El quadern dels periodistes apocalíptics, integrats, optimistes i/o solidaris

EL QUADERN DELS PERIODISTES APOCALÍPTICS, INTEGRATS, OPTIMISTES I/O SOLIDARIS

6 nov 2026

El periodismo español se olvida del pueblo saharaui

Manuel López
Centenares de periodistas hemos visitado el territorio libre del Sáhara desde que en 1975 España dejó en manos de Marruecos y Mauritania la administración del territorio. Lo hemos hecho por interés periodístico y también para ayudar a un pueblo traicionado. Sin embargo, los medios para los que trabajamos están situándose del lado marroquí.

Y este posicionamiento llega en un momento de precrisis. La ONU
ha decidido retirar la Minurso --esa fuerza armada de mediación que debía preparar el referéndum para la independencia-- lo que abre un escenario que puede ser terriblemente complicado para los países implicados: Marruecos, Sáhara Libre, España, Argelia y, como no, Estados Unidos de América del Norte.

Sin Minurso quedan enfrentados dos ejércitos. El de Marruecos, superpoderoso y apoyado por EEUU e, históricamente, por Francia. Del otro lado, los saharauis, que tienen detrás a la poderosa Argelia. Los dos grandes países norteafricanos están en una grave crisis económica, pero de eso hace años y van sobreviviendo.

A España y al periodismo español le corresponden, ahora, adoptar un papel protagonista, tanto por proximidad cultural e histórica con el antiguo Sáhara Occidental Español (SOE) como por el contacto humano desarrollado entre los dos pueblos desde 1975: continuos flujos de población, especialmente infantil, entre la península y la gente del desierto, como por el hecho de que SOE fue una provincia española. Todavía hoy hay gente mayor que te enseña el DNI hispano.

España ha tenido un papel complicado. En realidad, se lo ha complicado ella misma. Hace menos de tres años Pedro Sánchez reconoció que la vía de la autonomía podía ser una buena salida al conflicto, y hace ahora pocos días que se ha reconocido la españolidad de los saharauis. ¿Cómo se come esto?

Miles de ciudadanos y ciudadanas españolas también han visitado aquel territorio para expresar su solidaridad con un pueblo que ha sufrido desde bombardeos a boicots. Actualmente los saharauis viven en campamentos en territorio argelino, cerca de la ciudad de Tinduf.

Lo hacen en chozas de barro y tiendas de campaña que les recuerdan sus haimas. Este pueblo ha vivido centenares de años del nomadismo y ese tipo de tiendas de campaña les recuerda su procedencia.

Pero en los campamentos la vida no es fácil. El territorio es pedregoso y con grandes arenales. No hay agua. Se la tienen que proveer desde la vecina Argelia. No hay sistema de saneamiento. Los restos van directamente a pozos situados junto a las viviendas. Esto de viviendas no deja de ser un apelativo benigno.

La vida en estos cincuenta años no ha sido fácil. Al principio de la entrega de la administración por parte de España se declaró una guerra abierta que, en los primeros años, no resultó demasiado favorable al reino alauita. Miles de marroquíes han estado prisioneros del Polisario --Frente Popular de Liberación de Saguia el Hamra y Río de Oro-- después de numerosas escaramuzas. Francia intervino con aviones bombarderos cuando la población del antiguo SOE salió de estampida de la zona costera para salvar la vida bajo el paraguas de Argelia.

Es bien cierto que detrás del Polisario se encuentra el ejército argelino, aunque indirectamente. Sólo les ha proporcionado algo de armamento, pero nunca su ejército ha entrado en combate directo contra el reino de Marruecos, al menos por este conflicto.

Decíamos que la vida en los campamentos no es fácil. Sus pobladores reciben alimentos de las Naciones Unidas, pero siempre son insuficientes. Durante años se les sirvieron comidas para los que sus dinámicas alimenticias no estaban preparados. Es como si a un celíaco se le proporciona harina pura.

Existen pequeños hospitales atendidos por escaso personal y con insuficientes medios. Se nutren esos centros de una gran solidaridad internacional que, con los años, ha ido menguando. Una vez al año reciben a equipos de sanitarios españoles que durante dos o tres semanas atienden los casos más graves, incluso intervenciones quirúrgicas.

Los saharauis viven, ahora, de los salarios de sus emigrantes. Los hay por toda Europa. Apenas pueden comerciar porque no tienen campos donde sembrar. Tampoco agua para regar esos supuestos y deseados huertos.

Cada verano vienen a España centenares de niños norteafricanos para pasar unas vacaciones que para ellos es el sueño. Sólo hay que ver sus caras cuando sus familias de acogida les llevan a una piscina o a una playa. Pero luego han de retornar al desierto. Algunos se han quedado a vivir en España y han estudiado y conseguido trabajo.

Doble cara de la prensa


El periodismo español ha tenido dos vías para tratar el conflicto del antiguo Sáhara Occidental español: el voluntarismo de sus periodistas y la línea editorial de sus medios.

A lo largo de esos cincuenta años se han podido leer centenares de reportajes sobre las condiciones de vida de esos antiguos españoles y de sus hijos, pero la línea editorial de sus medios ha ido cambiando con el transcurrir de los tiempos.

¿Por qué? Por los intereses económicos de España.

Actualmente nuestro país es uno de los principales socios económicos del reino alauita. La inversión es de unos 3.000 millones de euros al año. El comercio bilateral ascendió en 2024 a 24.000 millones de euros. Con unas 350 empresas. Tienen negocios los bancos Banco Sabadell, Santander y CaixaBank. La inversión española se centra en hoteles, complejos turísticos, promoción inmobiliaria, restauración y servicios turísticos.

En los alrededores de Tánger se pueden observar miles de hectáreas de cultivo con sus toldos de plástico, como en el sur de España. Ahí también hay inversión hispana. Es más barato generar productos hortícolas en esa zona que en Almería.

Los intereses españoles crecen día a día y se observa que afectan a la línea editorial de los medios periodísticos en sentido negativo. Cuanta más inversión española, menos interés informativo genera. Los bancos que generan y conceden préstamos a 'El País', 'Abc', 'El Mundo' y otros no están demasiado de acuerdo en que la prensa española adopte una actitud combativa en contra de Marruecos.

Y eso que los periodistas y los medios españoles no han sido bien tratados por nuestro vecino del sur. Veamos los problemas para informar sobre el Sáhara y su rival Marruecos: expulsiones de periodistas españoles; restricciones para entrar en El Aaiún y Dajla; dificultades para entrevistar a activistas saharauis; vigilancia de periodistas y colaboradores locales, etcétera.

Además de prohibición de entrada a nuestros informadores.

En teoría, los editores españoles deberían adoptar una posición crítica con Marruecos, pero no es así. Estas situaciones plantean una cuestión fundamental: ¿cómo puede existir información independiente sobre un territorio si los periodistas no pueden acceder libremente a él? Y, encima, hay intereses económicos de gran importancia que afectan a las relaciones entre ambos países.

El periodismo español tiene una responsabilidad particular por tres motivos. 
Responsabilidad histórica: España fue la potencia colonial administradora del territorio y su descolonización quedó inconclusa.
Responsabilidad democrática: España debe apoyar la democratización del Tercer Mundo. 
Responsabilidad profesional: Los periodistas deben poder investigar libremente, contrastar fuentes y dar voz a todas las partes afectadas.

Como es lógico, el periodismo debe ser riguroso, diferenciando opinión de propaganda. Ser ajeno a los intereses económicos. Se debe ampliar el foco consultando a protagonistas internacionales: ONU, Argelia, Unión Africana…

Ahora que la ONU ha decidido retirar la Minurso se abre una nueva perspectiva nada halagüeña: puede volverse a una situación bélica que enfrente a Marruecos y Polisario. Podríamos estar en la antesala de una ampliación del conflicto con la intervención de Argelia, y, por supuesto, de EEUU.

Es el momento en que el periodismo español asuma sus responsabilidades para evitar esos enfrentamientos y para que la opinión internacional obligue a Marruecos a convocar, de una vez por todas, el referéndum sobre si la población quiere, o no, la independencia definitiva.

(Este artículo ha sido realizado tras consultar algunos datos en la IA. Todo sea dicho para que quede clara la procedencia de algunas de nuestras fuentes).