El quadern dels periodistes apocalíptics, integrats, optimistes i/o solidaris

EL QUADERN DELS PERIODISTES APOCALÍPTICS, INTEGRATS, OPTIMISTES I/O SOLIDARIS

10 dic. 2017

#periodigne

Francesc Ràfols
En aquests mesos que no he escrit res, no ha estat per falta de temes per referir-me al dret a la informació, però, òbviament, no em dedicaré a dir el que no he escrit ja. Mirem endavant. I per fer-ho, vull aprofitar una iniciativa en la qual estic personalment i sindicalment implicat. L’11 de novembre passat es va realitzar a Barcelona una Assemblea Oberta de Periodistes amb unes resolucions que confio que a partir d’ara se’n parli força. El hashtag de la convocatòria és força explícit: #periodigne.

Aquesta assemblea –realitzada a la seu de la Confederació d’Associacions Veïnals de Catalunya (CONFAVC)– va estar organitzada conjuntament per diverses organitzacions de periodistes: l’Associació de Dones Periodistes de Catalunya (ADPC), el Grup de Periodistes Ramon Barnils (GPRB), el Sindicat de Periodistes de Catalunya / Sindicat de Professionals de la Comunicació (SPC) –a la qual pertanyo–, Solidaritat i Comunicació (SiCom) i Som Atents. No era aquesta la primera vegada que aquestes organitzacions treballàvem plegades i és d’esperar que tampoc sigui l’última. L’objectiu de la trobada era elaborar una mena de decàleg que inclogués les transformacions necessàries perquè el periodisme es pugui exercir amb unes
condicions laborals dignes i perquè recuperi la confiança de la ciutadania. Cal no perdre de vista que les darreres enquestes situen a l’Estat espanyol els mitjans de comunicació i els periodistes com un dels sectors que genera menys confiança i credibilitat.

Els debats que s’hi van fer van acabar fent que el decàleg, en lloc de deu punts, en tingués quinze i es transformés en allò que si els lingüistes no m’han enganyat en podríem dir un pentadecàleg. S’hi inclouen tot tipus de qüestions. A la web www.periodigne.cat podeu consultar el document elaborat, que porta per títol «15 accions per a un periodisme digne». Si a més voleu una mica de crònica d’aquesta assemblea, a la web de l’SPC la podeu llegir. Al pentadecàleg hi ha reclamacions d’índole laboral, professional, polític, de gènere, de drets d’autoria…

El que ara ens proposem les entitats que ho hem impulsat és començar a reunir adhesions tant a les redaccions com fora d’elles. De manera que quan ho presentem als legisladors o a les instàncies que han de promoure les transformacions que es reclamen, les reivindicacions tinguin el màxim suport professional i –per què no?– ciutadà. Fa massa temps que els legisladors –tot i les vegades que els ho hem demanat– fan molt poca cosa per no dir res en defensa d’un dret essencial per a la ciutadania com el dret a la informació. Algunes coses que en les darreres setmanes han passat en matèria d’informació a Catalunya i a Espanya no haurien passat amb una regulació com la que hi ha en molts països del nostre entorn i també d’una mica més lluny. En aquest blog en trobareu més d’una referència.

En uns dies, a Catalunya, celebrarem eleccions. El Parlament que surti elegit s’haurà d’ocupar d’aquestes qüestions si vol dignificar la política i millorar la qualitat democràtica del país.

14 nov. 2017

Verdades, mentiras, medias mentiras y medias verdades

Andreu Farràs
La consultora Gartner sostiene en su último informe ‘Predicciones tecnològicas para el 2018’ que en el 2022 el público occidental consumirá más noticias falsas que verdaderas y no habrá suficiente capacidad material ni tecnológica para detectarlas y eliminarlas. Se trata de una afirmación exagerada. No será en el 2022. Es muy probable que ya en la actualidad sea así en algunos territorios "occidentales" y "orientales". 

No hay más que abrir el Whatsapp, Facebook y Twitter y comprobar cuántas de las supuestas informaciones que nos alertan a favor o en contra del proceso independentista se basan en hechos ciertos o en engaños destinados a veces solo a ser rebotados o a difundir estados de opinión o emoción (euforia, miedo, odio) entre los receptores, que, a su vez, llegan a convertirse en emisores. 
El pensador Umberto Eco, en una imagen de archivo.

Un analista de la citada consultora, Magnus Revang, añade que el coste de producir noticias falsas es muy inferior al que se requiere para producir noticias de verdad, porque implica un trabajo periodístico de investigación, algo bastante difícil en una época en que la precarización laboral y la erosión profesional de los periodistas, las constantes jibarizaciones de las redacciones y la incentivación del rápido “corta y pega” de las noticias de la competencia que aparecen como las más leídas, aunque no sean ciertas, son déficits comunes de la mayoría de las empresas de medios, que intentan sobrevivir en un ecosistema comunicacional fragmentado, empobrecido y estresado.

Además, la difusión de los bulos se beneficia de la aplicación de algoritmos por las direcciones de las redes sociales, que con frecuencia no controlan la calidad (veracidad) de la información almacenada sino la cantidad (visitas) de su circulación; es la dictadura del ‘clickbait’.

Enrique Mesa es un profesor de instituto madrileño de 50 años que impulsó una campaña para devolver a la asignatura de Filosofía la relevancia que tenía en el pasado, después de que la LOMCE ideada por el ministro José Ignacio Wert la relegase en los planes de estudio de la enseñanza secundaria.

Sostiene Mesa que la asignatura de filosofía ayuda a tener un pensamiento crítico, una actitud sin la cual difícilmente hay democracia, sobre todo en la era de la posverdad en la que nos han hecho entrar las élites globales. “Ayer –explica Mesa en ‘El Periódico de Catalunya’--, un alumno trataba de convencerme de algo diciendo: “Profe, lo que le cuento es cierto, se lo he oído a un youtuber”. Vivimos en una época muy adolescente, y la filosofía nunca hizo tanta falta como ahora”, defiende Enrique Mesa. 

En los últimos años, la sociedad catalana –y, en consecuencia, la española— ha vivido unos tiempos convulsos; probablemente los más tensos e inciertos desde 1981, el año de la intentona del golpe de Estado, cuando el país estuvo a punto de perder las libertades recién conquistadas en una democracia también entonces adolescente como los alumnos de Mesa.

En estos tiempos crispados, de intolerancia y con emociones encontradas de los últimos años por el conflicto catalán, los medios de comunicación tradicionales (prensa, radio y televisión) han convivido con emergentes medios de comunicación más interactivos y accesibles para toda la ciudadanía: las redes sociales. Los medios tradicionales han perdido el monopolio de la información y la opinión, y la atomización ha 'democratizado' aparentemente la información y la opinión. Se ha extendido la convicción de que gracias a internet ha nacido “el ciudadano periodista” (no sé por qué no se ha popularizado, gracias a internet, la figura del “ciudadano médico”, por ejemplo; hay infinidad de páginas web dedicadas a la salud). Como dijo Umberto Eco, en las redes, la opinión de un borracho o un orate tiene teóricamente el mismo valor y potencialmente la misma audiencia que la de un premio Nobel. Antes al borracho solo se le oía (que no escuchaba) en la taberna. Y al orate, como mucho, en un 'speaker's corner'. 

La crispación y la tensión han ocasionado que los medios de todo tipo se hayan posicionado de manera muy firme e inflexible a favor o en contra del proceso independentista. Y en la mayoría de los casos, emulando a ciertos grupos de wasap o chats de facebook, cada medio se ha impermeabilizado no solo contra las opiniones del otro bando en disputa. Muchos se han dedicado a producir informaciones que favoreciesen su propio relato –independentista o constitucionalista— y han rechazado cualquier dato o reflexión procedente del otro lado de la trinchera. La polarización ha sido tan alta (o conmigo o contra mí) que en medios considerados hasta hace poco referentes ‘bíblicos’ del periodismo se han registrado deserciones o despidos de renombre. El pensamiento crítico que propugna Mesa o la simple duda metódica han equivalido a sedición de cobardes o derrotismo de pusilánimes.  


No me gusta especialmente usar terminología bélica para el conflicto catalán, pero se trata de una guerra (por suerte, solo política, fría) y, de nuevo, se ha demostrado que, como en las conflagraciones sangrientas, la verdad ha sido la primera víctima. Sobre todo, por culpa de los políticos de todos los colores; un repaso breve de estos meses de medias verdades y medias mentiras daría para una enciclopedia. 

Pero también con la complicidad de no pocos medios de comunicación que han colaborado decisivamente a ello. En algunas ocasiones, por intereses empresariales (deudas, subvenciones, publicidad). En otras, algunos reporteros y opinadores se han puesto en las primeras filas de la infantería de la tergiversación o en la artillería del insulto, porque, como saben bien los militares, en las batallas se ganan mucho antes los ascensos y las medallas que en la aburrida y gris vida cuartelera. Aunque se corra el riesgo de perder la credibilidad, vital en cualquier profesión.

16 oct. 2017

También entre los catalanes tenemos que hablar

José Sanclemente
Varios de mis hermanos (somos seis), mis cuñados y sus hijos se declaran independentistas, buena parte de mis amigos también. Algunos de mis colegas de profesión consideran que la independencia de Catalunya es plausible y que jamás estaremos tan cerca de conseguirla como en el día de hoy, a pesar de que Puigdemont la haya aplazado.

No suelen emplear argumentos objetivables para su independentismo. Me refiero a que para ellos no es relevante lo material, lo económico o lo estrictamente racional. No digo que no
valoren las incertidumbres de un futuro inmediato bajo una república catalana, las valoran, pero prefieren unos años de penurias si el objetivo final es que Catalunya sea un país independiente.

Lo identitario y emocional está por encima de cualquier debate sobre la autodeterminación catalana, por ello resulta difícil rebatir sus razonamientos si no tienes una especial sensibilidad nacionalista.

No vale para moderar su opinión que las empresas catalanas se domicilien fuera de aquí, ni que se anulen reservas de hoteles como si estuviésemos en guerra, ni que la Unión Europea diga que Catalunya no entrará en su club. Nada de eso amilana a mis amigos, familiares y colegas independentistas.

En los últimos días, esto ha sido más complejo, incluso los no nacionalistas hemos empatizado con algunas de sus tesis emocionales, gracias a la violencia inútil del Gobierno español el día del referéndum, del mazazo que supuso el discurso del Rey e incluso de una parte de la manifestación españolista en Barcelona que representó a algunos catalanes silenciosos, pero también a una España rancia que parecía haber desaparecido hace tiempo.

Algunos no nacionalistas --a los que suelen llamarnos 'equidistantes' como mucho antes se llamó 'revisionistas' a los militantes de izquierda que se olvidaron de la revolución proletaria y comulgaron con la Transición española tras la muerte de Franco-- estamos ahora más en contra de la actuación del Gobierno y del consabido Estado de derecho que de la ilegalidad de las leyes emanadas de la mayoría del Parlament catalán, y eso que la ilegalidad no tiene medias tintas.

Maldita equidistancia, parece que te has de comprometer por uno u otro bando y, si es así, es humano hacerlo hacia el de la familia y de los amigos, que abandonan los grupos de wasap porque se sienten incomprendidos o que convierten las comidas familiares en una disputa sinsentido.

¿Quién o quienes nos han llevado a esto?

Seguro que una parte de la respuesta a esta pregunta está en los políticos, también en algunos medios de comunicación de uno y otro lado, los del unionismo y los del separatismo pero, más allá del hosco divorcio entre ellos, en Catalunya tenemos la necesidad de reconstruir nuestros grupos de wasap y los tradicionales y tranquilos encuentros familiares. Seguramente para ello tengamos que relativizar y ponderar posturas entre los catalanes, pero también obviar a aquellos que nos representan y, sin embargo, no nos tienen en cuenta y a los que nos informan pero no nos comprenden ni tienen interés en hacerlo.

Apelemos al diálogo entre los catalanes con todos los apellidos, los llamados equidistantes y los independentistas, los que lo están pasando mal porque en este proceso se sienten desamparados, los que dudan y los que tienen tan claro que no les importa que el presente de Catalunya sea incierto porque el futuro será mucho mejor.

Hay algo en lo que una buena parte de mis amigos, mi familia, mis colegas estamos de acuerdo y es que esto se tiene que arreglar votando en un referéndum legal y transparente, sin represión policial y con urnas transparentes.

Es necesario para restaurar nuestra convivencia, a pesar de todo. Ojalá nos dejen los políticos y los medios de comunicación sectarios.

27 sept. 2017

Alfabetización mediática contra periodismo amarillo

Gabriel Jaraba
Durante mucho tiempo se ha creído que el periodismo amarillo es el que se practica en diarios en formato tabloide, impresos a dos tintas o a todo color, con tipografía llamativa y titulares engañosos, chocantes o directamente repugnantes a la razón o al decoro. Ahora, sin embargo, a medida de que la prensa impresa va recorriendo un camino que parece conducir de la duda a la involución (salvo meritorias excepciones) comprobamos que se puede hacer amarillismo con titulares de cuerpo 36 y portadas compaginadas en columnas.

El ejercicio cotidiano de lectura de las portadas de los diarios nos
alecciona sobre ese engullimiento que el amarillismo disimulado y el sin disimular practican con el periodismo. Se trata de un ejercicio esforzado porque tal simulación es ejercida con precisión de orfebre. Y es así no porque busque vender diarios; su negocio ya es otro. Personas de buena fe imbuidas de un loable ánimo moralizante han creído siempre que los medios sensacionalistas buscan el enriquecimiento de sus empresas mediante la expansión de la difusión. Quizá fue así durante un tiempo pero ya no. La persuasión publicitaria, con su argumentación retórica y su complejidad semiótica está siendo sustituida por una incipiente aunque intensa interpelación personal en red, en la que aparece con toda crudeza el sempiterno modo dual de manipulación social: mediante la intimidación o mediante el halago (que es lo que ha llevado a Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, y por eso desprecia a los medios y los periodistas, por considerarlos obsoletos y contraproducentes para sus fines).

Los intereses de los lectores 


La prensa diaria nos ofrece cada día en las portadas que cuelgan de los quioscos unas persistentes lecciones de minitrumpismo. Para disimular, acusan a Twitter de ser escenario de discusiones de barra de bar cuando en sus propias páginas se encuentran peores infundios recubiertos por la pátina del libro de estilo, que es la capa que todo lo tapa. Lo hacen porque su objetivo es la venta pero no al público sino a quienes pagan de verdad su fiesta: los bancos y los intereses político-institucionales que deciden sobre el acto financiatorio. Los diarios no editorializan ya en sus artículos ad hoc que se presentan como tales sino en los titulares principales. Siempre se ha hecho así, cierto, pero ahora más y con mayor descaro. Léanse con lupa los titulares de portada de uno u otro cotidiano y se comprobará que su redacción no ha sido pensada para servir al lector sino para simular una cierta retórica informativa y por tanto admisible que en realidad no concuerda con los hechos sino que trata de inducir sensaciones en el lector desprevenido. Por eso se le llama sensacionalismo y por ello en la motivación que lo inspira reside la esencia del periodismo amarillo: en escribir no atendiendo a los intereses de los lectores –que como ciudadanos son titulares del derecho democrático a la información— sino en los de quienes han de proporcionar beneficios privados a las empresas y a los intereses políticos a los que sirven.

Cuando comencé a ejercer de periodista, a finales de los años 60, algunos profesionales de la información y de la educación ya reclamábamos la introducción en la escuela de los periódicos como elemento didáctico. Éramos conscientes de que la educación debe incluir la capacidad de comprender la información para poder gozar de ese derecho. Ahora, cinco décadas después, la práctica de la alfabetización mediática es ya ineludible, a causa del mismo imperativo pero por mor de otro adicional que no se puede soslayar más: los alumnos deben prepararse para vivir en un mundo en el que su libertad de opción no sólo social sino incluso personal se juega sobremanera en el campo de la información.

La alfabetización mediática que la Unesco propone como tarea ineludible de educación democrática tiene que practicarse no sólo con mirada crítica sino con calibre de pie de rey. No es un problema de tecnología sino relativo a las llamadas competencias de lectoescritura, que quieren decir simplemente ser capaz de entender lo que se lee y de expresar lo que se piensa. La alfabetización mediática va un poco más allá: saber interpretar el porqué de lo que han escrito otros (y por eso esta nueva disciplina forma parte con todos los honores de las humanidades: porque es una hermenéutica).

El desenmascaramiento de la posverdad –que no es más que una mentira que no se confiesa a sí misma como tal—pasa por una hermenéutica exigente que desvele las imposturas del titular editorializante disfrazado de elemento informativo (se rompe la sacrosanta separación de la información y la información desde la misma portada, y todos tan frescos). Porque el amarillismo rampante de la prensa española actual se ejerce agazapado en la maraña de una escritura periodística equívoca que ya no trata de convencer mediante la persuasión retórica sino por la introducción machacona de palabras consigna y la distorsión deliberada del componente informativo a beneficio de la tergiversación mediante la opinión enmascarada y la inducción de sensaciones.

Sensacionalismo con tipografías moderadas


Léanse pues atentamente día a día los titulares de portada de la prensa impresa y se hallará que entre nuestros editores patrios de hoy existen algunos que no tienen nada que envidiar a los Murdoch o los Springer; les han superado ampliamente en capacidad de engaño disimulado y sostenido fraudulentamente con artificios que remedan la información cuando sólo pretenden torcer sentidos y deformar hechos. Ya no es la foto de un falso Hugo Chávez difunto en portada un día, es la titulación tendenciosa un día sí y otro también.

Se equivocarán quienes crean que la comunicación basura se limita a formatos de televisión groseros o a difusiones insultantes en redes sociales. La verdadera contaminación mediática trata de colarse en la fiesta vestida de formatos informativos y tipografías conservadoras, aparentando una cierta altivez, adulando a la cultura de cejas altas y haciéndose la ofendida. ¿Les parece extraño? Hace años que Rupert Murdoch lo ensayó en 'The Times' con muy notable éxito.

29 ago. 2017

Bons periodistes objectius o soldats de trinxera política

Siscu Baiges
Els mitjans de comunicació mai no han estat independents. Tots tenen uns propietaris concrets i una línia editorial determinada. Els públics haurien de ser objectius per definició. Els privats defensen els interessos dels seus amos. Seria bonic pensar que alguns mitjans privats es guien només per la qualitat dels seus reporters i col·laboradors i pels interessos i la curiositat dels seus seguidors. Però tots els mitjans tenen un biaix o un altre. Tant li fa que alguns es presentin com a ‘independents’. No ho són.

No estic parlant, ara, de la seva dependència dels anunciants o dels bancs que els financen. ‘El País’ era el diari dels progres de la mateixa manera que l''Abc' era el dels conservadors. A Catalunya, 'La Vanguardia' era el diari de la gent de bé, l’'Avui', el dels catalanistes i 'El Periódico', el de la classe treballadora.

Amb el pas del temps i la irrupció d’internet en el món de la
Estudiants de periodisme.
comunicació, el panorama s’ha diversificat, però la politització no només s’ha mantingut sinó que s’ha portar a uns extrems preocupants.

A Catalunya estem assistint els darrers temps –parlo d’anys ja- a un arrenglerament dels mitjans amb opcions ideològiques concretes que ha derivat a una veritable guerra entre ells. Es pot debatre si aquesta realitat és la causa o la conseqüència de la divisió que experimenta la societat catalana actual. Però és una realitat indiscutible.

El rigor i l’objectivitat informativa queden per darrere de la cursa política en què estan engrescats aquests mitjans. Massa ciutadans només es creuen les notícies que els expliquen els mitjans amb els quals sintonitzen i menystenen les que publiquen els del bàndol oposat. Consideren veritats immutables les que divulguen els ‘seus’ mitjans i desautoritzen les dels adversaris. "Vès, què han de dir aquests?", exclamen quan es neguen per donar per bona una informació que no els agrada apareguda en un mitjà de la trinxera rival.

En aquest context, què han de fer els periodistes que surten de les nostres universitats? No se’ls pot amagar la realitat i ells en són prou conscients. Saben que segurament els serà més fàcil trobar feina si es signifiquen com a propagandistes d’una determinada filosofia política que si demostren unes qualitats professionals excel·lents. Topen amb una doble barrera. Han de sumar l’acceptació a aquesta disjuntiva la precarietat laboral que els ofereixen.

Ser periodista a Catalunya avui és complicat. Ser jove periodista a Catalunya ho és especialment. 

L’únic consol que tenen és que el que pateixen i patim aquí no és altra cosa que la mateixa situació --corregida i augmentada, això sí-- que es viu a la gran majoria de països del món.

A hores d’ara és més dur que mai ser periodista amb idees progressistes i treballar en un mitjà de dretes o no ser independentista i treballar en un mitjà que ho és. I a la inversa.

És pretensiós donar consells a les noves generacions de periodistes que surten de les facultats. L’únic que se m’acut és que, passi el que passi i els toqui treballar on els toqui, sempre és millor fer la feina ben feta que de qualsevol manera. Els serà útil si algun dia poden exercir la professió sense necessitat de fer-ho des d’una de les dues trinxeres des de les quals es fan la guerra els mitjans actuals.

28 ago. 2017

Repartidors de carnets de bon i mal periodisme

Xabier Barrena
Sempre he dit que el Periodisme dista molt de ser una ciència, si per tal entenem quelcom d'extrema dificultat. Ja entenc que, a l'hora de parlar dels mitjans, passa una mica com en el futbol, que tothom és entrenador. Ara bé, em sorprèn la quantitat de comentaris de persones alienes a aquest món que pretenen aprofondir en l'entorn periodístic. Tothom sap perfectament els límits de l'ètica periodística. Tothom sap, exactament, quan una foto és massa o no. Tothom ha passat per una redacció, sembla. És meravellós.

Punt i apart mereixen els comentaris d'altres periodistes. Ja sigui en exercici en un mitjà o bé en un gabinet de comunicació. Aquí el que em meravella és el seu sentiment de superioritat. La manera en com otorguen carnets de bon i de mal periodisme. Són gent que, ràpidament, assoleixen que el gruix de la població els passi la mà pel llom. Ells són bons i s'abracen. No importa que alguns d'ells tinguin els peus de fang. Creuen, sens dubte, que la memòria és feble. I potser tenen raó.
Només potser.

Fotos amb nens que alguns no haguessin publicat mai per "sensacionalistes"...

... però que han passat als annals del fotoperiodisme i han servit per il·lustrar --i denunciar-- diferents episodis infames de la Història universal dels últims segles.

Nens en una mina britànica, el 1911. (Autor desconegut)

La Gran Depressió als EUA (1920-30). (Autora: Dorothea Lange).

Gueto de Varsòvia, sota els nazis alemanys (1943). (Autor: Jürgen Stroop). 

Nens fugint d'un poble vietnamita bombardejat pels EUA, el 1972. (Nick Ut, d'Associated Press) 
Atemptat d'ETA contra el cuartel de la Guàrdia Civil a Vic, el 1991. (Pere Tordera)
La nena Kong Nyong, a Sudan, el 1993. (Autor: Kevin Carter).

El cadàver del nen kurd Aylan Kurdi, en una platja turca, el 2015. (Agence France Presse)

Omran Daqueesh, en una ambulància, després d'un bombardeig a Alepo (Síria), el 2016. (Reuters)