El quadern dels periodistes apocalíptics, integrats, optimistes i/o solidaris

EL QUADERN DELS PERIODISTES APOCALÍPTICS, INTEGRATS, OPTIMISTES I/O SOLIDARIS

21 ago. 2014

Por un puñado de retuits

Joan Cañete Bayle
Cuando yo iba a la facultad de Periodismo en los 90, el profesor Miquel Rodrigo explicaba muy bien que un acto terrorista es un acto comunicativo. Razonaba Rodrigo que el acto terrorista es un mensaje de violencia extrema que pretende difundir el terror en el seno de una sociedad. Por tanto, a diferencia de otros tipos de asesinatos o actos violentos, el acto terrorista busca difusión, notoriedad, no existe un acto terrorista cometido con discreción. Para ello, en la época tradicional de la comunicación de masas, el acto terrorista se basaba sobre todo en uno de los elementos que hacen que el acontecimiento se convierta en noticia: la espectacularidad. A más espectacularidad, más difusión. El 11-S es el mejor ejemplo.

Imagen de archivo de James Foley, asesinado por el Estado Islámico.
Lo cual, claro, lleva a una conclusión: si los periodistas no hablamos de los actos terroristas, si los medios de comunicación no informan de los actos terroristas, estos no sucederán. Al perder su carácter de acto comunicativo, dejarán de cumplir uno de los principales objetivos de sus autores: sembrar, difundir el terror. El problema que tenemos los periodistas es que un atentado terrorista es, por definición, noticia. Es un acontecimiento, espectacular, inusual, con víctimas, y con repercusiones que van más allá del acto en sí. Imposible, en una sociedad abierta y democrática, silenciarlo. Este es uno de los motivos por los que el debate se canaliza hacia otros derroteros. Por ejemplo, durante los años de plomo de ETA era sencillo encontrar en la prensa española estupendas informaciones sobre lo que sucedía en Belfast y en cambio era muy complicado saber lo que se cocía en Hernani, por decir algo, como si explicar las causas de algo equivaliese a justificar ese algo. Porque en el caso del terrorismo, otra de las condiciones para que un acontecimiento se convierta en noticia (la proximidad) se convierte en algo especialmente doloroso: es tu opinión pública la receptora del mensaje terrorista. Y eso lo distorsiona todo.

Pero un debate importante para una sociedad siempre acaba dándose, de una forma u otra. Y en este caso, suele ser en la forma de la expresividad de las imágenes. ¿De verdad es necesario enseñar con toda su crueldad los efectos de un atentado terrorista? Y en ese caso, ¿cómo se establece el baremo de lo que no es cruel, un poquito cruel, cruel a secas, muy cruel, demasiado cruel, excesivamente cruel? Es de sobras conocido que en el 11-S la prensa estadounidense (y por ende, la occidental) no mostró las imágenes de las víctimas. En su famoso alegato en el Congreso, Pilar Manjón cargó contra los medios por mostrar la explosión del 11-M captada por las imágenes de seguridad de la estación de Atocha. Cuando mostramos lo que se llama “imágenes explícitas”, lo más fácil es acusarnos, a los periodistas, de sensacionalismo. Acusación que es un cliché, en realidad: nadie veía las fotos o las imágenes descartadas. Curiosamente, esta acusación solían hacerla aquellos que dicen que cuando ven imágenes de niños muriéndose de hambre en África en el informativo del mediodía apagan la tele para que no se les indigeste la comida.

Ya no estamos en la época tradicional de la comunicación de masas. Estamos en la época de la comunicación 2.0, en la que millones de personas en todo el mundo tienen herramientas (las redes sociales) para publicar y difundir. Compartir, se llama. Este 22 de agosto, lo que se ha compartido con fruición es la decapitación de James Foley a manos del Estado Islámico. Se ha compartido el terror. ¿Cómo era eso…? Ah sí, sensacionalistas.

No encontraréis en este post una postura monolítica, una regla de oro sobre este tema, porque no la tengo. De entrada, desconfío de aquellos a quienes los niños barrigudos de África les arruinan el almuerzo. Esas imágenes, esas informaciones, sirven para denunciar, y esa, la denuncia, es una de las funciones del periodismo; garantizar una buena digestión de la audiencia no lo es. Por este mismo motivo, la denuncia, han corrido por las redes vídeos brutales (en todo el sentido del término) de la destrucción de Gaza a manos del Ejército de Israel que sólo han llegado a los medios tradicionales a cuentagotas. En estos dos ejemplos, soy partidario de publicar, cuando alguien no quiere que se vean unas imágenes que plantean una denuncia, mayor es el motivo para emitirlas. También desconfío, por instinto, de quienes quieren imponer a los medios qué publicar y qué no, aunque sean colectivos como el de las víctimas.

Más complicada es la decisión cuando hablamos de terrorismo. Por ejemplo, no me pareció censura lo del 11-S, sino respeto. Los baremos de medir son muy complicados: por ejemplo, en ocasiones he visto en la prensa israelí fotos de los efectos de los atentados suicidas mucho mas explícitas que las que publicaba la prensa internacional. Y luego está la brutalidad de lo no explícito, como esa foto de la mujer con la careta en los atentados de Londres del 2005. ¿Qué imágenes habríamos compartido de esos atentados, o del 11-S, o del 11-M si hubiesen sucedido en la era de Twitter y Facebook?

El Estado Islámico será muchas cosas, pero no es estúpido. Grabar sus atrocidades y después difundirlas (sabiendo que o bien los medios o bien las redes, o ambos) las publicarán, las redifundirán, las compartirán, es un arma más (y de vital importancia) de su guerra en Siria e Irak. Sus adversarios saben así de antemano con quién se enfrentan, y el mensaje de terror es eficaz. Un motivo de peso, pues, para no emitir el vídeo que colgaron en Youtube del asesinato de Foley. Lo mismo valía, en el 2004, cuando el estadounidenses Nicolas Berg fue decapitado por Abu Musab al Zarqawi en Irak. Explicar lo sucedido en este caso creo que basta para informar, ¿qué más hace falta añadir al titular “Los terroristas del Estado Islámico decapitan a un rehén estadounidense”?

Pero esta es la reflexión profesional, periodística, y estoy abierto al debate. Lo que no me entra en la cabeza es los motivos de toda esa gente que sin complicarse la vida como los medios por exquisiteces éticas (sin la responsabilidad de ser periodistas pero con el potencial transmisor de las herramientas 2.0) comparten el vídeo, comparten por tanto el terror. No entiendo, de verdad que no entiendo, esos miles de retuits, esos miles de Me Gusta, esa celebridad momentánea de que tu tuit, ese tuit, con ese link, con ese vídeo, lo hayan compartido miles de veces. Qué bien, qué bonito, qué 'cool', ser portavoz del terror, de la barbarie, de la atrocidad por un puñado de retuits, por unos cuantos clics más en la web.

¿Cómo era eso…? Ah sí, sensacionalistas.

Los periodistas hacemos a diario mal muchas cosas. Los medios, más aún, y ambos nos merecemos, por acción u omisión, mucho de lo malo que nos está sucediendo. Pero no creo que un mundo de retuits del vídeo de Foley porque sí sea mejor que un mundo en el que hay medios y periodistas que debaten si publicarlo o no y después, algunos (muy, muy pocos) deciden que sí, y otros que no.

PD: No podía faltar, claro, quien me habla de Gaza y de Hamás a cuenta de lo del Estado Islámico. Dejando de lado a los trolls, en algunos casos son esos equidistantes que ven halcones y palomas por todas partes de Israel. Curioso, en cambio, que para ellos el islam sea monolíticamente el Estado Islámico, como antes lo fue Al Qaeda. Unos, llenos de grises, matices, explicaciones, justificaciones; otros, blanco o negro, mayoritariamente negro, todos Estado Islámico, por acción u omisión, igual que antes todos fueron Al Qaeda. Vamos, como si yo dijera que todo Estados Unidos es el Ku Klux Klan por lo de Ferguson.
http://decimaavenida.wordpress.com/

7 ago. 2014

Pedro J. y 'El Mundo'

José Sanclemente
Sabía el consejo de administración de Unidad Editorial, editora de 'El Mundo', que sería difícil que tras la salida de Pedro J. Ramírez este se apartara silenciosamente del devenir del diario que fundó y dirigió hasta hace solo unos meses.

Un pacto, con varios millones de por medio, le obliga a Pedro J. a no competir con su antiguo periódico durante dos años. La salida del director se rubricó en términos de mutuo acuerdo y de lealtad
Ramírez y García-Abadillo, el día del relevo en la dirección de 'El Mundo'.
hacia la empresa a la que sirvió y de la que fue accionista (vendió también sus acciones con anterioridad a ese pacto y a un generoso precio).

Sin embargo Pedro J. está haciendo caso omiso del espíritu del acuerdo, aunque no todavía de la letra, anunciando en voz baja que podría poner en marcha un nuevo periódico e incluso sugiriendo que estaría dispuesto a comprar la cabecera de 'El Mundo'.

Este anuncio, al parecer, lo hace basándose en que el diario que dirigió está perdiendo sus esencias fundamentales. Lo cierto es que tener un despacho en la sede de Unidad Editorial no es lo más adecuado para aplacar e impedir la tentación intervencionista del que ejerció una dirección de autor en 'El Mundo' y al que nadie, hasta el pasado 3 de febrero en que lo cesaron, pudo poner firmes frente a sus guerras personales sobre las que cimentó buena parte de su trabajo periodístico.

En las últimas semanas, según mis datos, 'El Mundo' de Casimiro García-Abadillo está remontando levemente sus ventas, parando el tremendo descenso que se produjo en la última etapa de Pedro J., además está consiguiendo recomponer los acuerdos publicitarios que se fueron al traste en esa etapa y la empresa contempla con moderado optimismo la vuelta del verano en la que algunos grandes anunciantes parece que van a volver en cierta medida también a los diarios impresos. No es la panacea porque la crisis sigue ahí, pero parece que Pedro J. no lleva bien que "su diario" no se haya derrumbado tras su salida. Es lo que tiene el periodismo de autor, las esencias son las que uno destila y no las de un equipo de profesionales: sin él al mando del timón esto se iba al garete, eso es lo que uno acaba creyendo.

Los italianos propietarios de Unidad Editorial posiblemente estarían encantados de que le hiciese Pedro J. o cualquier otro una buena oferta por la empresa, pero difícilmente venderían solo la cabecera de 'El Mundo' sin el resto. Recordemos que tuvieron que provisionar en su balance cerca de 900 millones de euros por la compra de Recoletos y que la venta solo de 'El Mundo' tendría un precio desorbitado y fuera de mercado. 

Veo difícil que Pedro J. pueda acceder en compañía de otros a recuperar "su diario". Es más fácil que intente medrar desde el interior y el exterior para embarcarse, junto con sus acólitos que siguen en 'El Mundo', en un nuevo proyecto.

A todas estas un elemento distorsionador de "las esencias" fabricadas por Pedro J. es el de los rumores de fusión entre Grupo Vocento y Unidad Editorial que está sobre la mesa de algunos consejeros del grupo editor de 'Abc' y al que se opone el consejero delegado, Luis Enríquez, y buena parte del dividido accionariado del grupo de origen vasco y que no tiene visos de concretarse, pero que a Pedro J. le da alas a sus deseos de volver por la puerta grande.

Antonio F. Galiano es un firme defensor de la fusión y su exdirector está totalmente en contra. Veremos...
http://www.josesanclemente.com/

1 ago. 2014

Bastenier: enseñar periodismo a través de Twitter (segunda parte)

A. F. C.
En marzo pasado, PAIOS publicó una primera selección de algunas de las lecciones de periodismo que Miguel Ángel Bastenier suele difundir a través de Twitter. A continuación, una segunda entrega de los interesantes aforismos y testimonios que este prestigioso periodista ha vertido últimamente en la red del pájaro azul acerca de las técnicas periodísticas y el ejercicio presente y futuro de la profesión, así como diversas consideraciones sobre el léxico y el estilo que se usa en los medios de comunicación, sobre todo en los diarios, sus preferidos.

La profesión periodística


La calidad y la urgencia en el periodismo no tienen por qué estar reñidas. Pero no podemos permitirnos el lujo de llegar tarde.

Al hablar hay que dar un punto de caricatura para hacerse entender. Si lo matizamos todo, se acaba diciendo si y no al tiempo a
Miguel Ángel Bastenier.
cualquier cosa.

¿Por qué virtualmente no hay información internacional en la prensa latinoamericana? Casi todo es de agencia, y eso lo mata TV y radio.

El periodismo cuenta el zigzag del encefalograma de las cosas, no sus superficies sin accidentes.

El periodismo cuenta las contradicciones; el sí y el no de los personajes, no únicamente sus asentimientos y conformidades.

La comunicación es vital para el ser humano; y el periodismo forma parte de ella, pero es su versión, mejor o peor, profesionalizada.

En tiempos de ‘on line’ la única reserva espiritual que le queda al periodismo es el trabajo de investigación, como opuesto al diarismo.

Si el periodismo pierde la guerra de la comunicación, contra su legítimo oponente, las redes sociales, todos saldremos perdiendo.

Hay una guerra (legítima) entre comunicación (redes sociales) y periodismo (las marcas que uno prefiera). Y se ignora quién acabará ganando.

Periodismo no es un oficio (o profesión) para hacer amigos; por lo menos, no entre aquellos sobre los que se informa. Si los haces, malo.

Las notas deben ser unitarias porque solo han de tratar un tema; y completas porque, según la distancia a la que se sitúe el autor, no falte nada.

Un breve periodístico bien hecho es la mano cerrada convertida en un puño: nada puede salir ni entrar en ella. Está todo y no sobra nada.

Todas las informaciones tienen que ser unitarias y completas. Tanto un breve como un texto tan largo como una novela por entregas.

Ejercicio periodístico: hacer el breve de la Segunda Guerra Mundial, y que en 300 o 350 caracteres no falte nada.

El joven periodista que sabe hacer un breve como es debido, aprende a hacerlo todo.

A mí lo que me preocupa de Twitter es que, cuando me replican, suelen hacerlo a cosas que yo no creo ni remotamente haber dicho.

Las secciones del diario (impreso-digital) deben tener contenido permanente y definido; no engordar o adelgazar, según el mercado noticioso

Si el periódico (impreso y digital) no es útil para la vida diaria del ciudadano, caerá en la marginalidad (‘on line’, también).

Hacer información de consumo: cómo nos estafan, nos engañan etcétera va camino de armar una buena sección de local.

La gran asignatura pendiente de buena parte del periodismo latinoamericano es el consumo. El robo a mano armada está a la orden del día..

En países de América Latina existe una singular figura llamada “periodista institucional”.

¿Los gobiernos tienen periodistas? Los tienen, pero no son periodistas.

Imprescindible en un reportaje: personalización, que haya protagonistas; y visualización, que haya una historia que pueda 'ver' el lector.

Yo no sé si el periodismo es capaz de cambiar el mundo, pero de lo que no cabe duda es de que el mundo cambia el periodismo.

“Explicar” y “justificar” se parecen, pero no son sinónimos. El periodista debe tratar de explicarlo todo, lo que no significa justificarlo.

Una entrevista periodística no es un diálogo sino un interrogatorio, pero el entrevistado no ha de sentirse acosado por ello.

La entrevista 'romanceada', en la que el autor recrea, cita y explica el encuentro, puede ser mucho más realista que la pregunta-respuesta.

Las entrevistas pregunta-respuesta hacen ver que reproducen a la letra un encuentro que, de esa manera, no se produjo nunca.

No se trata nunca (salvo a un niño) de tú a los entrevistados (en el texto publicado).

Hay dos escuelas de titular: antes de escribir y de ahí deriva todo; o al terminar y resume todo. Y una híbrida, que titula antes y cambia después.

Leemos titulares en la prensa de papel y sabemos que en la mayor parte de los casos lo que cuentan va a la zaga de la realidad. ¡Revolución!

Se informa uno situado en el centro de lo que ocurre y se escribe desde fuera, como un lector, para evitar sobrentendidos incomprensibles.

Para mí, uno de los misterios más insondables del mundo latinoamericano es en qué consiste la ocupación de comunicador social.

El periodista que mejor escribe es el que 'oye' lo que está escribiendo. Como Juan Cruz.

El periodismo puede, legítimamente, ser de combate o de conocimiento. Pero todo a la vez, raro, salvo en que el conocimiento es también un combate.

Lenguaje y estilo periodístico


Mejor 'fondos buitre' que fondos buitres, porque es una idea, no varios animales (aunque en el fondo sean peor que animales).

Se usa constantemente “postergar”, cuando estaría mucho mejor el uso de “aplazar”. Se posterga mejor personas que cosas.

Lo mejor de una cita es cuando basta con repetirla y se le entiende todo; sin apostillas.

“Portería” y “portero” son de uso en España. “Arco” y “arquero” son mexicanos, porque los niños que no tenían campos jugaban bajo arcos en la calle.

"Antes de entrar en detalles", "sin ir más lejos" no caben en una información periodística, es prosa administrativista.

¿Hay alguna razón para escribir 'tips' en lugar de apuntes, ideas, sugerencias? Un buen 'tip' periodístico sería no volver a usar 'tips'.

"La reacción no se hizo esperar"; pues no le hagas tú esperar al lector y cuéntale directamente en qué consiste. (De la prensa diaria).

No hay ningún “cese al fuego”; sino “cese el fuego” o mejor “alto el fuego”.

Suní en vez de sunita y chií preferible a chiita, que son galicismos.

El ‘Nuevo Herald’ de Miami ha inventado un nuevo país: Algeria, y lleva ya varios días dándolo a conocer al mundo.

Los tres minutos del alargue de un juego son en conjunto 'extra', no extra cada uno de ellos, es decir, 'extras'.

Cuando oigo en TV "hablaré para que todo el mundo me entienda", siento ganas de enviar al interfecto a repetir primaria y bachillerato.

Literatura y cine

Ya sé que decidir cuál es la mejor crónica literaria que uno ha leído es imposible. Pero yo elijo ‘Frank Sinatra está resfriado’, de Guy Talese.

Apuesto a que Scott Fitzgerald conocía bien el Quijote porque Gatsby es Alonso Quijano en la edad del jazz y Nick Carraway su Sancho amanuense.

Un enemigo de la lengua española y del buen gusto en general ha inventado el 'Quijote-exprés'. El ingenioso hidalgo para bobos de solemnidad.

Mi Harry Potter fue Richmal Crompton (autor de ‘Guillermo Brown’, lo mejor que he leído) y hay que añadir a Edgar Rice Burroughs (‘Tarzán’) y José Mallorquí (‘El Coyote’).

Con Richmal Crompton rivalizaban Salgari, Karl May, Peter B. Kyne, James Curwood, pero no, raramente, ni Zane Grey ni Julio Verne.

Respeto infinito a Charlot, me chifla Larry Semon, Buster Keaton fue insuperable, pero mi preferido será siempre Groucho.