El quadern dels periodistes apocalíptics, integrats, optimistes i/o solidaris

EL QUADERN DELS PERIODISTES APOCALÍPTICS, INTEGRATS, OPTIMISTES I/O SOLIDARIS

12 oct 2012

El País: Jesús de Polanco hace 20 años

José Sanclemente reprodueix en el seu bloc part del discurs que Jesús de Polanco, fundador del Grupo Prisa, va pronunciar el 8 de desembre del 1991, fa 21 anys, sota el títol La Comunicación, una empresa de ideas.

"La historia está llena de empresas de comunicación sin definición editorial o con una política de relaciones industriales basada en un régimen de adhesión; también asistimos hoy a
la especulación financiera en torno a la propiedad de los medios. Considero inconcebible una empresa que, además de un proyecto colectivo, no sea capaz de albergar un proyecto personal para sus partícipes. Un periódico, como toda empresa, debe plantearse el beneficio como fin y como medio de subsistencia. Pero el empresario de periódicos sabe que está embarcado en una aventura que procede de un aliento espiritual y que supone un proyecto social. Cualquier empresario que ignore estos perfiles estará condenado, antes o después, al fracaso. Porque en periodismo, como en democracia, el fin no justifica los medios."La obtención de beneficios no tiene alternativa racional alguna, al igual que la enfermedad no es una alternativa a la salud, sino su destrucción: la compañía que entra en pérdidas inicia un camino inexorable hacia la suspensión de pagos, la quiebra o hacia la subordinación a otros intereses.

"Una organización económicamente fuerte, industrialmente moderna (fue la primera en introducir los videoterminales en las redacciones españolas), con
una gestión profesional y transparente (El País se hace auditar externa y voluntariamente desde 1978). Dignificación profesional, en salarios y derechos, de los trabajadores. Implanta por primera vez el descanso semanal de dos días para los periodistas.
"Esa inversión de la jerarquía entre medios y fines se produce en la prensa sensacionalista y amarilla, sólo preocupada por aumentar su circulación y su facturación publicitaria a cualquier precio, a fin de optimizar sus cuentas de resultados. En el otro extremo encontramos la patología simétricamente opuesta de la simulación de formas jurídico-empresariales para encubrir proyectos periodísticos financiados a fondo perdido que se proponen objetivos al margen del mercado.

"Por eso,
la transparencia es básica a la hora de juzgar el comportamiento de las empresas de comunicación".

11 oct 2012

El valor de l'experiència

Pepa Badell
Aquest any, a la Facultat de Ciències de la Comunicació de la UAB hem tingut el plaer d’inaugurar el curs amb una xerrada amb Maruja Torres. Aquesta veterana i vital periodista aplica tota la seva energia i experiència a transmetre una sola passió: l’ofici de periodista.

En un moment en què sembla que tota la societat està immersa en el pesimisme i la desesperança, Maruja Torres clama perquè els periodismes fem una cosa tan revolucionària com “explicar la veritat”. L’alumnat va demostrar que tenia ànsia per aprendre de testimonis com aquest, que ha viscut en primera persona la transició, guerres, lluites, revoltes... i l’alegria de ser dona i de viure la vida.

El valor de la xerrada rau en que aquests joves —futurs periodistes— van poder copsar de primera mà un exemple de com és aquest ofici: apassionant, de vegades caòtic, sotmès a moltes tensions i poc reconegut social i econòmicament. Tot i així, com a feina vocacional que és i com a feina amb un valor social —que el té—calen veus com la de Maruja Torres que s‘alcin per denunciar les pràctiques rutinàries, acomodatícies, covardes o sensacionalistes que amenacen els mitjans, les empreses periodístiques i l’ofici de periodista.
“Recomano la rebel·lia”
Una altra de les qüestions que va recomanar amb fermesa va ser la de practicar la rebel·lia: rebel·lia contra la injustícia, contra les nostres pors, per defensar la veritat i, sobre tot, escoltar les persones que pateixen injustícies a tots els nivells. Davant d’aquest principi, la veritat és més revolucionària que mai. ¿I qui podrà explicar què passa si els que som responsables de fer-ho no sortim al carrer a veure, mirar, preguntar, sentir què és el que passa i què pensa la gent?

Em direu que és molt difícil practicar periodisme amb sous precaris, incerteses, pressions de tota mena... És evident que no es pot demanar que tothom tingui aquesta vocació de servei --pels motius que sigui--, però llavors no hem de confondre la professió de periodista amb la que jo anomenaria d’escribidor.

Demano disculpes si trobeu el terme pejoratiu, però encara no he trobat una paraula que serveixi per definir l’evolució que ha marcat la comunicació els darrers anys. Els avenços tecnològics i en matèria de comunicacions ens han convertit als periodistes massa vegades en escriptors al pès. L’empresa periodística ofereix un munt de continguts, cada cop més, en els més diversos formats i plataformes per tal de posicionar-se al mercat. I tot això va en detriment de la qualitat.

Com deia Bernardo Díaz Nosty fa uns dies a
#CPCfutur cal esperar que la qualitat de continguts periodístics s’acabi imposant. Si no, no hi ha futur per a les empreses ni per al periodisme.

6 oct 2012

Controlar el mensaje y al mensajero

José Sanclemente
El control de las redes y sistemas de comunicación es algo en lo que se está invirtiendo grandes cantidades por parte de la mayoría de gobiernos. Nuestro grado de intimidad es inversamente proporcional a ese gasto.

Dos casos recientes y bien diferentes me llevan a hacer alguna reflexión. Uno es la solicitud del juez Pedraz a las compañías Google, Twitter y Facebook para que se le faciliten los datos de los individuos que estaban detrás de determinados mensajes durante la manifestación del 25-S. Otro, bien diferente, es la intención del grupo Unidad Editorial de regular las comunicaciones que hacen sus periodistas a través de las redes sociales para que éstas no se alejen de la línea editorial de sus cabeceras.

No pensemos que este es un tema propio de nuestro país. La CIA, a través de su fondo de inversión IN-Q-TEL, está adquiriendo diferentes tecnologías para monitorizar el comportamiento de los ciudadanos con intención de conocer y predecir acontecimientos de determinados movimientos sociales, además de los de terrorismo y seguridad nacional.

Los sistemas de espionaje legal de las comunicaciones están desarrollados en casi todos los países. En España en el 2001, durante el Gobierno de Aznar, se inició el desarrollo del SITEL (sistema integrado de escuchas telefónicas). Mediante un concurso secreto se pasó a que determinadas empresas gestionaran directamente para la Dirección General de la Policía y la Guardia Civil, en un ordenador central, la intervención de las llamadas en tiempo real, a requerimiento de los jueces, y sin necesidad de pedir estos datos a las compañías telefónicas. En cualquier momento desde un ordenador de la policía se puede acceder a la localización de un móvil y a las llamadas y mensajes de texto de cualquier ciudadano, siempre con la autorización del juez.

Se me hace extraño que SITEL no haya desarrollado también su propios sistema para detectar qué personas estamos detrás de cada mensaje enviado mediante una dirección IP de un ordenador o móvil con conexión a internet y el juez tenga que recabar información de las compañías que explotan las redes sociales y correos electrónicos.

Pero a lo que voy. Controlados, de una u otra manera, lo estamos. No hay duda, y cada cual es libre de renunciar a su privacidad y de exponer sus opiniones sabiendo que desde el momento que suben a una red social ya no le pertenecen y además son monitorizadas, no solo para venderle un producto, sino para ser seguido si la justicia lo ordena.

En el otro lado está el intentar controlar y modular los mensajes de los mensajeros . En este caso los de los periodistas. Convertir lo que en los diarios se suele llamar el libro de estilo en un control del estilo de los mensajes que sus periodistas vierten en las redes sociales, se me hace harto complejo y más en estos momentos.

De hecho, las redes sociales estaban denostadas por algunos directores de medios y por algunos periodistas hasta hace poco tiempo. Hoy, vemos como los directores interactúan con los contenidos, con sus portadas y hasta con los lectores que les siguen. Parece imparable e incontrolable que se modere este circuito que lleva a un aluvión de opiniones de diferente signo.

Hoy en día cuando un colectivo, incluso el de las redacciones de los diarios, no aparece en un medio de comunicación porque reivindica sus precarias condiciones laborales o lo que sea, aparece en las redes sociales y luego, incluso, llega a ser noticia.

Controlar al mensajero ya es una realidad: Quién lo envía, a qué hora, desde qué sitio y dispositivo y hasta en qué tono lo escribe o pronuncia. Controlar el mensaje que se envía comienza a dar pánico.

¿Por qué les está dando a muchos por "modular" tantas cosas, manifestaciones incluidas?

Dejo un enlace de eldiario.es sobre un estupendo reportaje de Juan Luis Sánchez que lo explica muy bien.
http://www.eldiario.es/politica/Puede-Facebook-entregar-personales-Policia_0_54245023.html

y os dejo un enlace a mi novela Tienes que contarlo que cuando la publiqué, este año, no pensaba que la ficción fuera tan real y que el control de las redes sociales fuera tan inquietante.

 

5 oct 2012

Compte enrere

Joan Brunet i Mauri
Els fets es succeeixen a velocitat de vertigen i els discursos dels líders polítics d’avui no són, necessàriament, coincidents ni coherents amb els que demà es faran o es diran. Assistim a un intercanvi continuat de declaracions i de retrets que mediàticament són susceptibles de ser utilitzats pels uns i pels altres a conveniència. Així la informació que arriba a la ciutadania queda condicionada no ja només pels seus emissors, sinó que fins i tot també pels mitjans de comunicació, siguin de titularitat pública o privada. Mitjans de comunicació que en general es mostren més preocupats per quedar bé davant les seves respectives titularitats, que no pas per complir amb la que ha de ser la seva funció fonamental com a referents enmig de l’allau de notícies i de rumors que circulen per les xarxes socials, i que sovint són generades per fonts de dubtosa credibilitat. És en aquest context, que als mitjans de comunicació en general, i als periodistes en particular, els hauria de preocupar molt més com garantir el dret que assisteix a la ciutadania de poder accedir a una informació rigorosa, precisa, crítica i contrastada. Un objectiu que, al cap i a la fi, és la raó de ser de qualsevol mitjà de comunicació, però en especial els que són de titularitat pública.

S’acaba d’encetar la campanya electoral conduent l’elecció d’un nou Parlament i d’un nou govern per a Catalunya. Una campanya que comença sota la premissa plebiscitària que inevitablement deixarà a banda el debat entorn les raons ideològiques que ens han portat fins on ara som, així com també les conseqüències socials que aquestes raons tenen sobre la ciutadania. Els posicionaments de partida de la campanya es coneixen, atès que van ser posats damunt la taula pels partits polítics en el recent debat de política general. I són precisament aquests posicionaments els que permeten vaticinar que la tònica plebiscitària serà la dominant en la campanya. Una tònica que va bé tant al PP com a CiU ja que ni l’un ni l’altre volen que es parli de polítiques socials perquè ells són els actors i els executors de les retallades que afecten a les classes menys afavorides. Al PP li convé a més mantenir-se en el seu paper en defensa d’una concepció d’Estat centralista que li dóna rèdits electorals a la resta d’Espanya. A CiU li interessa defensar la idea d’un país en abstracte, del que no se n’explica el model ni relacions. Enmig d’ambdues posicions, el PSC defensa una proposta federalista que no acaba de trobar interlocutors ni en les files del seu partit germà, el PSOE.

Plantejades així les coses, Alicia Sánchez Camacho –i la cohort de mitjans de comunicació que l’aplaudeixen— s’estan erigint sense voler-ho en els millors promotors d’adeptes per a la causa independentista. Tot perquè, com també deia la meva àvia, “no hi pitjor sord que aquell que no vol escoltar”. I ni ella –Alicia--, ni el seu partit, han cregut mai que Catalunya tingués una personalitat clarament diferenciada de la de la resta de l’Estat que cal respectar i tenir molt en compte. Al contrari. Per acció o per omissió, el PP ha posat constantment pals a les rodes per impedir avançar cap un model d’Estat descentralitzat.

Davant el posicionament intransigent i dogmàtic del PP i de les dificultats amb les quals el govern de la Generalitat es troba, a Artur Mas li ha estat ben fàcil trobar el camí que a ell més li interessa recórrer. Un camí que previsiblement li evitarà ser engolit electoralment parlant, com ho han estat altres presidents i partits governants presentats a reelecció a Europa els darrers anys. El dubte és, però, discernir entorn si aquest és també el camí que a Catalunya més li convé. Un debat que a hores d’ara i en el fragor de la campanya electoral és impossible poder portar a terme.

http://blogs.cperc.net/jbrunet

2 oct 2012

Ni muertos ni de parranda

Antonio Baquero
Lo siento. No soporto más a esos gurús de la prensa que reducen su mensaje a insistir en que el periodismo de verdad ha muerto y que proporcionan como recetas justo hacer aquello que ellos no se atrevieron a acometer cuando estaban en activo. Jon Sistiaga, Rosa María Calaf, Soledad Gallego-Díaz y otros tantos aprovechan cualquier momento para soltar la misma sarta de tópicos: que si el periodismo de verdad ya no existe, que si los periodistas de investigación están en la calle o en un ERE, que si abunda la opinión y falta la información, etc. En definitiva, que el periodismo bueno se hacía cuando ellos trabajaban y que el trabajo que hacemos miles de periodistas en este país se reduce solo a ir a ruedas de prensa y enviar rápido en una “tableta de esas que les dan” (por cierto, a mí no me han dado ninguna; ya preguntaré a ver a quién se la tengo que pedir).

Se trata de periodistas con admirables carreras profesionales y que para mi durante años han sido un ejemplo y, en algunos casos, amigos. No lo pongo en duda. Sin embargo, si me permiten, rechazo tanto sus afirmaciones como sus argumentos, que rozan el insulto a los cientos de periodistas que, en este país infame, siguen batallando día a día por hacer su trabajo con dignidad y brillantes. La primera parida: el periodismo no está en un buen momento. Me lo dices o me lo cuentas. No obstante, en cuanto a contenidos, no me da la impresión de que estemos tan mal, o desde luego no me parece que estemos peor que hace 10 o 20 años.

Que el periodismo está en crisis es una verdad como un templo. Que el periodismo de verdad ya no existe es un lugar común. De hecho, creo que, en ocasiones, el periodismo de hoy es hasta mejor. Ha sido la prensa la que ahora ha levantado el caso Urdangarín y ha acabado con el sacrosanto tabú de la Casa Real. La misma que destapó los tejemanejes del caso Millet. En Siria, jugándose literalmente el cuello, ha habido más de una decena de periodistas españoles. Y, sin ir más lejos, fue mi diario el que destapó el caso del lavacoches de Montgat y tras estar 10 meses erre que erre facilitó su salida de prisión. Por cierto, cuando telefoneamos a uno de estos gurús a que nos diera su opinión sobre esa investigacion periodística se negó a hacerlo y nos remitió a que tomáramos un extracto de sus discursos.

Y la lista de buenas noticias no acaba ahí. Las mejores, en mi opinión, son la aparición de proyectos apasionantes como Jotdown o Mongolia.

Incluso para lo malo no creo que estemos mucho peor. Que la cobertura de la trágica muerte de los niños de Córdoba ha sido vomitiva. Desde luego. ¿No fue igual de repulsiva la de las chicas de Alcàsser? Y de eso va a hacer ahora 20 años, cuando todos estos que nos menosprecian estaban en activo.

Personalmente, prefiero a esos periodistas veteranos que en lugar de dar lecciones siguen en la brecha y traen noticias. En definitiva, que informan y no opinan.

27 sept 2012

Entendre el periodisme com a procés per a reformular el paper

Josep Prat

“Ahora ya no se hace un periodismo de exclusivas; la diferencia está en cómo cuentas las cosas, no en ser el primero”, deia encertadament Sistiaga en una entrevista al magazine Jotdown.

Ara l’exclusiva te la dóna el Facebook, el Twitter o el mateix protagonista de la història, com bé explicava el professor Sáez en una de les seves reflexions de les vuit del matí. Periodisme prové de període. La informació que ens arriba al nostre cervell s’ha de processar, seleccionar i escriure. Hem errat al pensar que el nostre objectiu –segurament empesos pel factor ‘ara i aquí’ de les noves tecnologies– era la rapidesa i conseqüentment la senzillesa.

El periodisme no és el titular sinó tot el que hi ha darrere del titular. El titular pot ser molt atractiu pel que diu i pot donar joc, com un presentador del telenotícies, però si no hi ha un perquè, en aquest cas un equip darrere que fa tot el muntatge, seria un xurro. Només cal fixar-se en l’admirable sèrie d’Aaron Sorkin The Newsroom. El presentador Will McAvoy és un figura, té caracter, sap parlar, i té bona presència. Igual que un titular. Ara bé, darrere de McAvoy hi ha Mackenzie que dirigeix, un personatge que posa els vídeos, un altre que està enfocant la càmera al personal que intervindrà en directe, a més a més de vint-i-cinc penjats que s’han passat la tarda i la nit corrent passadís amunt i passadís avall intentant tenir preparat un bon speech pel presentador. En un titular també hi ha d’anar un equip, un equip de raons.

El periodisme existirà si som capaços de deixar les coses clares: el periodisme és interpretació. Per tant una cosa subjectiva. “L’objectivité n’existe pas, grommelait-il. L’honnêteté, oui!” deia Hubert Beuve-Mery, fundador de Le Monde. Fins ara hi ha hagut la voluntat de diferenciar l’opinió de la informació, molt insistentment a tots els codis del gremi. I era el més gran engany que podien colar-li al ciutadà. No sé si amb mala fe, però aquesta manera impersonal d’escriure ha fet molt de mal, donant la sensació que cada peça era un fet objectiu, quan pel sol fet d’haver sigut triat ja havia representat una cosa subjectiva.

Traiem-nos la careta. Sinceritat. Som subjectes que interpretem condicionats per les nostres opinions, comportaments i moral. Per fortuna sabem què ens ha de diferenciar de la resta: l’honestedat per començar, i seguidament la capacitat per fer que la teva veritat la prenguin com a seva la quantitat més gran de lectors possibles, a pesar de les dificultats de superar el batejat efecte TimeLine. Escoltar, llegir i mirar només i absolutament allò d’acord amb les teves idees. Prou de posar-se nerviós perquè et diuen que un milió i mig de persones han sortit al carrer demanant independència. Un vol llegir que 6 s’han quedat a casa o han anat a la platja. També és un dels reptes aquest.

Com han de ser doncs els diaris de paper per tal que no s’extingeixin, almenys fins d’aquí uns quants anys? En primer lloc és tasca completament necessària treure’ns del cap els diaris plantejats com fins ara, i és que poc sentit té llegir que Rajoy ha negat el pacte fiscal el matí del dia següent, quan segurament aquell mateix matí ja corria per Twitter que ara obria la porta a la negociació.

Els diaris han de ser concebuts com a paper de cap de setmana. Anàlisis de 15 pàgines per temàtica sobre allò més transcendental que necessiti la mà d’un expert en matèria amb el propòsit de fer-ne una argumentació extensa i detallada. I aquí és on ha de ser present el periodista: en l’explicació. Allò de cada dia ja ho tindrem a la nostra tablet, ordinador o smartphone, però necessitem que algú ens digui per què passa. No tenim temps per buscar-ho nosaltres mateixos, però alhora som curiosos i volem saber en detall què es cou al món i com influeix això en les nostres vides.

Cal òbviament, dins d’aquest debat, replantejar la gratuïtat en la qual ens hem establert com óssos en hivernació. Tot té un preu i a la llarga s’haurà de pagar com mica en mica van fent els digitals. Sigui a de manera parcial, o bé sigui de manera total com fa poc ha fet el Chicago Tribune, hi haurà d’haver una contribució.

Serà amb aquests plantejaments sobre la taula que aconseguirem fer palès que el periodisme té alguna cosa a dir, que és bàsic per a la democràcia, de la mateixa manera que la comunicació ho és per a l’ésser humà.

25 sept 2012

Carrillo, Paracuellos y los periodistas

Ángel Sánchez de la Fuente
Santiago Carrillo
se acaba de llevar a la tumba su verdad sobre el caso Paracuellos. Aquellos fusilamientos de presos políticos y de militares franquistas en Paracuellos del Jarama cuando eran llevados de Madrid a Valencia, en noviembre de 1936, le han perseguido toda la vida. Carrillo siempre alegó que él, como comisario de Orden Público de la Junta Delegada de Defensa de Madrid, se limitó a ordenar el traslado para que los detenidos (entre los que había oficiales que podían organizar nuevos cuerpos de ejército) no pudieran ser liberados por las tropas de Franco, ya próximas a la capital. ¿Quiénes ordenaron las ejecuciones? Según Carrillo, fueron otras fuerzas que en aquellos momentos estaban fuera de su control y jurisdicción.


“No soy el asesino de Paracuellos”, tituló en julio de 1976 la revista Guadiana una entrevista en exclusiva con Carrillo, quien todavía estaba exiliado en París. Significativamente, esa entrevista no había podido ser publicada meses antes, al ser prohibida por el Gobierno de Carlos Arias Navarro cuando el número del semanario ya estaba confeccionado en la imprenta. No era pura casualidad que el máximo líder del PCE ilegal y clandestino saliera a la palestra defendiéndose de las acusaciones que un día sí y otro también lanzaba contra él la prensa de la ultraderecha, en especial El Alcázar, órgano de la Confederación de Ex Combatientes que presidía el exministro José Antonio Girón, bastión de la dictadura franquista.

Esplendor sin peluca

Una vez que Carrillo se quitó la peluca de la que se había servido para despistar a los policías del ministro Rodolfo Martín Villa y purgó tres días de cárcel en Carabanchel, el tema de Paracuellos ya perdió todo el interés periodístico. Entonces fue cuando aquel viejo zorro de la política y periodista precoz (a los 15 años fue redactor de El Socialista y a los 16 director del periódico de las Juventudes Socialistas), vivió su época de notable esplendor como uno de los artífices de la transición a la democracia. Logró arrinconar al mismísimo Felipe González y se convirtió en una especie de consultor del presidente Adolfo Suárez, al que sedujo sobre todo cuando le garantizó que no habría movilizaciones obreras ni tentaciones de ruptura. El único contratiempo le llegó cuando Jorge Semprún contó en su libro Autobiografía de Federico Sánchez las expulsiones que él y Fernando Claudín sufrieron por defender en 1964 determinadas propuestas reformistas que el PCE acabaría adoptando años después con la fórmula conocida como eurocomunismo.

Conseguida la legalización del PCE (el famoso Sábado de Gloria de 1977) sin que los militares se atreviesen a sacar los tanques como sí se atrevió Jaime Milans del Bosch en 1981 (prueba fehaciente de que la caverna cuartelera soporta antes una España supuestamente roja que presuntamente rota); firmados los llamados Pactos de la Moncloa por los que los principales partidos y sindicatos acordaron impulsar derechos esenciales (desde la eliminación de las restricciones a la libertad de prensa hasta la tipificación de la tortura como delito, pasando por la despenalización del adulterio y del amancebamiento) y una política económica tendente a frenar la asfixiante inflación y el déficit público; y sobre todo aprobada la Constitución, el PCE de Carrillo había allanado el camino al pujante PSOE que insistía en exhibir el póster electoral de un joven andaluz que nada tenía que ver con la guerra civil. A pesar de su lección de dignidad al ser el único diputado –junto a Suárez-- que no se tiró al suelo durante el tejerazo, las urnas certificaron su defunción política en 1982, poco después de que los sectores intelectuales más críticos con él y su carrillismo fueran invitados a abandonar el partido. Nada nuevo. En su día, ya la presidenta Pasionaria había acuñado la frase de “intelectuales cabezas de chorlito” aplicada a los citados Semprún y Claudín.

La crispación de las dos Españas

Pero, lo que son las cosas, los años fueron pasando y la derecha ganando. Desde la irrupción del PP de José Maria Aznar en las esferas del poder, la crispación de las dos Españas-que-han-de-helarte-el-corazón fue incrementándose hasta volver a las andadas de Paracuellos. La extrema derecha madrileña interrumpió a gritos de “asesino” y “genocida” algunos de los actos (homenajes, investitura de doctor honoris causa, tertulias, etcétera) protagonizados por Carrillo. Y los periodistas que habían callado largo tiempo preguntaron de nuevo por las sacas de las cárceles y los fusilamientos del 36, cuando tenía 21 años el ahora ya personaje nonagenario. Al muy curtido locutor Luis del Olmo le mandó al “infierno” nada más oír la palabra Paracuellos cuando le inquirió sobre el tema en 2010. ¿Por qué al infierno y no al limbo?

Un año antes de morir, fue entrevistado por Jordi Évole en televisión. Muy astutamente, el periodista de La Sexta fue arrinconándolo hasta conseguir mentarle la bicha del Jarama. Se mascaba el drama (o sea, el improperio), pero Carrillo mantuvo el tipo como pudo. Évole insistió disfrazándose de juvenil ingenuidad diciéndole que él, en realidad, no sabía qué había sucedido en Paracuellos. Y el prohombre comunista cayó de cuatro patas: “Pues yo tampoco”.

Consciente de que el cinismo no tiene sentido cuando se han vivido casi 100 años, al final Carrillo tuvo a bien reconocer que aquello era una guerra a muerte y que “si no matas tú te matan a ti.” Es decir, puestos a exigir responsabilidades, parece lógico que los crímenes perpetrados por los dos bandos de una guerra civil sean menos injustificables que los crímenes cometidos en la posguerra por unos vencedores que ni siquiera tuvieron escrúpulos en definir la tiranía como la paz de Franco.