El quadern dels periodistes apocalíptics, integrats, optimistes i/o solidaris

EL QUADERN DELS PERIODISTES APOCALÍPTICS, INTEGRATS, OPTIMISTES I/O SOLIDARIS

11 abr 2026

Pagar por leer: el reto de la prensa para sobrevivir

Gabriel Jaraba
Los cambios en el consumo de la información están obligando a las empresas periodísticas a explorar nuevas formas de negocio que han de transformar tanto el producto como su relación con el público. No es la primera vez que pasa: hasta que no se consolidó el medio de comunicación como soporte publicitario rentable y útil, la información no se convirtió en el enorme fenómeno social del siglo XX, junto al cine y la música grabada. Pero al mundo de la información no le gusta verse unido al de la publicidad, como si fuesen dos gemelos pegados por la espalda, y se empeña en ignorar que el destino de ambos los vincula más de lo que parece.

La inserción publicitaria en un medio es, de hecho, una anomalía
comercial. En los mercados la gente paga por algo que tiene interés en consumir o utilizar. La oferta y la demanda se basan, pues, en el interés que despierta el producto. Este interés, como bien saben los publicitarios, se puede suscitar, incrementar, y si es necesario, crear de manera más o menos artificiosa. Pero nadie “compra” anuncios, no se paga directamente por la publicidad, por más que los mensajes que esta vehicule interesen; y de hecho, interesan mucho.

La publicidad siempre es vehiculada por algún otro motivo, por el cual sí que se paga. Es el contenido, informativo o de entretenimiento, del medio de comunicación lo que vehicula el interés y la motivación del público que lo consume, provocando que se fije la atención en él, a lo que se añade luego el desplazamiento de la atención al mensaje publicitario vehiculado. Una valla publicitaria de carretera no tiene otro valor comunicativo que el potencial de servir de soporte a un contenido. Los medios, en cambio, venden la atención que suscitan sus contenidos, que se convierte en comercializable cuando finalmente ha sido desplazada hacia la publicidad vehiculada.

Si no entendemos esto, no entenderemos la crisis del negocio informativo. Lo que está pasando es que la publicidad abandona los medios informativos para buscar medios que hagan de manera más eficiente su papel de mediador de la publicidad: abandonan el producto hasta ahora motivador de la atención, que queda entregado a su capacidad de crear interés por sí solo. Queda al descubierto la catástrofe: el abandono de la publicidad hace inviable el medio que no es capaz de financiarse autónomamente como producto; no se paga la cantidad necesaria para que se mantenga y hace falta la aportación complementaria de la publicidad. Y este abandono es consecuencia de la pérdida de interés del medio por el público, sea esta pérdida producto del propio contenido, del formato o de circunstancias debidas a terceras causas.

La cadena de producción de valor comunicativo


Así queda fortalecido el valor del contenido del medio de comunicación en el tejido oferta-demanda: el contenido del medio y el formato que lo expresa son el elemento primario del proceso de atracción de la atención en la cadena de producción de valor comunicativo. Y de esta manera podemos volver a poner las cosas en su sitio en vez de perdernos en disquisiciones.

¿Y el atractivo de las marcas, los anuncios, por sí mismos? Las marcas tienen un prestigio, pero no explican una historia. Para que haya verdadera comunicación a partir del contenido es necesario que este hecho de comunicación explique una historia. Por eso se hacen spots en la televisión y se connotan valores con las marcas asociándolas a eslóganes. El complejo de significados y valores que implica la marca más popular y prestigiosa del mundo, Coca-Cola, necesita ser explicado, pero sólo puede serlo mediante un “hype” ultraabstracto: “The real thing” (que no es lo mismo, ni de lejos, que “la chispa de la vida”).

Los medios de comunicación comunican historias, y si no es así no se suscita la intensidad necesaria para que la cadena de valor del contenido del medio de comunicación entre en funcionamiento.

La primacía del contenido informativo sobre el publicitario no es debido, pues, a las razones que se han formulado desde el elitismo o el gremialismo; se explica estrictamente en términos comunicacionales. Pero no sólo es importante el primer movimiento de la cadena de valor del contenido: es necesario que se produzca el último, que es pagar por este contenido. Sin el pago final, la cadena no es operativa porque se frustra. Es duro, pero real: en comunicación aquello por lo cual no se paga no vale nada. Lo ha demostrado el fracaso de los diarios gratuitos (con matices importantes) y lo está demostrando Internet. Siempre hay un pago a cambio, sea directamente en dinero o bien indirectamente, en atención, enfocada hacia una cosa por la cual alguien ha pagado.

No hay medios gratuitos, de un modo o de otro se han de pagar, incluso cuando sus gestores asumen la insuficiencia y la cargan al déficit aceptado o a la aportación de esfuerzo humano en horas de trabajo o deficiencia en el cobro del trabajo. En los inicios de la web 2.0, la utopía del desarrollo de internet generó una cultura de red que confiaba en un intercambio igualitario y gratuito como expresión del potencial democratizador de las redes y la aproximación de la información a los intereses de los lectores (el llamado periodismo ciudadano). Hoy, quienes un día optamos decididamente por la utopía ilustrada de Internet y lo seguimos haciendo hemos de reconocer que la información de calidad y realizada de manera profesional, imprescindible para la comunicación democratizadora, ha de hallar nuevas formes de financiación pero no prescindir de ella.

La información no sólo cuesta dinero, sino que no es barata de producir. Y vemos que las empresas intentan inventar contenidos que susciten interés como los informativos, pero se lo montan rehuyendo la inversión de esfuerzo, ingenio y dinero que la información de calidad implica. Mientras tanto, unos ofrecen pseudoinformaciones baratas y otros establecen muros de pago. Pocos parecen ser consecuentes con la realidad: la información es cara si queremos que merezca el interés y la atención del público.

No es un problema de tecnología, sino mucho más sencillo: pagar por leer sólo se justifica cuando el cliente decide que vale la pena. Exactamente la misma situación que los diarios vivieron, hace unas cuantas décadas, cuando hubieron de pasar de la prensa de avisos útiles, folletines populares y curiosidades diversas al periodismo moderno constituido por informaciones sólidas y comprobadas, contenidos sociopolíticos de referencia y reporterismo ambicioso.

6 abr 2026

País petit i sempre les mateixes cares

Maria Favà Compta
A començaments del passat març el govern de Catalunya va voler commemorar els cinquanta anys de les Jornades Catalanes de la Dona que es van celebrar al Paranimf de la Universitat de Barcelona el maig del 1976. Es va fer un acte al Saló de Sant Jordi i es va convidar la taula dues periodistes, bones professionals i que podríem qualificar de mediàtiques, però que no van viure aquelles jornades. L’Olga Viza no hi era perquè el 1976 encara no havia començat a treballar. La Rosa Maria Calaf sí que treballava però a TVE a Madrid. Totes dues van reconèixer en els seus parlaments que no havien fet informació d’aquelles jornades i es van limitar a explicar batalletes personals que és el que fem els periodistes per sortir del pas.

Això d’explicar la història en primera persona ho ha descrit en
Capmany llegeix el manifest inaugural de les
Jornades Catalanes de la Dona a la
Universitat de Barcelona, al maig del 1976.
(Foto: Pilar Aymerich)

Jaume Fabre en un encertat i divertit article que ha sortit publicat en el darrer número de la revista 'Capçalera'. “L’anàlisi d’un miler d’articles d’opinió de diaris conclou que en un 30% dels casos l’autor parla més d’ell que no pas dels fets noticiables”, diu el subtítol de l’article. (La llàstima és que aquesta revista, ben editada i amb bon paper, és de consum intern de la professió). Un fet que fa molta angúnia és quan els periodistes han d’escriure una necrològica parlen més d’ells mateixos que del mort a qui se suposa han d’acomiadar.

Tornem a les Jornades de la Dona. No és la primera vegada que les entitats o les administracions conviden a algú que té poc o res a veure amb una commemoració. També ho vaig viure amb motiu d’un aniversari de la Maria Aurèlia Capmany. Els organitzadors municipals d’aquella recordança em van oferir que fes de moderadora dels actes. Jo vaig declinar l’oferiment perquè vaig considerar que no era la persona adequada, ja que havia tractat poc a la Capmany i em semblava que hi havia altres professionals que havien seguit de més a prop la seva tasca com a regidora de cultura de l'Ajuntament de Barcelona. I vaig donar-los una llista dels periodistes que havien cobert l'àmbit de cultura quan l’escriptora va treballar per a la Casa Gran i alhora ensenyava Pasqual Maragall a vocalitzar. Però al final van escollir com a moderadora d'aquella commemoració una periodista que no havia mai fet informació municipal.

En aquella ocasió vaig pensar que era una decisió política. Que buscaven algú de la seva corda. Que fos poc crític amb la gestió de l'Ajuntament d'aleshores i d'ara. (I la Capmany no va ser mai complaent. Sempre va ser molt crítica). Però potser no va ser censura. Potser va ser únicament una qüestió de mandra.

En el cas de les Jornades Catalanes de la Dona calia una mica de feina per saber qui havia cobert la informació fa cinquanta anys. Aquests fets tan llunyans i particulars no surten a internet. Doncs ja no anem bé. Cal aixecar-se de la cadira o agafar el telèfon. Cal consultar l'arxiu de tota la vida. I per als diaris que no tenen l'arxiu informatitzat o han desaparegut, cal anar a l’hemeroteca de Ca l'Ardiaca i buscar els rotatius que alhora s’editaven a Barcelona. I en concret les edicions del 27 al 30 de maig de 1976. Les informacions a 'La Vanguardia' van sortir sense signar i es van limitar a “copiar i
enganxar" el comunicat final i donar notícia de les protestes que van arribar als diaris per part de grups de cristians i de les associacions més carques de la ciutat que es van esverar molt amb la celebració d'aquelles jornades. En el 'Diari de Barcelona' la informació estava signada per Tere Rubio; en 'El Noticiero Universal', per Dolors Calvet, i a l’'Avui' per Rosa Piñol i jo mateixa. La Rosa Piñol és morta, però les altres encara estem vives i podríem haver donat un testimoni de primera mà.

Vull creure que els organitzadors només van pecar per mandra. O potser no perquè tampoc van ser convidades a l'acte les dones que van estar preparant aquelles jornades durant dos anys. I que no es van limitar a llegir ponències trencadores en el Paranimf de la Universitat. Durant els anys següents van ser actives defensores de la igualtat en els seus respectius àmbits professionals i ara, ja jubilades, continuen lluitant. ¿Com és que aquestes dones encara fan tanta por i se les oblida en un acte institucional que hauria de ser plural?.