El quadern dels periodistes apocalíptics, integrats, optimistes i/o solidaris

EL QUADERN DELS PERIODISTES APOCALÍPTICS, INTEGRATS, OPTIMISTES I/O SOLIDARIS

27 sept. 2016

'Ràdio 4, 40 anys en català'. Autocrònica d’una publicació

Josep M. Adell Bardier
El llibre, amb un subtítol més clarificador, 'Una veu de resistència', és la meva crònica particular i terapèutica de tots els anys de feina i de lluites, d’alegries i patiments dins d’aquesta emissora de ràdio, que ha estat i és, la primera pública de 24 hores en llengua catalana de la història, la primera promoguda des dels estaments polítics i governants. Cal recordar que les que havien existit abans de la dictadura eren totes de caràcter privat i/o cooperatiu. En les pàgines d’aquest llibre he pogut abocar allò que duia dins, tot tractant de pal·liar la gran injustícia que ha patit Ràdio 4 i en conseqüència els seus treballadors.


Una emissora que, si bé fruit de l’oportunisme polític en el moment
inicial de la transició política del país, va saber anar molt més enllà de ser un instrument de conveniència electoralista per captar la societat catalana, per posar-se plenament al seu servei, aprenent i ajudant a aprendre les regles democràtiques de la llibertat.

Malgrat la pertinença i subordinació econòmica a l’organisme estatal RTVE, Ràdio 4 des del primer moment va informar, formar i entretenir des d’un posicionament independent, creant nous formats i entrant en temàtiques mai tractades fins llavors als mitjans de comunicació. Tot sense consignes ni massa pressions –seria innocent creure que no n’hi ha hagut mai–, però amb uns professionals que han sabut estar sempre a l’alçada i en el paper que els correspon.


Tant bon punt iniciats els tràmits de la transició, de la que Ràdio 4 va ser fidel cronista, a finals dels anys 70 els mateixos gestors polítics de Ràdio 4 ja no sabien que fer amb ella i en aquell punt l’emissora va començar a patir un progressiu abandonament i oblit sistemàtic de la major part de les forces polítiques catalanes (no cal dir que les estatals mai no han sabut ben bé que era això d’una emissora que no solament parlava sinó que també pensava en català).


Ràdio 4 va obrir molts camins, va informar abastament d’aquell apassionant procés, a voltes potser sobrevalorat per incomplet o mal tancat. Ràdio 4 ha estat una peça fonamental en el desenvolupament polític, social i democràtic del país i en la creació d’un llenguatge radiofònic del que se li ha volgut sostreure tot rastre i mèrit.

Emissora silenciada


Ràdio 4 ha estat també probablement l’emissora més silenciada i amenaçada de liquidació per part de tots els administradors polítics que l’han gestionada –o com m’agrada dir, encara que sintàcticament no sigui correcte–, de tots els que l’han nogestionada, perquè uns i altres han deixat de fer i han deixat de complir els compromisos que els estaments polítics tenen amb el servei públic, per deixar-la llanguir i abandonar-la a la seva sort.


Els professionals han salvat sempre Ràdio 4 i amb orgull poc dissimulat continuo sentint que formo part d’aquesta munió de gent que l’ha sabut mantenir, malgrat que des del 2007 formo part de la catèrvola de pensionistes que es mira les coses amb una certa distància, esperant que les noves generacions mantinguin la mateixa il·lusió dels que vam participar en la seva posta en marxa. L’orgull d’haver pogut format part d’aquesta colla de professionals que al llarg de quatre dècades han multiplicat els seus esforços per oferir el màxim, amb els mitjans que han hagut de gestionar.


Aquest és l’esperit que em va portar a recollir sobre paper els records i pensaments d’aquests 40 anys d’activitat compartida: Ràdio 4, 40 anys en català. Una veu de resistència. 

9 sept. 2016

Los males del periodismo

José Sanclemente
Últimamente leo muchos artículos de periodistas que intentan explicar lo mal que está el periodismo. Algunos, para teorizar sobre los culpables de este mal, mezclan la situación de crisis de algunos medios de comunicación y de sus empresas editoras con la mala praxis de los periodistas, otros cargan sobre la falta de independencia que unos y otros tienen de los poderes fácticos que atenazan a la información, a saber: los anunciantes y el poder político.

Pocos se atreven a decir, alguno lo hace, que es la gente la que no
sabe valorar los contenidos informativos de calidad y estamos cayendo en una sociedad desinformada o informada parcialmente por canales sucedáneos de los medios de comunicación que se encuentran en las redes sociales. A lo mejor los medios y sus periodistas hace tiempo que ya no tienen el monopolio de la información, ni siquiera el de la mejor información. Eso sería un grave problema. Es como si los médicos ya no fuesen los mejores prescriptores de los tratamientos para una enfermedad y nos pusiéramos en manos de charlatanes y curanderos.

Algún periodista como es el caso de Manuel Rico, director de 'Infolibre', se inmola y reparte la culpa entre todos los colectivos, incluidos los lectores, eso sí, de izquierdas: “¿Cómo hemos llegado hasta aquí? --se pregunta analizando el panorama mediático español-- Pues muy sencillo: somos responsables los editores, directivos de medios y lectores que afirmamos ser de izquierdas, que denunciamos la situación mediática, que nos llenamos la boca con la importancia de la libertad de prensa y que no hemos sabido o querido crear, defender o apoyar medios que reflejen esa visión del mundo (pudiendo hacerlo, claro)”.

Otros como Miguel Mora, de CTXT, nos salvan a los lectores y arremeten contra el 'establishment' de los acomodaticios y endeudados medios y de los nuevos periodistas que han sustituido a los que han sido purgados por incómodos: “Endeudados hasta las cejas y cada vez más alejados de la realidad, muchos de estos medios han otorgado el timón a los periodistas más mediocres y cobardes de sus plantillas, después de desembarazarse de los más incómodos aplicando una reforma laboral bananera. Y hoy aparentan mantener un poder que ya no tienen buscando pinchazos como sea, manipulando noticias y encuestas, emitiendo vídeos de gatitos y masacres, dictando titulares a los reporteros, intoxicando y asustando a las viejas con editoriales indignos de ese género, ocultando en sus portadas informaciones relevantes cuando son incómodas para sus dueños, excluyendo del debate a las firmas más críticas con el sistema, y/o dando voz a prosistas de sonajero y cascabel carentes de conciencia ética y social”.

Un gran periodista, Gumersindo Lafuente, aseveraba en su 'Manifiesto estival sobre el periodismo acomodado' que los males no estaban en los soportes sino en el compromiso con la información veraz y libre: “Y ojalá que el oficio periodístico --dice el impulsor de la Fundación PorCausa-- se dé cuenta de que su salvación no está en los debates estériles sobre el soporte, las redes o la viralidad. Si no hay rigor, originalidad y compromiso, poco interesante queda por salvar de algo tan bello como el periodismo”.

Lo fácil sería concluir que todos tienen razón en los males que asolan a nuestro periodismo y a lo mejor esa es la conclusión a la que llegan ustedes leyéndolos. Estaríamos entonces ante un fallo multiorgánico que los médicos describen como lo más grave a lo que se enfrentan cuando un paciente ingresa en la uci hospitalaria.

Posiblemente en la uci informativa habría que suministrar un tratamiento de independencia al medio y al periodista para evitar que los poderes fácticos siguieran dañando el corazón del periodismo. También sería necesario oxigenar los pulmones para que entrara aire fresco y eliminara los residuos de contaminación informativa interesada. A lo mejor esto bastaría para salvarse, para sobrevivir, pero no para llevar una vida con normalidad.

Para volver a lo que quizá un día fue el periodismo para la sociedad, para interesar a sus ciudadanos y recuperar la credibilidad en los medios y en los periodistas tiene que darse otra condición: el periodismo debe ser capaz de sacudir las conciencias de los ciudadanos.“Si las cosas siguen por este camino --según Monica Bauerlein y Clara Jeffery ('Mother Jones')-- desaparecerán las noticias que revelen algo sustancial acerca de la manera en que funciona el poder. Hace falta tiempo (mucho más del que se puede justificar económicamente) y estabilidad, hacen falta reporteros y editores seguros de que sus trabajos no desaparecerán si no hay grandes beneficios, o si los poderosos se ofenden. A este tipo de periodismo le mueve un deseo de sacudir las conciencias, no de ser rentable únicamente”.  Este puede ser el antídoto definitivo contra los males del periodismo, pero no está al alcance de todos.