El quadern dels periodistes apocalíptics, integrats, optimistes i/o solidaris

EL QUADERN DELS PERIODISTES APOCALÍPTICS, INTEGRATS, OPTIMISTES I/O SOLIDARIS

16 sept. 2020

Hay que parar los abusos de la prensa indecente

Dardo Gómez*
España es uno de los países donde la confianza en el periodismo es más baja; además, solo el 42% de los españoles confía en los medios que consume habitualmente, un porcentaje que ha disminuido seis puntos en un año. Para colmo, el índice de periodistas que ni siquiera confían en los medios en los cuales trabajan son los más altos de Europa.

Distintos estudios atribuyen esta desconfianza, entre otras razones, a
Paco Marhuenda y Eduardo Inda, en La Sexta.

que muchos de nuestros medios se han convertido en altavoces oficiosos permanente de algún partido político; incluso algunos de sus directores han aparecido vinculados a las cloacas del poder. Asimismo, su dependencia de la publicidad comercial y/o institucional los convierte en maestros del disimulo o del silencio.

Es un tópico, pero no deja de ser cierto que los conflictos o las noticias negativas de determinadas empresas estratégicas o de algunas grandes tiendas nunca hallan espacio en los medios que esas corporaciones sustentan con su publicidad o que participan en su accionariado.

Durante las primeras semanas del confinamiento por la pandemia, el 77% de la ciudadanía ha considerado que los medios informaban de forma sesgada sobre el entorno del coronavirus, según la trinchera política en que militaba. Casi la mitad de estas personas manifestaban su disgusto por el trato sensacionalista de la información y por la alarma social innecesaria que se generaba desde esos medios.

No estamos hablando de un tema de raíz política, sino de una emergencia sanitaria internacional que ha conmovido a la humanidad, sin embargo, los medios españoles la han vivido sin abandonar sus trincheras partidarias y convirtiendo la angustia de la población en el caldo de cultivo de argumentarios, por lo menos, poco serios e, incluso, para difundir discursos de odio o propagar teorías aberrantes que vulneran los derechos humanos.

Este ejercicio de la maldad, al que se ha sumado gran parte de nuestros medios de comunicación, es defendido por ellos mismos y por algunas organizaciones profesionales igualmente irresponsables por el supuesto ejercicio de la libertad de expresión o de una falsa libertad de prensa. Ambos argumentos han sido reiteradamente aniquilados por los expertos en comunicación y por algunos juristas de probada solvencia; no importa lo que estos digan, los platos y micrófonos solo se abren a la prevaricación informativa.

Nuestro gozo en un pozo...


El advenimiento de los desarrollos digitales trajo, entre sus probadas ventajas, la posibilidad de generar nuevos medios de comunicación en línea a bajo coste. Estamos hablando de algo sin precedentes: la oportunidad de ejercer de verdad, la libertad de prensa. Algo, hasta entonces, solo al alcance de quienes tuvieran un capital monetario importante y, además, se quisieran jugar parte de él.

Ante esta posibilidad, muchos periodistas que sintieron que les había llegado el momento de liberarse de las dictaduras de aquellos editores que, por sus intereses políticos y/o económicos, les habían lastrado su desarrollo profesional y, también, satisfacer el derecho a la información de la ciudadanía.

Se han hecho algunos productos online de excelente factura y, sobre todo, se pudo romper con el elitismo ancestral de los editores señoritos y se abrieron paso nuevas formas de financiación con participación ciudadana. Así, surgieron cooperativas de periodistas, accionariados de lectores, 'crowdfunding' y otras fórmulas mixtas que, en su conjunto, invitaban a las personas a apoderarse de la información apoyándose en una verdad: “La información la haces o te la hacen”.

No todos los intentos han alcanzado el respaldo comercial que asegurara su futuro; pero son varios los que resisten los embates de las crisis y que se han ganado un público leal haciendo periodismo honesto y abriendo el mercado a nuevos proyectos de comunicación.

También es cierto que este ejercicio de independencia los ha llevado a renunciar a según qué tipo de publicidad, a ser despreciados por las pautas publicitarias de las administraciones acostumbradas a comprar los favores de los medios; todo lo cual hace que lo estén pasando de todos los colores para no ser asfixiados por las crisis que llegan en oleadas continuas.

Si estos medios han vivido algún fracaso ha sido un fracaso de todos; por lo menos, de los que confiaban (confiábamos) en que el perfil de estos nuevos medios podía llegar a provocar algún cambio positivo en el tratamiento de la información de los grandes medios comerciales.

Nada de nada; ellos han seguido fieles a sus conductas inmorales y corruptas. Porque inmoral y corrupto es informar de maneras sesgadas, silenciar la información o elevar a la categoría de alarma noticias que no lo justifican. Y todo ello de forma orquestada y, en algunos casos, coordinada.

No habrá autoregeneración de los medios


Las circunstancias únicas y desgraciadas que nos han llevado a esto que llaman “nueva normalidad” hizo pensar a gran parte de la humanidad que esa normalidad nueva habría de ser una ruptura con la anormalidad que nos había llevado a vivir la crueldad de una pandemia que, tiempo al tiempo, está destapando todas las atrocidades que parecen estar en el pecado original de una sociedad que postergó el cuidado de las personas y encumbró la avaricia como modelo a seguir.

En esa avaricia se gestaron el abandono de la salud pública, la negación de la progresiva destrucción de nuestros recursos naturales, la esclavitud laboral de parte de los habitantes del planeta para favorecer el consumo 'low cost' de la parte más favorecida, la explotación alocada e indocumentada de selvas y mares... En fin, es innecesario seguir con la enumeración de las barbaridades que nos han traído hasta aquí.

Todas o casi todas ellas fueron denunciadas a lo largo de decenios y a lo largo de los mismos fueron silenciadas o disimuladas por las grandes corporaciones de la comunicación masiva. Las mismas que brindaban kilómetros de papel y minutos interminables a los cómplices de tanto desatino.

En la ejecución de estos actos criminales contra la humanidad, que incluyen las invasiones militares en varios puntos del planeta, el abandono de migrantes a la voracidad de los mares, la desertización que propicia las hambrunas, fueron cómplices necesarios las grandes corporaciones de la comunicación.

Por eso, cupo la esperanza de que los directivos de esos medios o los miembros de sus accionariados hicieran algún gesto de humanidad y se plantearan la necesidad de contribuir a esa imprescindible nueva normalidad.

'Lasciate ogni speranza voi ch'entrate'; rezaba el frontispicio del infierno imaginado por Dante; pues eso, abandonemos toda esperanza en la autoregeneración de esos medios.

Una mini reforma comunicacional, porfa...


Sin embargo, no cabe la resignación ante ellos; son tiempos de exigencia para salvar este estado de corrupción de nuestro sistema comunicacional y, lo primero, es tomar conciencia de que esta situación no deviene de una casualidad ni es fruto del azar.

Estamos sometidos a un sistema comunicacional que la desidia, miopía y abandono de responsabilidades del Estado ha dejado en manos de lo mejor de cada casa; una dejación gravísima, porque significa haber confiado a las empresas de comunicación la custodia de parte de nuestros derechos humanos. A lo largo de los años los derechos a la información, a la expresión, a la intimidad, al honor y algunos más han sido maltratados y vulnerados de manera sistemática por esos empresarios ante el silencio de nuestros administradores.

Sin embargo, este Gobierno de la nueva normalidad tiene que asumir que el estado de la comunicación pública en España es un problema real, grave y que requiere urgente respuestas. Se ha entronizado la falacia de que los ciudadanos tienen la libertad y el criterio suficientes para saber elegir el medio más idóneo por el cual pueden informarse. Todos sabemos que eso no es verdad; al monopolio informativo de las contadas agencias internacionales se suma la corrupción generada por las noticias pagadas por las administraciones o las grandes corporaciones que deja en la indefensión y el engaño a gran parte de la población.

También sabemos que la tan manoseada libertad de prensa no les concede a los medios ni a los periodistas el derecho a abusar de la ciudadanía menos informada, de acosarla con mentiras interesadas en sus momentos de mayor angustia, de agredir como sistema a determinados colectivos sociales y a sistematizar los mensajes de odio como herramienta política.

La desinformación se nos está imponiendo por la ley del más fuerte; algo que las democracias modernas no deberían permitir, porque lo que se pone en peligro son las propias libertades democráticas que todo gobierno electo bajo esos parámetros tiene la obligación de proteger y de garantizar a sus gobernados.

La actual coalición que Gobierna al Estado español tiene los respaldos de numerosos dictámenes de las organizaciones europeas que lo están facultando para intervenir ante el escándalo de un sistema comunicacional corrupto que socava todos los valores de nuestra sociedad y que está exigiendo la necesaria respuesta legal que ponga coto a tanta infamia.

Tranquilizo a todos, no estoy hablando de una ley de comunicación; aunque más necesaria que el agua, la miopía de la mayoría de nuestro parlamento la hace inviable. Sin embargo, creo que un mínimo de sensibilidad democrática y de respeto por los derechos humanos de la ciudadanía serían suficientes para que se dictaran normas que dejaran claro a los jueces --de acuerdo con numerosos fallos y pronunciamientos de organismos internacionales-- cuáles son los límites de la libertad de expresión y los alcances de la libertad de prensa.

*Dardo Gómez es expresidente del Sindicat de Periodistes de Catalunya (SPC) y exsecretario general de la Federación de Sindicatos de Periodistas (FeSP). Artículo publicado en 'El Observador de Málaga'.

21 ago. 2020

"Periodistas, terroristas"

Gil Toll
La manifestació de centenars de persones a la plaça de Colón de Madrid contra les mascaretes i la resta de mesures preventives contra la pandèmia de la Còvid 19 ha deixat molta gent bocabadada.

L'actitud de rebuig a les normes sanitàries és més comuna del que
Manifestació antimascaretes a la plaça de Colón de Madrid.
sembla, tots hem vist gent pel carrer sense mascaretes i actes socials en els que no es respecta la distància de seguretat entre persones.

Però aquest grup de manifestants va més enllà de la desídia i s'enfronta políticament a la societat organitzada per reclamar una pretesa llibertat que atempta contra la col·lectivitat.

Un dels eslògans cridats pels manifestants era el de "periodistas, terroristas" per posar de manifest el suposat paper d'entabanadors dels professionals de la informació, sense distinció de mitjans o ideologies.

Hi va haver escopinades a les càmeres i intents d'esquitxar els periodistes amb l'aigua de la font de la plaça.

D'aquesta forma els manifestants pretenien utilitzar el tòpic que diu que els periodistes estan al servei del poder per controlar la societat.

Hi ha un fons de veritat en aquest control que sovint es denuncia, però en aquest cas ens trobem amb l'altra cara de la moneda.

Una cara que correspon a la de la funció social que el periodisme encara exerceix malgrat totes les pegues que es puguin posar al sistema comunicatiu.

Els mitjans de comunicació transmeten la informació de les fonts més autoritzades de la sanitat mundial per benefici dels ciutadans des de fa mesos amb una dedicació indiscutible.

Pot ser que aquesta dutxa diària d'informació que reben els ciutadans provoqui el cansament de molts i que alguns vagin més enllà i es neguin a creure allò que veuen a la televisió, escolten a la ràdio o llegeixen als diaris digitals o en paper.

S'ha dit que els manifestants són negacionistes i el terme és molt encertat. Ve dels que han negat grans tragèdies històriques, com l'holocaust del poble jueu, o evidències científiques, com el canvi climàtic.

Els negacionistes que criden "periodistas, terroristas" simplement estan negant la millor faceta de l'espècie humana, que és la capacitat de canviar d'opinió davant de nous fets que qüestionen l'estat de coses.

És així com ha evolucionat la humanitat i ha estat capaç d'arribar a les actuals condicions de vida. El periodisme ha contribuit a aquesta trajectòria els últims dos-cents anys, que han estat els de més accelerada evolució.

L'aparició dels negacionistes de forma tan destacada ens ha de motivar a estudiar el fenomen enlloc de rebutjar-lo. Conèixer com funciona ens pot ajudar a idear formes d'atacar-lo i reduir-lo pel bé de tots. 

26 jul. 2020

Catalunya Ràdio grinyola

Carles Blanco
La sobtada dimissió de Mònica Terribas del matinal de Catalunya Ràdio perjudicarà en primer lloc l’emissora, en termes d’audiència i també la imatge d’uns mitjans públics que, per molt que els informes del Consell Audiovisual de Catalunya (CAC) construeixin relats exculpatoris, són cada cop més qüestionats per la seva instrumentalització governamental i per la inoperància en la gestió d’un Consell de Govern en descomposició i que ha perdut fa temps la seva legitimitat.

Carles Puigdemont i Mònica Terribas,
en una imatge d'arxiu.
Ja sigui per un combat d’egos, es tracti d’una venjança o d’una conspiració política contra la quota d’ERC a la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals (CCMA), aquesta lluita de trons té més de passional que de florentina i Terribas ha fet tant de soroll com ha pogut. Ho ha fet una mica a l’estil del Ned Flanders, dels Simpson: “Aquí hi ha una coseta que grinyola una miqueteta”. Llenguatge per a iniciats. Sort que en la sessió de control de la CCMA, els diputats Francesc Dalmases i Eduard Pujol ho van traduir clar i català: “Saül Gordillo grinyola”. El director fa grinyolar la màquina.

Caram!, que senzill!, devia pensar Núria Llorach, doncs traiem al director i la màquina (quina màquina?) ja no grinyolarà. La vicepresidenta, que porta en funcions de presidenta quatre anys sense que el Parlament l’hagi votada, ha estat sempre molt disciplinada en tots els càrrecs en els quals Convergència i els seus descendents l’han anat col·locant al llarg de tota la seva carrera. Així que va convocar les restes del naufragi del Consell de Govern -els quatre consellers que mantenen la cadira amb mandat caducat des de l’any de la picor- va cridar a capítol a Gordillo i suposem que el va renyar i també acusar de fer grinyolar Catalunya Ràdio i va demanar una votació per fer-lo fora. La va perdre; millor dit la va empatar i no va prosperar, després va fer volar coloms sobre com s’haurien de triar els directors en el futur i en això tots van estar d’acord.

Una operació política o un guinyol? Tot això succeïa la setmana següent a què hipotètiques dates sobre les pròximes eleccions catalanes comencessin a circular per les redaccions. Si mirem uns anys enrere, podríem tenir la temptació d’establir paral·lelismes amb la situació que es va viure pocs mesos abans de les eleccions del 2010, també en un marc d’inestabilitat a la CCMA -després d’haver intentat l’aplicació de la nova llei aprovada pel Parlament-, quan la marxa sobtada d’Albert Sáez de la direcció de la Corporació va obrir una guerra pel seu control entre CDC i ERC, que acabaria amb les esperances de alliberar-la del control governamental i, a la llarga, amb la mateixa Llei.

En aquests moments, els càrrecs d’influència en la CCMA estan repartits entre els dos partits del Govern, de manera que Saül Gordillo, forma part de la quota d’ERC, així com el director d’informatius de Catalunya Ràdio, Francesc Cano, de llarga trajectòria professional a l’empresa, té profundes arrels al món convergent. El cessament de Gordillo, doncs, podria comportar el trencament d’un equilibri que comprèn també els mateixos càrrecs en exercici a TV-3 i provocar una nova fissura en la ja de per si tensa relació entre els partits de govern. Però és aquest l’objectiu? Surt a compte?

Núria Llorach va ser molt ràpida a demanar el cessament de Gordillo però no s’ha d’oblidar que tenen comptes pendents: amb la justícia i entre ells. Ambdós estan processats per desobediència en relació amb els espots publicitaris del referèndum de l’1 d’Octubre i davant el jutjat han intentat donar-se la culpa l’un a l’altre en diferents ocasions. Colombo, probablement, veuria aquí el mòbil d’una venjança.

Però què va passar entre Saül Gordillo i Mònica Terribas per provocar una ruptura tan teatral d’un dia per l’altre? Segons s’ha dit, el nou contracte estava signat, acceptant les condicions reclamades per Terribas; el tema econòmic estava resolt i l’autonomia editorial del programa, mal que bé, consensuada. Aleshores? Gordillo té un caràcter sanguini i Terribas té una altíssima consideració de si mateixa. Les coses es van sortir de mare?, crits; cops a la taula; paraules no contingudes a temps? Com als culebrots de la tele?

O hem de veure un propòsit i fer cas als qui especulen que Terribas podria fer el salt a la política o que simplement se li ha fet petit el matí de la ràdio. Potser el mercat decidirà.

Paradoxalment, sempre s’ha vist la Mònica Terribas com una persona propera a les tesis d’ERC, tot i que Artur Mas la considerava una noia una mica rebeca però dels seus i de fet, durant moments molt crítics del seu mandat, com les tremendes retallades en la sanitat pública, el 15-M o l’assalt al Parlament, era Terribas qui dirigia TV-3 i, ara, han estat els diputats de Junts per Catalunya els que han sortit valerosament a defensar-la de les (de moment, desconegudes) ofenses infringides pel Saül Gordillo, aquest brutot que hauria de ser castigat, perquè així Catalunya Ràdio no grinyoli més.

24 jul. 2020

"Aquí es juga, detingueu els responsables!"

Santi Capellera
Molt del públic oient i alguns opinadors, que no en saben de la missa la meitat, semblen molt agreujats, es posen les mans al cap i es trenquen els vestits per la notícia de la sobtada sortida de Mònica Terribas de Catalunya Ràdio, com si aquest fet els afectés personalment i moral i els llevés algun dret com a ciutadans de la societat catalana.
Saül Gordillo i MònicaTerribas
en una imatge d'arxiu. (Adrià Costa)
I res més lluny del convenciment innocent, o no, de totes aquestes persones de creure's ser part perjudicada de tal "injustícia". De fet, no n'hi ha cap de part perjudicada, excepte Terribas, i no pas per res més que pels quantiosos dividends públics que tant ella com el seu equip extern deixaran de percebre des de la CCMA la temporada vinent.

Es tracta, com fa anys que s'esdevé en aquest mitjà de la Generalitat i com sempre ha passat a la vida, de poders i egotismes (els malvats egos personals) i del joc de trons estratègic per situar-se en el tauler d'escacs professional i polític en la millor posició possible. Messianisme irreductible, a veure qui la té més llarga, sobre actuació i prou. Intentaré explicar-me.

Del 1985 al 1987 vaig treballar a la casa i això ja passava a dojo. Personatges dèspotes i poc humans que es miraven el melic i que estaven pel damunt de la resta i del bé i el mal. No cal citar ningú ni donar noms, perquè qui va treballar allà dins com jo fa 35 anys m'entén perfectament i sap de sobres a quina mena d'ídols de fang em refereixo. També exercia el seu poder la majoria (socialista) de treballadors, comitè d'empresa inclòs, que tenia acollonida la direcció convergent perquè, simplement eren molts i moltes més. I la direcció a callar i a adaptar-se. Què els quedava, si no volien vagues o boicots que no els interessaven de cap manera? Ja tenien un comissari polític que, més o menys, pactava amb els editors els continguts i tot arreglat. Les vaques sagrades cobraven bé, i algunes molt bé. Altres no en teníem ni per menjar. I mentre, el comitè d'empresa s'ho mirava de lluny com si la cosa no anés amb ells. I no passava res. Res de res. Se'n diu, poder. I avui, a Catalunya Ràdio i arreu, encara passen sovint aquestes coses.

Una baralla de gallets


Quan la locutora estrella de la ràdio pública catalana, de qui depèn la gran majoria de l'audiència (un altre greuge comparatiu amb la resta de programes, tant per pressupost com per promoció), sap que té la confiança de molta gent rellevant. Quan, a més, aquesta locutora es queixa fa anys que "els polítics" la van fer fora de TV-3 (dit i reiterat per ella), sumat a que és algú acostumat a manar, a decidir, a fer i desfer, i a sobre és una dona amb molt de caràcter i una personalitat que arrasa, és complicat que se subordini a cap norma, a res ni a ningú. Ni tan sols al director, que es diu Saül Gordillo. I com que això és el que passa, al final l'entrellat esdevé una lluita entre dos gallets que sí que és personal. I tant si era personal. I en això Terribas va mentir per omissió i no va parlar clar. Només va empastifar dient que "la cosa grinyolava". Què grinyola? No ho va dir. Ja se'n va guardar prou.
 
Al meu parer, la periodista va forçar una sortida victimista, poc digna i esperpèntica que va anunciar per antena en el darrer moment i de manera poc transparent, la qual cosa va propiciar que l'opinió pública (interessada o no) i l'audiència carreguessin contra Gordillo. 

I en context d'aquest riu revoltat i llòbrec, Núria Llorach, la directora de la CCMA (en funcions i per tant, feble), entra en escena perquè veu l'ocasió d'afavorir els seus interessos polítics -en plena guerra entre ERC i el PEDeCAT- i proposa cessar el director a qui culpa de tot l'embolic. Una proposta sense cap èxit, naturalment. Què es pensava Llorach? Que ERC es quedaria sense el director a qui va proposar en el càrrec i ella decidiria què passava o no a Catalunya Ràdio? Doncs, no. Desautoritzada en la seva decisió, en perdre la votació ha de fer marxa enrere. Tot plegat és pueril, ridícul i fa basarda. I no cal ser gaire llarg per adonar-se'n: n'hi ha prou amb ser un periodista que va cap a vell i que coneix una mica el món dels mitjans i de la política. I els polítics. 

Ara, l'entorn laboral s'escandalitza i avisa i posa condicions de cara a la pròxima temporada. Com aquell que desconeix completament el context i tot li ve de nou. Els passa com a l'inspector en cap de policia de la pel·lícula 'Casablanca' (EUA,1942, dirigida per Michael Curtiz i protagonitzada per Humphrey Bogart i Ingrid Bergman), que quan s'adona que ja no pot tapar més el joc il·legal i en augment del casino clandestí del Rick's Café, i per por de ser descobert i empaperat per complicitat, connivència i nepotisme, un dia, tot just acabar de cobrar de l'establiment la mosca periòdica en un sobre ple de bitllets, després de guardar-lo bé a la butxaca de la gavardina diu esperitat als seus agents mentre surt del local: "Aquí es juga, detingueu els responsables!". Doncs, això.

21 jul. 2020

El 'Challenger' no esclata cada hora

Josep-Maria Ureta
El 28 de gener de 1986 totes les escoles dels Estats Units estaven connectades a un nou canal de televisió de 24 hores en directe que es deia (encara avui) CNN. Per primera vegada una mestra, Christa McAuliffe, els faria classe des de l’espai a bord del transbordador 'Challenger'. Era migdia als EUA i l’enlairament va fallar al cap de 73 segons. La nau es va incendiar per un error tècnic. La tragèdia no només ha passat a la història de l’aeronàutica, també a la del periodisme per un fet sense precedents: un accident en directe visible a tot el mon (ep! en aquella època la CNN, a banda dels EUA, només tenia subscripcions molt comptades, generalment mitjans informatius, agències, hotels, etcètera d’altres països). 

Era el darrer pas de l’immediatesa informativa després que el 19 de
L'accident del transbordador espacial 'Challenger', al 1986.
juliol del 1969 es va veure en directe l’arribada de tres astronautes a la Lluna (negacionismes a banda): una catàstrofe inesperada i en directe. Però el 'Challenger' va desfermar una tendència mundial que encara dura, els canals de 24 hores. Un cop creat el monstre, cal alimentar-lo, no sempre es veurà un accident en directe. S’imposen els butlletins en bucle a l’espera de la connexió d’alguna novetat inesperada. I com que no és segur que passi, s’introdueixen tota mena de connexions en directe per saber, la majoria de vegades, que ‘no ha passat res des d’una hora abans. Ja sigui una reunió que s’allarga, un judici, una protesta, la majoria dels redactors es limiten a dir que no hi ha novetat. Ja els anys 60 es feia el diumenge el carrusel del futbol i el ja clàssic “¡Goool en Los Cármenes!”. Ara és universal. 

Tot un procés de banalització del (fals) periodisme que té mil maneres de dir que no ha passat res de nou. Si no és nou, ¿és noticia? 

Fa uns dies hem tingut un episodi d’aquesta banalització amb prou ressò inesperat: ha estat noticia. Juan Ballesteros, un periodista de TVE que des de Toledo el dia 16 de juliol va dir a les 11 del matí, en rigorós directe que “Tenim 37 graus, la temperatura del cos quan no té febre, i es normal perquè l’estiu fa calor”. I rebla: “Soc sota el sol com em demanen [s’entén que els de la redacció de Madrid] i no cal que recomani que amb aquest calor no s’hi ha d’estar. Torno la connexió perquè estic segur que els companys tenen coses més interessants per explicar”. I apa, ja estan les xarxes socials i l’addicció a opinar de tot sense saber-ne gaire posant-se a favor o en contra del company Ballesteros, que fa 23 anys que fa de reporter. Estalviem, per previsible, els que diuen que ha faltat al respecte als meteoròlegs. I d’altres, molts, que agraeixen que per fi algú digui i reconegui que no hi ha noticia i ho faci amb originalitat. I que consti: a la crònica hi dona, per descomptat, totes les dades necessàries per deduir que, efectivament, fa calor. 

El que sí val la pena és llegir l’article que fa Juan Ballesteros a eldiario.es. La paraula “cuñadismo” per explicar el què i el perquè de la seva crònica, inesperadament redifosa, és la més encertada. 


Ballesteros sap passar de l’anècdota a la categoria i fa be de demanar una reflexió ben seriosa sobre la progressiva banalització del (fals) periodisme, i el model dominant de com s’ha d’informar del no res, ben solemnement, als canals de 24 hores. Una informació redundant, buida i que per si li faltava poc, el reporter encara ha de preguntar a la gent si “té calor”. Degradant. 

La informació meteorològica, tanmateix, és un referent que cap emissora descuida. Un altre seguidisme irreflexiu del model dels EUA, on aquesta informació és concep des de sempre com un espectacle més. I aquí, tots a copiar, sense tenir en compte que els EUA son un continent amb molta variació de meteorologia de costa a costa. Aquí, el mateix, estirant com es pot allò que és simplement anecdòtic. I de fa uns mesos, TV-3 ha introduït la variant sublim de que “tots som meteoròlegs” i cada dia cedeix uns minuts de glòria a espectadors que, de seguida, han après la cançoneta: “Bon dia des de Samarruga. Son les 7 del matí, ha sortit el sol i al fons hi ha núvols”. Costumisme genuí, dit amb suavitat. A l’altre extrem encara hi ha la denúncia híper-purista de les forces reaccionàries que sospitaven que el mapa de Catalunya destacat deixant en l’ombra la resta de la península era una decisió ideològica que cal denunciar. 

El 'model Ikea' de periodisme


El periodista alemany Frank Schirrmacher va publicar fa sis anys un memorable assaig titulat simplement 'Ego', un repàs a l’evolució del (mal) periodisme. Una de les analogies que proposa es interessant, el que anomena model Ikea. Entres per una porta i és igual el què vagis a comprar: has de seguir sisplau per força un itinerari que altres han decidit i has de veure tota mena de despatxos i habitacions que serien ideals a casa teva. Falsa sensació d’amplitud: hi falta la quarta paret i el sostre. I has de seguir fins la porta de sortida, encara que només volguessis un coixí. Així funciona un canal 24 hores, i des de fa uns anys, tots els diaris digitals i els vegetals que aspiren a ser també digitals i no ho seran mai perquè son dos models diferents, com ho son la ràdio i la tele. 

Però el cas de la meteorologia a la televisió és apart. Té una avantatge, no es pot manipular perquè és universalment comprovable si ha plogut o no. Que faci fred o calor és també una sensació individual. Però durant anys la 'méteo' ha estat un arma informativa controlada pels militars, que consideraven una dada estratègica. Ara qualsevol de nosaltres porta un meteosat a la butxaca. Però som com som i com més sabem més volem que ens ho confirmi un altre. La màxima deformació que hi he vist és quan a principis de TV-3, el creador de la informació del temps –i recuperador de bona part del llenguatge perdut quan Catalunya era només el “nordeste de la Península”--, Antoni Castejón, va rebre una carta informant-lo de que el ple de l’Ajuntament de Camprodon havia acordat demanar no sortir al mapa del temps perquè semblava que “a Camprodon sempre hi plou” i això els espatllava el turisme. Que subtil és la censura. 

Valdria la pena rellegir la proposta de Juan Ballesteros, plena de sensatesa i lucidesa sobre el deteriorament del (no) periodisme de 24 hores. I com explica que treballant a un centre regional de la molt centralista TVE, haver de sortir cada hora a dir una obvietat l’està restant temps del reportatge que estigui fent per l’informatiu regional. Model Ikea que tan bé practiquen els responsables de les cadenes, públiques i privades. 

Bé, i que no s’enfadi el gran comunicador Tomàs Molina. L’incendi, que no explosió, del 'Challenger' va ser causada pel defecte d’una de les peces més insignificant de les més de 20.000 que componen una nau espacial, una anella de neoprè del tanc de combustible que separava hidrògen i oxígen. Senzilla i barata. Però en enlairar-se l’aeronau aquesta anella ('o-ring', anell en forma d’o) va fallar perquè tenia trossets de gel, atès que la nit anterior havia fet més fred del previst i algun dels responsables de l’enlairament, es va dir desprès, va dubtar d’ajornar la sortida. Amb tot el país en directe, es va descartar. Haver fet cas dels meteoròlegs seria un argument ben actual quan tothom sabia lo de la pandèmia... Millor deixar-ho aquí. 

15 jul. 2020

El dedo, la luna y la necedad corporativa

Dardo Gómez*
“Cuando el sabio señala la luna, el necio mira al dedo”. La máxima es de Confucio y bien conocida, pero parece que poco comprendida por el colectivo periodístico español. A riesgo de resultar pedante, lo explico: no es necesario que el dedo sea de un sabio; en realidad, no importa de quién es el dedo. Basta con que la luna esté allí y solo a los necios les importa quién es el dueño del dedo. Lo importante es la evidente, innegable y soberbia existencia del astro.

Entre las penurias sociales que conviven en el espacio español la
Pedro José Ramírez, Luis María Anson y Luis del Olmo.
corrupción informativa es tan evidente e innegable como la luna de Confucio y solo la necedad corporativa de ciertos informadores profesionalistas y de sus organizaciones lleva a negarlo o a perseguir a los que señalan esa corrupción.

Este mal está tan extendido entre nosotros que no solo afecta a las grandes corporaciones privadas de la comunicación; desde el Cantábrico al Mediterráneo, salvo la honrosa excepción de la barcelonesa Betevé, la totalidad los espacios de noticias de nuestros medios públicos son un alarde de prevaricación informativa.

Es de perogrullo que no hay corrupción sin corruptos y que estos no existirían sin sus necesarios corruptores; lo cual hace evidente que detrás de ellos hay una necesaria trama, complot o banda de compinchados para sacarla adelante.

La trama de la Asociación de Escritores y Periodistas Independientes (AEPI), más conocida como el “sindicato del crimen”, fue creada en 1993 por notables periodistas con el único objetivo de hacer cierto el “váyase señor González” de Aznar

Ente los complotados figuraban nombres como los de Luis María Anson, Pablo Sebastián, Luis del Olmo, Pedro J. Ramírez, José Luis Balbín, Manuel Martín Ferrand, Antonio Burgos, Antonio Herrero, José Luis Gutiérrez, Julio Cerón, José María García, Federico Jiménez Losantos, Camilo José Cela, Antonio Gala, Francisco Umbral, José Luis Martín Prieto, Antonio García-Trevijano, Raúl del Pozo y Julián Lago. Lo mejor de cada casa.

También las cloacas mediáticas de Jorge Fernández Díaz, cuando era ministro y lanzó su campaña para desacreditar a los líderes del independentismo catalán, pasaban por las redacciones dirigidas por periodistas afectos. En las conversaciones telefónicas filtradas del exministro con el exdirector de la Oficina Antifraude catalana aparecen, entre esos afectos, Casimiro García Abadillo, Bieito Rubido, Pedro J. Ramírez, Eduardo Inda... Ninguno de los nombrados ha negado su implicación.


Organizaciones para delinquir


La necesidad de la trama se aprecia con total claridad en el 'caso News Corporation' de Rupert Murdoch en Reino Unido; allí se compincharon medios, policías, políticos y, claro está, periodistas de confianza del editor australiano.

Todo está puesto negro sobre blanco en los miles de folios del informe Levenson que terminó “decretando” que no había forma de recuperar la decencia en el periodismo británico si no se profundizaba en las raíces de la corrupción informativa; para lo cual consideraba imprescindible la regulación de los medios con una autoridad oficial independiente que gestionara las malas praxis y las denuncias de las “víctimas de la prensa”, como se les denominó. 

Esto no ha llegado ante las fuertes presiones de los editores y de los políticos conservadores que quieren hacer creer que eso iría contra la libertad de prensa. Mientras tanto, varios policías y periodistas han ido a prisión y Murdoch tuvo que pagar gruesas indemnizaciones.

Ante la demora en la continuidad de la investigación que requería el informe del juez Brian Levenson, designado por mandato real, la movilización ciudadana ha creado dos organizaciones que luchan por una prensa al servicio de la información: HackedOff y Media Reform Coalition; esta última organiza un festival anual dedicado a debatir sobre la democracia en los medios.

Ambas cuentan con el apoyo del sindicato de periodistas británico, que ha sido pieza de la investigación Levenson como testigo “preferente”; ya que la National Union Journalist (NUJ) había denunciado en más de una vez la corrupción en los medios de británicos ante la Comisión de Quejas de Prensa (PCC), un organismo creado por los dueños de los periódicos para su autorregulación. Las denuncias de la National Union Journalist fueron reiteradamente archivadas por los corruptos reguladores de la patronal.

Las críticas de las tres organizaciones a medios e informadores son durísimas; pero a nadie se le ocurre que sean ataques a la libertad de prensa.

Historias paralelas y divergentes (I) 


La primera parte de esta historieta británica es similar a la del “sindicato del crimen” de Anson & Co. o la de las cloacas mediáticas de Fernández Díaz cuando era ministro, pero allí se acaban las similitudes con la corrupción informativa española.

Aquí no hay comisión investigadora independiente que destripe la porquería y la versión española de las acciones de la NUJ son el torpe disparate de los dueños de los medios, de organizaciones profesionales y de informadores que sostienen que esas denuncias (con nombre y apellido) son un ataque a la prensa y a la libertad de expresión.

Por supuesto, todos ellos vuelve a invocar la “libertad de prensa” --nunca ejercida por los grandes medios españoles-- y se desconoce, no sé si por ignorancia o por mezquindad, las exigencias para la opinión expresada que señala el Código Deontológico Europeo del Periodismo promulgado hace ya veintisiete años por el Consejo de Europa: “Si bien es cierto que en la expresión de opiniones por ser subjetivas, no debe ni es posible exigirse la veracidad, sin embargo se debe exigir que la emisión de opiniones se realice desde planteamientos honestos y éticos. La opinión referente a comentarios sobre acontecimientos o acciones de personas o instituciones no debe intentar negar u ocultar la realidad de los hechos o de los datos”.

Ni caso...

Historias paralelas y divergentes (II) 


También en Buenos Aires se está viviendo la tontería del negacionismo de la derecha y de la ultraderecha que, como aquí, se confunden en sus intenciones y con el mismo empeño desprecian a los inmigrantes o deliran sobre que la pandemia está siendo aprovechada por los gobiernos progresistas para implantar el comunismo y liquidar las libertades. Por ejemplo, instan a no cumplir el confinamiento o no utilizar las mascarillas sanitarias; además, niegan la existencia del Covid-19 y todo lo atribuyen a un complot del pertinaz comunismo chino.

También en las riberas del Río de la Plata hay tertulianos y presentadores que dan certificado de calidad a estos despropósitos y llevan a estos iluminados a sus programas o les han ayudado a publicar sus afirmaciones. Bajo el torpe pretexto de la “pluralidad”, claro está.

Como la Administración argentina los ha descalificado e incluso advertido de que puede iniciar acciones judiciales por el calibre de algunas afirmaciones difundidas ha despertado, allí también, el mantra del ataque a la “libertad de expresión”.

En realidad, lo que no existe –para medios e informadores- es la libertad de mentir, el derecho a conspirar contra la salud de las personas u organizar campañas de los medios con el fin de acabar con un político. Esto último también lo señala el Código Deontológico Europeo del Periodismo.

Esta historieta paralela a la española se ha hecho divergente el pasado 10 de julio, cuando más de mil profesionales de los medios de comunicación argentinos se han posicionado ante la ciudadanía y ante sus medios y han señalado en un comunicado que “las y los periodistas, como toda la ciudadanía, estamos sometidos al escrutinio público y a la ley. No tenemos privilegios. Y no toda crítica, por exagerada o injusta que sea, puede ser considerada como un ataque a la libertad de expresión”.

Estos profesionales han pagado de su bolsillo un anuncio de página para difundirlo con la firma de cada uno ellos en distintos periódicos. En él, también afirman: “En el necesario vínculo con el poder y las fuentes, tenemos reglas por cumplir. No vale todo". 

"Entendemos que la defensa de la libertad de expresión tiene una acción doble: nuestro derecho a informar y el derecho de la comunidad a informarse. Y entendemos a esa libertad de expresión como una conquista colectiva, no desde posiciones individuales ni sectarias. No es nuestra libertad, es de la sociedad". 

"Un mejor periodismo es decisivo para contribuir a una mejor discusión pública, sobre todo en tiempos tan complejos como estos, atravesados por la angustia de una pandemia”. 

Nuestras trincheras pestilentes


Me ha dado envidia leer a estos compañeros argentinos; me hubiera gustado acompañarlos con mi firma; como también me hubiera gustado jalear a la secretaria general de la NUJ cuando salía de la Comisión Leveson tras dar testimonio de las perversas actuaciones de sus colegas periodistas de 'The Sun', 'The Times' o 'The Sunday Times' contribuyendo a sus condenas.

Envidia sana, pero envidia al fin, alimentada por tantas conversaciones en las barras donde los colegas, tras comentar los pequeños asesinatos diarios al derecho a la información se resistían a admitir que estábamos en una pendiente de difícil retorno. 

Podíamos haber asumido la opción de denunciar de forma pública que nuestros patronos, desde la trinchera en la que habían decidido militar por ideología o por favores, estaban subastando la buena fe de sus lectores y vulnerando su derecho a estar informados, hasta donde nosotros se lo pudimos satisfacer.

No sé si aún estamos a tiempo o ya toca decir “el periodismo solo se murió y entre todos lo matamos”.

*Dardo Gómez es expresidente del Sindicat de Periodistes de Catalunya (SPC) y exsecretario general de la Federación de Sindicatos de Periodistas (FeSP) 

3 jul. 2020

'El País' i el veritable negoci dels diaris: acabar amb el periodisme

Gabriel Jaraba
Durant les pròximes setmanes haurem de seguir l’evolució del diari 'El País' d’acord amb els seus equilibris interns de capital i la presa de possessió de la nova direcció, després de la sortida de Soledad Gallego-Diaz i el seu adjunt, Joaquín Estefanía. El diari torna a ser l’objectiu dels qui observen com alguns poders econòmics i polítics prenen posició davant la resiliència de Pedro Sánchez al capdavant del seu govern de coalició.

Javier Moreno repeteix com a director i els qui no simpatitzen amb
ell aprofiten per destacar el seu paper previ com a executor d’un impactant ERO, mentre que hi ha qui confia en què, per dir-ho de manera simplista, retorni el diari pel camí pel qual volen empènyer-lo Juan Luis Cebrián y Felipe González. L’analista de la comunicació intenta mirar-s’ho amb una mica més de perspectiva i es fa no només la pregunta clàssica d’“a qui aprofita això?” sinó quin sentit té en una estratègia de llarg abast.

Avui dia la premsa impresa i, de pas, més d’una i més de dues cadenes privades de televisió, són negocis ruïnosos els dividends dels quals no es cobren en diners, sinó en influència o, si més no, en posicions associades a ambiciosos jocs de trons en els quals els senyors de la guerra politicoeconòmica volen pensar que fan més por de la que realment en fan. Quin periodista ambiciós no ha pensat en tenir el poder de posar i treure governs? És una ambició ben humana i legítima, al capdavall.

Però hom tem que ja hagi passat el temps de tot això i que ara siguin altres forces més complexes les que influeixen en aquests afers. Avui són només les esquerres i la seva concepció merament instrumental de la comunicació els qui creuen que els mitjans són totpoderosos i per això s’estampen un cop rere un altre contra ells; és el diner i el poder qui va persistint en un degoteig que, ara en clau de 'soft power', ara com a plantofada, va administrant determinats i graduals canvis en la concepció de com han de ser les coses.

Quan el PSOE se sentia cofoi perquè al seu primer govern González exhibia el suport imbatible de l’anomenat diari, combinat amb el de l’ingent xarxa de Radio Nacional de España, no s’adonava que una cadena com la COPE, de quarta fila i feta de pedaços arreplegats i de propietat eclesial, seria la que obriria la bretxa per la qual entraria un canvi cultural de tal abast que ni ara mateix encara no ens l’hem tret de sobre.

Una premsa de partit que no es confessa com a tal


Pedro Sánchez i el seu govern han sortit més forts del que semblava i per això cal escombrar d’una vegada l’últim vestigi de la premsa impresa de l’estat-capital que es pot assemblar a un diari liberal (el sedàs és tan fi que Zapatero torna a ser temut com a perillós esquerranista, vet aquí que alguns centristes socialistes han acabat pensant com l’extrema dreta italiana pel que fa a ZP). Avui dia, però, amb un diari no hi ha prou per fer caure un govern. Són els canvis lents els que compten i la capacitat d’introduir al cos social transformacions culturals de llarg abast.

La premsa espanyola, la catalana inclosa, és una premsa de partit que no es confessa com a tal i que, en tant que es comporta d’aquesta manera, creu que estem en temps de Cánovas i Sagasta i que té el poder de posar i treure governs. Mirem enrere amb perspectiva: quan González arribà a ser president, Blas Piñar era un apestat social; avui els jovenots i jovenotes que busquen parella al 'First Dates' es declaren seguidors de Vox amb tota naturalitat; transformacions de llarg abast, es diu la cosa. No sé fins a quin punt és rendible pels poders políticoeconòmics perdre diners amb una capçalera o altra, però si ens ho mirem amb perspectiva, certs canvis poden valdre realment la pena.

Ara bé, compte. I si ara ens estem equivocant nosaltres? I si raonem com si aquests diaris busquessin guanyar diners, incorporar lectors, obtenir influencia a l’opinió pública i en realitat no fos així? I si tot plegat es reduís a l’abandonament del periodisme com a producte i negoci perquè el negoci veritable i amb futur no són les notícies i els lectors? Si el negoci fos un altre caldria buscar perfils professionals d’una altra mena, com per exemple, en lloc de periodistes capaços de buscar notícies i explicar fets interessants, incorporar experts en el rendiment de la informació i del seu retorn en tant que dades d’audiència a internet, impulsades a cop de 'clickbait'.

Resulta doncs que el negoci dels diaris, o d’allò que encara anomenem així, ja no és el periodisme sinó les dades; d’aquí l’abandonament de la premsa de paper per part d’aquestes empreses. El producte conté noticies i històries però el que ven és en realitat els paquets de dades que s’hi apleguen en relació, un negoci d’abast mundial que ja no s’ha de preocupar de subministrar paper, plantes d’impresió i distribució transportada sinó del tràfic de dades digitalitzades. Aquestes dades són, certament, audiència, però constituïda en macrodades o 'big data' i en un negoci global. Aquest valuós producte –que a més surt de franc perquè el públic els hi regala- pot ser utilitzat en molts sentits, ja no únicament en el de la publicitat comercial sinó, com ens mostra ara mateix el trumpisme, dirigit directament a l’operativitat sobre l’electorat sense mediacions ideològiques: el triomf més rotund que qualsevol tecnòcrata pot somiar.

Un canvi tecnosocial com el del gas a l’electricitat


El negoci de les dades està encara en construcció, i d’aquí els moviments de posicions financeres mentre el producte va evolucionant. Probablement cap a mercats diversos, un de netament publicitari però un altre de més abast. Certament, els magnats de les dades saben que la crisi del negoci de la informació ha anat a parar a un descomunal canvi de dimensió del que és en realitat, el negoci publicitari. Fins ara el negoci dels mitjans era vendre l’atenció del públic, atreta i concentrada en objectius de caire publicitari i comercial, i guanyar aquesta atenció mitjançant l’interès adherit de continguts que tenien com a objectiu la informació i l’entreteniment. Ara, amb el negoci de les dades apareix la gran pregunta: ¿podrem acabar de prescindir d’una vegada dels maleïts continguts, cars de produir i problemàtics de gestionar amb periodistes, aquesta gentola que et mira a la cara i no abaixa l’esguard?

No és cap cosa nova que quan s’esdevé un descomunal canvi tecnosocial, les grans indústries dubtin primer, però trobin la manera d’incorporar-se al nou negoci. Està passant ara mateix amb el sector de l’energia: són les elèctriques les qui lideren el sector en expansió de les energies renovables, amb un peu encara al negoci original basat en el petroli. Però és que al segle XIX va passar igual quan les companyies de gas, que van inaugurar els enllumenats de les vies publiques de les grans ciutats i van dur energia a les llars, van témer primer l’aparició de l’electricitat, que podia dur-les a l’obsolescència.

Però de seguida es van reconvertir en elèctriques de manera gradual, lliscant de manera imparable cap a la nova energia, tot abandonant el vell negoci a l’obsolescència (va haver de ser un visionari com Pere Duran Farell l’home capaç de fer la reconversió del gas natural en veure el veritable futur que tenia la industria del gas en una època en que Catalunya creia en la indústria).

Probablement les grans empreses d’informació i dades encaren ara una estratègia semblant, sota la tutela de la gran banca i amb la política mirant d’arreplegar engrunes, dos coixins molt oportuns per acompanyar una transició problemàtica. Així, l’objectiu de les empreses periodístiques actualment existents seria acabar amb el periodisme però de mort més o menys lenta, tot tapant el negoci de la informació amb el de les dades fins completar-ne la transició. Aleshores, notícies, idees, narracions, periodisme, informació ja serien com el gas, de manera que cal anar treballant en el subministre d’"electricitat", la nova energía de les macrodades, tot acostumant els consumidors, mentrestant, a anar desconnectant de la vella il·luminació tremolosa i fluixa.

El tripijoc és gegantí perquè el negoci a la vista és descomunal i representa tot un canvi d’era cultural. Es tracta que el públic acabi abandonant el “gas” per la pròpia desafecció (com indica la caiguda del prestigi del periodisme i els periodistes i l’adhesió a una relació diferent amb la “comunicació” modelada pel que alguns autors ja anomenen “la gran mediatització”). L’electricitat, més cómoda i pràctica, s’anirà obrint pas, com sabem, perquè és fàcil i neta i perquè, un cop l’has provat, sembla que sempre hagi estat allà. Cal, mentrestant, vendre gas encara, però orientar el mercat cap a la nova tecnología que tothom desitja i a tothom pot beneficiar, fent veure que treballes encara en el negoci de l’enllumenat però enfocant l’estratègia cap a la veritable finalitat. D’aquí la confusió política momentània, que és una pantalla excel·lent per al propòsit.