival. Tras el suicidio de Graham en 1963 el periódico pasó a manos de su viuda, Katharine, hija de Meyer, quien demostró una capacidad extraordinaria para desempeñar el cargo. Bajo su liderazgo el periódico se consolidó como uno de los mejores del mundo y cosechó los premios y galardones más prestigiosos. Y esta brillante historia está a punto de acabar de forma ominosa por el simple capricho de dos hombres ególatras que quieren medirse.

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