El quadern dels periodistes apocalíptics, integrats, optimistes i/o solidaris

EL QUADERN DELS PERIODISTES APOCALÍPTICS, INTEGRATS, OPTIMISTES I/O SOLIDARIS

29 ago. 2013

Cualidades necesarias para ser un buen periodista


Gabriel Jaraba
Dentro de unos quince días comenzaremos de nuevo las clases en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UAB, y con ello, mi docencia en la asignatura de Escritura Periodística en Multimedia e Interactivos, en el segundo curso del grado en Periodismo. E igualmente llegará una nueva hornada de alumnos de primer curso, dispuestos a iniciarse en el camino universitario; mucha inquietud, bastante desorientación y enormes ilusiones. A los alumnos de ambos cursos suelo dirigirme a veces instándoles a que se planteen muy seriamente su vocación, el estado de su motivación y su capacidad de determinación para avanzar por una ruta que les ha de llevar a ser periodistas. Para describir ese punto al que se dirigen suelo decir que se trata de “la tormenta perfecta”. Si la profesión ha sido siempre azarosa y difícil, ahora parece una misión imposible, cuando tanto la industria de la información como la práctica del periodismo están sometidas a enormes interrogantes e incertidumbres. El reto es mayúsculo, y por tanto es necesario que el estudiante de periodismo se tiente bien la ropa para dirigirse a ese núcleo tormentoso que inevitablemente le espera.
La facultat de Ciències de la Comunicació de la UAB, a Bellaterra.

La mayoría de las profesiones requieren de mayor o menor componente voca- cional, pero en el caso del periodismo es necesario un cien por cien del mismo. ¿Cómo saber si alguien tiene una vocación sólida de periodista para poder serlo en el futuro? Examinando sus cualidades presentes, por ejemplo estas:

Curiosidad. El periodista es un ser curioso por naturaleza: todo le interesa, todo le interpela, todo le moviliza. Tiene los ojos siempre muy abiertos y no se le escapa (casi) nada. Si no te interesa la realidad, si cuando te despiertas no te lanzas sobre los medios para ver las portadas y los noticiarios del día, si cuando llegas a clase por la mañana no te sabes los titulares principales, a otra cosa, mariposa.

Voracidad lectora. El periodista lee de todo, lo lee todo, está todo el rato leyendo. De mi dicen, sarcásticamente, que leo las etiquetas de las latas de conservas. Es cierto. Es mi obligación. Lee todos los periódicos, webs de noticias, muchísimos blogs, repasa de cabo a rabo Twitter, y descubre a cada momento nuevas publicaciones que le informan, enriquecen y movilizan.

Humildad. El periodista es un escritor práctico; lo que aprende y conoce debe ser puesto en palabras escritas, videografiadas o radiadas que comuniquen noticias. Ese espíritu práctico le hace darse cuenta de que eso no es fácil, y que hay mucho que aprender. El periodista aprende continuamente, y eso le hace humilde. Sin esa humildad práctica se convierte en un 'enterao', alguien pagado de si mismo que cree que ya lo sabe todo. Un problema de los jóvenes actuales es que cuando ya son adultos permanecen peligrosamente apegados a ciertas formas culturales de lo que yo llamo la burbuja generacional adolescente. Un estudiante de periodismo debe romper la burbuja de sus gustos, opiniones e intereses para abrirse a los centros de interés que atañen a todos.

Puntualidad. Cuando un alumno llega tarde a clase le digo: “Si trabajaras en la tele habrías llegado tantos minutos tarde a la sesión de grabación en la que se te esperaba, y la sala de edición o el plató estaban funcionando ya hace tiempo, con el taxímetro de los costes de producción corriendo. Tu retraso perjudica el presupuesto de tu programa y el trabajo colectivo de tu equipo, y no hay excusa para esto. Lo mismo sucede si en un diario o revista entregas tarde tu pieza que debe ser impresa. Y no digamos en un informativo o programa en directo: despido instantáneo”. El periodismo no es una profesión liberal sino un empleo en una estructura industrial, y en ello, eficacia equivale a disciplina.

Compañerismo. Es mentira que el mundo pertenece a quienes dan codazos a los demás y compiten despiadadamente con los compañeros; las nuevas condiciones, duras y precarias, que esperan a los jóvenes periodistas se superan con cooperación, espíritu de equipo, innovación colectiva y audacia personal y grupal, pues ninguno de los retos e interrogantes que aparecen a la vista tienen solución individual. El periodista deberá ser innovador, y esa innovación solamente puede ser cooperativa.

Laboriosidad. Siempre se ha reclamado laboriosidad en todos los oficios y profesiones, pero ahora la laboriosidad es una de las formas que toma la audacia, otra cualidad propia de un periodista. Todos los grandes de la profesión han sido los primeros en llegar a la redacción y los últimos en irse, los que han estado horas y días al pie del cañón en las coberturas y corresponsalías. En la época del corta y pega, de la sumisión a los gabinetes de prensa y la masticación acrítica de los comunicados es el laborioso audaz, que insiste, persiste y resiste el que halla la pieza periodística que marca la diferencia.

Mirada crítica. El periodista es un profesional de la pregunta. Interroga a la realidad, a las fuentes, a la gente, sobre lo que sucede, para obtener retazos de verdad con los cuales comunicar al público lo que verdaderamente sucede. Sabe que la objetividad total no existe y tampoco una sola verdad unívoca, y por tanto cuenta solamente con su escepticismo para avanzar en la maraña de datos a veces contradictorios. La objetividad no existe pero la independencia sí: la mirada crítica es fruto de su actitud profesional y periodística: al servicio únicamente del público, y no de otros intereses, ni siquiera los de la empresa donde trabaja.

Bondad. La mala gente no puede ser buen periodista. Las malas personas que hacen periodismo, muy a la vista hoy en muchos medios, hacen un periodismo execrable; parcial, sesgado, que sujeta la información a la opinión y esta a intereses ajenos. El buen periodista, además de estar al servicio de la verdad desde la independencia, está siempre a favor de los débiles y los desfavorecidos. Hacemos periodismo para cambiar el mundo, y ese cambio solamente se puede dar apoderando a los que no tienen poder por medio de la difusión de la información y el conocimiento. Sin esa vibración interior de identificación con los débiles no se es buen periodista. Además, uno de los factores de éxito de cualquier (y subrayo lo de cualquier) medio es que de una manera mágica y muy sutil, el público percibe, también inconscientemente, el buen rollo o mal rollo con el que está hecho. Cuando notamos que un medio ha decaído en su interés, ha empeorado o no nos motiva como antes, seguro que también ha decaído el estado de ilusión colectiva con el que lo hacen sus periodistas. Esta regla de oro es ignorada sistemáticamente por las empresas y es una de las causas de su presente decadencia. Solamente hay buen rollo en los medios cuando quienes trabajan en ellos son buenas personas.

Seguro que me saldrían más cualidades necesarias, pero con estas ya basta para que sepamos si tenemos o no madera de verdaderos periodistas.

Ciudadano Bezos


Xavi Casinos
Regreso de vacaciones y me encuentro con el mundo de la prensa convulsionado aún por la compra del mítico rotativo ‘The Washington Post’ por el multimillonario fundador de Amazon, Jeff Bezos, y por cuáles son sus intenciones reales. Hay artículos para todos los gustos. Unos dicen que cree tener la fórmula mágica, el Grial del nuevo modelo de negocio que por fin devolverá la rentabilidad al histórico diario y por extensión al sector de los medios impresos. Otros pronostican que cerrará la edición en papel y tratará de ganar dinero comercializando los contenidos online a través de Amazon. Hay quien lo califica de simple capricho ególatra de multimillonario, equiparando la operación a la de otros magnates, como Warren Buffet y su adquisición de una treintena de periódicos locales, o John W. Henry, propietario del equipo de béisbol Red Sox, que le ha comprado ‘The Boston Globe’ a New York Times Co. Incluso he leído acerca de una presunta conexión con una conspiración de los Iluminati.

Solo Bezos conoce sus planes para ‘The Washington Post’. Lo único que sabemos es lo que él mismo ha comunicado al personal del diario, que podrá seguir trabajando con independencia, que habrá continuidad en el proyecto, y que incluso la familia Graham, propietaria durante casi un siglo, seguirá teniendo su papel en la dirección. Vaya, lo que se suele decir en estos casos. De Bezos sabemos que, por su experiencia con Amazon, es de los que no cree en el futuro de los diarios impresos y que piensa que acabarán por desaparecer en su gran mayoría, salvo algunas excepciones concebidas como productos elitistas. Asimismo, es partidario de los contenidos gratuitos en la red porque ya no hay marcha atrás en este gravísimo error del sector a escala mundial. Sin embargo, cree en la venta de contenidos para tabletas.

Pero analicemos algunos detalles. Cuando surgió Amazon, se decía que iba a acabar con los libros impresos. Se equivocaban. Amazon les dio una salida. Con quien acabó fue con muchas librerías. Eso no le ha impedido dar también un empujón al libro electrónico, comercializando incluso su propio lector, el Kindle, cuyo software es además compatible con ordenadores, iPads, smartphones y cuantas pantallas vayan apareciendo en el mercado. En su modelo de negocio conviven y dan dinero el papel y el online. Claro está que su modelo de negocio se basa en la distribución de contenidos. Habrá que ver cómo se las maneja ahora con ‘The Washington Post’, que es una fábrica de contenidos.

Puede que para Bezos la compra de ‘The Washington Post’ sea pura egolatría o que simplemente le haya convenido tener el control de un medio de comunicación influyente para su uso instrumental de sus negocios. Se calcula que la fortuna personal del fundador de Amazon es de unos 25.000 millones de dólares, según la revista ‘Forbes’. Pagó a los Graham por su diario 250 millones, es decir, un 1% de su fortuna. Las previsiones indican que ‘The Washington Post’ perderá unos 200 millones de dólares este año. No puedo resistirme a imaginar a Bezos en el papel de ‘Ciudadano Kane’ dirigiendo su ruinoso y recién adquirido periódico y frente a él un asesor financiero preguntándole por qué está en el negocio de la prensa perdiendo todo ese dinero. Y veo a Bezos-Kane respondiendo que quizá el año que viene pierda otros 200 millones, y otros 200 el siguiente. Efectivamente, se arruinará dentro de… 125 años.

20 ago. 2013

La mort del periodisme

Joan Barrera
Sé que formo part de la minoria, cada vegada més reduïda, que ens agrada llegir les notícies en fomat paper. No sé exactament la raó ni el perquè, ja que sovint quan obro el diari m'entra la sensació del 'dejà vu' suficient per admetre que és una tonteria gastar-se més euros en un producte al que alguns experts han posat data de caducitat. Sóc reincident i tot i les crides a deixar-ho estar (en tindria prou seguint les notícies per la Xarxa) cada matí em dirigeixo parsimoniosament al quiosc en busca d'un producte efímer, amb data de caducitat curta i amb uns continguts millorables.

Sé que tot el que dic és llençar-me pedres al terrat. Abundar en un error incomprensible per les generacions més joves, que han nascut amb la revolució digital i no hi entenen de fidelitats a una capçalera. Tant s'hi val, l'home és un animal de rutines, sovint incomprensibles.

Si em mostro d'una manera tan descarnada en relació al mitjans de comunicació en format paper no és per esnobisme. En tot cas, no m'agrada la idea que prediu la mort dels diaris, la trobo interessada, però no la descarto si continua l'actual deriva on la qualitat i el rigor informatiu cotitzen a la baixa i si segueix la descapitaltzació creixent de les redaccions amb l'expulsió de bons professionals. És un mal que afecta al conjunt de la professió, però als diaris més ja que són la baula feble del sistema. 

El futur dels diaris, i dels mitjans de comunicació en general, està molt lligat a la crisi econòmica, a la necessitat de trobar un nou model de negoci que garanteixi la seva sostenibilitat i l'adaptació ràpida als hàbits dels consumidors i als nous suports digitals, però no totalment. Hi ha un altre factor a tenir en compte: la crisi de credibilitat. Per això cada vegada que escolto que el principal factor que determina la llista d'acomiadats a causa d'un ERO és el de la edat m'esgarrifo. Si el periodisme és un ofici i eliminem els encarregats de transferir el mestratge, estem fent el negoci de les cabres, Per aquesta via ni avui ni demà ni en el futur es podrà avançar i els que encara disfrutem d'aquest món, ni que sigui amb un punt de nostàlgia, anirem perdent la fe en uns productes que fins fa dos dies eren part substancial de les nostres vides. 

Convertir l'edat en una daga és donar arguments als que asseguren que el periodisme té data de caducitat. Un mal negoci per una professió tan necessària.

19 ago. 2013

Oriol Maspons i el perquè de tot plegat

Gabriel Jaraba
Oriol Maspons, de jove.
La palma l’estimat Oriol Maspons i plaf, passa el que havia de passar: “Muere el fotógrafo de la 'gauche divine'”. Uns collons, estimats ('fuck off, my dear'). El periodisme té un problema i no és ni internet ni els diaris de paper, sino els empresaris que contracten crios per fer feines de grans. El resultat són diaris i websites informatius fets per crios que no interessen els crios perquè la canalla s’entreté amb coses més divertides. Això no és un repàs als periodistes joves sino als empresaris vells, que s’entengui bé. Però el cas és que les redaccions dels mitjans estan formades avui per persones que quan mor Oriol Maspons recorden les fotos guapes de l’època de Bocaccio i les dels reportatges que feia amb el Luis Cantero. Però Oriol Maspons era, ai, el pare de la fotografia moderna contemporània de Catalunya, en el camp del fotoperiodisme, la foto d’estudi i la publicitat. Oriol va ser el pare paridor de tots els fotoperiodistes que han vingut desprès.


Vaig descobrir Oriol Maspons com a autor de les fotos de les magnífiques portades dels discos de la nova cançó publicats per Edigsa: el d’'Al vent' de Raimon, per exemple. Les fotos lluïen més perquè el disseny de les cobertes estava fet per un altre mestre menystingut i oblidat, el gran, magnífic i genial Jordi Fornas (em puc permetre la passada qualificativa perquè em quedo curt). La foto que Maspons fa tot presentant plegats el nucli inicial d’Els 16 Jutges en un poster és més eloqüent que qualsevol text declaratori de Josep Maria Espinàs (entre altres coses, perquè l’advocat poeta sempre mira pel retrovisor, en afortunada frase d’Arturo San Agustín). 

Maspons ha estat un observador de les diferents realitats que el nou estat sorgit de la victòria de Franco ha anat desplegant, en un i altre sentit. La mirada de Maspons s’interessa per els tímids indicis de civilització de que sorgeixen en un país reconstruit a sang i foc per un exèrcit vencedor: cultura, utilitat, bellesa, amabilitat, i alhora, per la persistència de la misèria i l’endarreriment que el nou ordre no pot eradicar. La mirada de l’Oriol, en aquella època, és lúcida en aquest sentit: sap que el franquisme no pot acabar amb la misèria i la desgràcia perquè se sustenta en la violència estructural i la violència explícita de les armes, i sap alhora que la capacitat creativa de la gent por alleugerir el pes obscé d’aquesta violència. D’aquí vé la seva lucidesa, malentesa pels qui creuen que era un cronista de la 'gauche divine'.

Oriol Maspons orienta la seva mirada en 360 graus i aviat s’adona que per ser professional cal sel·leccionar. Fa en el camp de la fotografia, ras i curt, el que en la literatura fa Francesc Candel, però abandona. La seva agudesa ha descobert el truc de l’absurd franquista: mantenir aparences mel·liflues per sobre d’una realitat violentament cruel. I això el cansa: mira cap a la publicitat, la foto d’estudi, i troba allà la manera de fer quelcom més que “retratos”; la seva agudesa funciona tous azimuts. Hi ha comentaristes que creuen que Maspons va tocar el gènere frívol per una certa deixació de funcions, una manera d’abaixar-se per tal d’amagar-se rere una màscara frívola. Nanay. L’Oriol buscava públics majoritaris sense els quals no és possible instal·lar discursos hegemònics (el cas de TV-3 en l’inici del pujolisme). No; ho va fer tip de la racaneria dels gestors i petits empresaris impulsors de la nova cultura catalanista dels anys 60.

He dit que Oriol Maspons va ser el pare del fotoperiodisme català contemporani. Ho va ser no només per raons d’imatge sinó per actitud professional. La fotografia de premsa, als anys 60 i 70, estava ocupada per un clan que impedia noves incorporacions: els germans Pérez de Rozas, Postius, Brangulí, Merletti. Nicolás González es va incorporar molt més tard al Tele/eXprés i va permetre que un joveníssim Pepe Encinas li revelés els carrets. Maspons, Ubiñá, Miserachs i altres grans artistes tenien vetada la premsa diària, i només la revista 'Serra d’Or', publicada per l’Abadia de Montserrat, els donava accés a la premsa periòdica.

Maspons va exercir un mestratge integral que va donar com a fruit l’eclosió de mestres de la fotografia com la gran Colita, amb una generositat envers ella incomparable. Les “empreses culturals” del catalanisme resistent eren iniciatives voluntaristes que s’aguantaven perquè la gent no cobrava. Això es justificava per la “militància”, però la consolidació de la situació va afeblir enormement la cultura catalana en el moment que havia d’emergir de la dictadura. I, cal dir-ho, el paternalisme dels directius d’aquests productes culturals amagava un sectarisme que Déu n’hi do. 

Oriol Maspons va fugir de tot això plegat i va trobar refugi en aquest redós de la 'gauche', on la gent no només t’apreciava sinó que pagava la teva feina. Maria del Mar Bonet va publicar noséquants discs amb Edigsa però només va triomfar quan la va produïr Alain Milhaud amb Bocaccio Records; Joan Manuel Serrat va arribar a ser qui és quan va enregistrar amb Zafiro i el va representar Lasso de la Vega. Oriol Maspons va ser l’equivalent. L’estat actual del diari 'Avui' és l’exemple del camí que van abandonar, i l’aprimament de TV-3 i Catalunya Ràdio en l’actualitat, l’exemple de com aquella actitud miserable persisteix.


De manera que Oriol Maspons no era fotògraf de la 'gauche divine' sinó un professional al qual les indústries culturals vinculades a l’ambient de Bocaccio pagaven amb la justícia que no ho feien les que es reclamàven del catalanisme explícit. L’etapa d’'Interviú' va venir desprès, i va ser aleshores quan l’Oriol va entendre una cosa fonamental: no era que ell, com a fotògraf, ostentés una mirada frívola, sinó que, com a professional de la fotografia, es parapetava rere un discurs suposadament frívol per a preservar la puresa de la seva mirada. Deixo aquí la qüestió per a que la gent que en sap, com Colita, pugui dir-ne la seva. Però l’extrema gasiveria dels “empresaris” catalanistes de l’època la recordarem tots els que vàrem tractar-hi.

Publicat el 13 d'agost del 2013 a http://gabrieljaraba.wordpress.com/

8 ago. 2013

La venta de 'The Washington Post'

José Sanclemente
Jeff Bezos, accionista mayoritario de Amazon.
¿Qué esta pasando para que en tan poco tiempo el 'Boston Globe', la revista 'Newsweek' y ahora el 'Washington Post', entre otros, cambien de manos y a unos precios prácticamente de derribo?
Vale que la crisis publicitaria está causando estragos en las cuentas de los diarios y revistas y vale también que la información en la red está haciendo menguar las ventas de los medios impresos y eso asusta a muchos editores que se ven incapaces de contener la sangría de pérdidas de sus diarios y que prevén un negro futuro para sus empresas.

¿Pero tan negro como para abandonar el barco y tirar por la borda años de lucha por un periodismo de calidad e influencia?

Quizá aquí haya ya una primera respuesta. Posiblemente Sulzberger, dueño del 'New York Times', vendió el 'Boston Globe' al propietario de un club de béisbol y los Graham el 'Post' al fundador de Amazon, porque sus diarios ya no tienen la influencia y predicamento de la que gozaron antaño: de alguna manera los editores han dejado de creer en sus periódicos en la misma proporción que los lectores, políticos y 'establishment' en general les han perdido la confianza y el respeto necesario.

¿Eso significa que el propietario de un club de béisbol o el de una web de éxito, que vende de todo, son capaces de restaurar esa confianza e influencia? ¿Cúal es el verdadero interés que hay tras esas compras? ¿Es confesable?

Algunos decían en Washington que, desde la publicación del 'Post' del escándalo del espionaje y de las escuchas y control de las redes sociales del gobierno de Obama, este habría dado un "empujoncito" para que el diario cayera en manos amigas como las de Jeff Bezos, dueño de Amazon, pero resulta poco creíble que una operación (secreta) como la venta del diario se haya gestado en solo semanas. Con seguridad debía llevar cociéndose algún tiempo ¿o no?

Otras interpretaciones hablan de ese lento languidecer informativo del centenario 'Washington Post' que se ha visto comer el terreno por nuevos diarios, fuertes en la red y en el papel, como 'Politico' que está ganando predicamento entre los lectores y temor entre la clase política norteamericana.

En fin, sea por lo que sea da la sensación, visto lo visto, de que si tienes un gran diario hay que venderlo ya. Antes de que ese nuevo modelo de negocio que no llega se te acabe llevando por delante, porque de lo contrario cada vez valdrá menos. Por lo menos eso es lo que piensan algunos editores americanos y, además, hay que venderlo a personas ajenas al negocio editorial si aún se le quiere sacar algún rendimiento.

Si lo trasladamos a España imaginemos el precio que pagó Unidad Editorial por 'Expansión' y 'Marca' (Grupo Recoletos) hace seis años,  1.100 millones de euros (seis veces el precio del 'Washington Post') o el que pagó Vocento por el diario 'Que' (140 millones, el 90% del valor del 'Post') o el precio que puso Toni Asensio, presidente de Grupo Zeta, en el 2007 a su empresa (700 millones de euros), casi cuatro veces el que se ha pagado por el diario de la capital de EEUU.

¿Veremos ventas de algunas cabeceras españolas a imagen y semejanza de la operación del 'Washington Post'? ¿A qué precio y a qué personas o empresas? Claro que aquí algunas de ellas ya están en manos de algunos fondos de inversión y bancos que solo tienen que acabar de digerirlas en cuanto les apetezca.

La compra de 'The Washington Post' por Jeff Bezos puede abrir el ¿único? camino a la renovación radical del negocio de los periódicos

Gabriel Jaraba
¿Habrá un antes y un después en el negocio de los periódicos y el periodismo tras la adquisición de 'The Washington Post' por Jeff Bezos? ¿Será el creador de Amazon un enterrador del modelo tradicional de prensa de referencia, influyente en los círculos de poder y creador de opinión pública? Si hemos de creer a quienes dicen pestes de Amazon –Antonio Muñoz Molina en 'Babelia' el pasado sábado, sin ir más lejos– el megaportal que vende de todo es uno de los responsables de la muerte del libro y las librerías (aunque se venden y se leen más libros que nunca, o sea que el problema hay que buscarlo en otra parte que no sea este modelo de distribución masiva). Pero Amazon no produce contenidos sino que los comercializa, de modo que habrá que ver si Bezos aplica su saber hacer a un campo de negocio inédito para él.

Los retos descomunales y desconocidos no le son, sin embargo, extraños. Amazonman fundó en el año 2000 la empresa Blue Origin, destinada al desarrollo de los viajes espaciales, adquiriendo además unos vastos terrenos en Texas donde establecer una base de lanzamiento de cohetes. Una muestra de que todavía queda alguien que cree en que la odisea del espacio sigue siendo la gran epopeya pendiente, basada en la confianza en que el futuro merece la expansión de las cualidades del género humano. Otro proyecto en marcha es la construcción, en un laboratorio situado en el interior de una montaña tejana, de un reloj capaz de funcionar 10.000 años. Del autor de tales emprendimientos no puede decirse que sea alguien que no considere las cosas a largo plazo.Y no puede decirse que se trate de caprichos de Tío Gilito, pues el alcance de la idea no apunta al turismo espacial sino a tomar el relevo de una misión de la humanidad que los países democráticos abandonaron al mismo tiempo que su confianza en el progreso y el humanismo.

Si la llegada al negocio de la prensa diaria de alguien que hace proyectos a cien siglos vista no abre una nueva perspectiva al sector, entonces está todo perdido. José Sanclemente, escritor, editor y consultor en medios (y una mente clarividente en el negocio de la prensa diaria) se pregunta “¿Qué esta pasando para que en tan poco tiempo el 'Boston Globe', la revista 'Newsweek' y ahora el 'Washington Post', entre otros, cambien de manos y a unos precios prácticamente de derribo?”. La respuesta es que el modelo tradicional de estas publicaciones está obsoleto. Pero atención: el modelo no significa el concepto, el diseño, el contenido de los periódicos, sino otra cosa: las relaciones con los lectores, la rentabilización del producto, la experiencia de su disfrute, las prioridades en a quién se considera cliente (¿al lector o al anunciante?) y las prioridades en el sentido de la orientación de la información (¿a los círculos dirigentes o a la mayoría de la población?). Creo que la obsolescencia de los periódicos no equivale a la del papel, pues la enorme mayoría de los websites de los diarios padecen una obsolescencia mayor que la edición impresa. No es el soporte, ni siquiera el negocio: es lo que se ofrece, a quien se ofrece y qué significado tiene esa oferta para el receptor.

Los grandes diarios están en venta porque sus cabeceras valen cada vez menos. Y eso ocurre porque el valor está en función de los atributos que el público les asigna. El gran cambio en la cultura de los periódicos ha sido que el público ha dejado de tener en alta consideración las cabeceras y su valor añadido en términos de credibilidad y de identificación con los supuestos valores informativos, periodísticos y cívicos que representan. Pagan ahora el precio que supuso el que otrora los grandes diarios se aliasen con unas élites de las que el público actual no sólo se siente desapegado sino de las que desconfía profundamente. El valor no sólo es inherente a la información –contenidos– concreta que el periódico vende, sino, y por encima de todo, la vinculación de esa información con los intereses de los lectores. De esto cuelga toda la crisis de la prensa convencional, y solamente de esto.

Los valores que Jeff Bezos ha puesto en pie con Amazon pueden, pues, ser muy importantes en una hipotética reorientación de 'The Washington Post' y su posible repercusión en el negocio de la prensa diaria:

Primero: considerar las cosas a largo plazo. Amazon esperó nueve años a repartir beneficios, utilizando ese periodo para perfeccionar y consolidar la empresa. A Bezos no se le escapa que va a tener que cabalgar la cresta del Big Kahuna cuando llegue el momento decisivo de la transformación de los periódicos en otra cosa, y tiene que orientar este nuevo negocio para liderar el gran cambio en el gran momento, si no, la operación no tiene sentido.

Segundo: obsesión por centrarse en el cliente y en su experiencia de compra. Se diga lo que se diga, comprar en Amazon es estar atendido mejor que en una compra realizada físicamente. El éxito de la gran empresa de ventas se debe a que ha batido en todos los frentes el servicio que cualquier librería física puede dar, y ese centramiento en el cliente ha sido llevado al resto de productos (dos tercios del total de los productos que vende son artículos distintos de los libros).

Tercero: implicación en la invención constante. El negocio de Amazon no es ahogar a las pequeñas empresas sino crear elementos que permitan reforzar la eficacia en la visibilidad de la oferta, en el seguimiento de los gustos del cliente y en la rapidez y seguridad de las entregas.

Aplicados a un periódico, estos valores implican centrarse en el lector como cliente, definiendo un servicio (los contenidos y la experiencia de su uso) en función de él y no de otros agentes. Inventar nuevos modos de hacer más estrecha la vinculación entre los contenidos, sus formas de servicio y las necesidades que condicionan su uso. Tener la paciencia suficiente para implementar los nuevos elementos durante un tiempo lo suficientemente largo como para que se produzcan y se consoliden, sin impaciencias para obtener beneficios inmediatos y esperando a ver qué nuevas formas toma el entorno de las fuentes de ingresos.

Hay que tener en cuenta que Amazon se ha introducido en el nuevo mercado de las tabletas con su Kindle, que se alinea junto a iPad, Galaxy y Samsung entre las cuatro mejores, y es la única de estas compañías que vende contenidos a través de ellas. Amazon sabe que el actual negocio digital no reside en la tecnología sino en los contenidos. La combinación de su éxito en la distribución de contenidos en nuevos entornos a partir de una cuidadísima consideración de la experiencia de oferta, venta y recepción indica un camino posible que otros posibles agentes emprendedores no tienen, al menos por lo que respecta a escenarios de futuro.

Así pues, a Jeff Bezos no le importa la obsolescencia de la cabecera que compra sino la aplicación a ella de su potencial renovador marcado por el éxito de las tres virtudes de Amazon. Esto, combinado con el remanente de prestigio de este gran diario de referencia, podría indicar la apertura de un camino. Lo que es harina de otro costal es que los editores convencionales estén en condiciones de seguir por él. La prueba de que no es que no dudan en deshacerse de sus medios.

5 ago. 2013

L'amo del periodisme és el mercat

Cristina Palomar
Un dels punts de la meva entrada anterior sobre les set diferències entre palanganer i periodista parlava de la necessitat que tot professional del nostre gremi té de saber per a qui treballa realment. Als lectors que els interessi saber qui hi ha al darrere de les nòmines que cobren els periodistes dels grans mitjans de comunicació o per què es publiquen unes informacions i unes altres no o per què l'enfocament d'una determinada notícia varia en funció de la cadena o del diari, els recomano un interessant llibre escrit per Ramón Reig, periodista i responsable del Departament de Periodisme II de la Universitat de Sevilla que podeu trobar a les biblioteques públiques. Parlo de 'Los amos del periodismo, claves de la estructura mediática mundial y de España'.


Reig fa una exhaustiva recerca per demostrar els estrets lligams dels mitjans amb el gran poder financer i polític, i com és d'estúpids parlar avui de pluralisme informatiu quan el règim que impera és el del mercat i la concentració del poder mediàticcontinua sent una constant des de finals del segle XX. "El pluralisme real resulta un miratge i es limita a oferir dues visions d'un mateix sistema de domini: el mercantil. Les crítiques aïllades són necessàries per reforçar la pròpia imatge de pluralitat que els mitjans s'autoatorguen. El que existeix en el món de la comunicació periodística espanyola és un repartiment de papers: uns juguen el paper de les dretes i altres de les esquerres, però per sobre de tot està el negoci i, si cal, es produeixen unions a primera vista contra natura", afirma. Alguns exemples d'aquesta anomalia serien l''Avui' (ja extingit) i 'La Razón', del grup Planeta, o el suport que la banca Rothschild dóna a 'Libération' des del 2005.

Per il·lustrar com és d'improbable que un mitjà publiqui algun reportatged'investigació denunciant presumptes males pràctiques de les corporacions que el financien, Reig fa una llista dels principals anunciants i les seves inversions publicitàries. Tot i que les dades són del 2008 i es refereixen a tot l'Estat, és interessant fer-ne esment malgrat que jo només parlaré dels deu primers. Són, per aquest ordre, Telefónica (173,8 milions d'euros), Procter & Gamble España (131,9 ME), L'Óreal (107,7 ME), El Corte Inglés (96,4 ME), Vodafone (87,5 ME), Volkswagen-Audi (86,6 ME), Renault (69,7 ME), Danone (67,6 ME), ING Direct (61,4 ME), France Télécom (58,4 ME). "Com mossegar la mà que et dóna de menjar? Tanmateix, l'obligació del periodisme és mossegar o almenys molestar i incomodar al poderós perquè, del contrari, el públic deixarà de creure en el periodisme", constata.

Com Reig, som cada dia més els periodistes que recordem que sense un periodisme lliure de cadenes no hi ha democràcia i també que amb l'acomiadament indiscriminat dels professionals ben informats i ben formats, les plantilles més joves i més barates dels mitjans fan aigües per totes bandes. La crisi i l'aparició d'Internet no justifiquen la sagnia que les empreses periodístiques estan fent als mitjans. "Les eines canvien, però el periodisme roman i el periodisme és un treball intel·lectual desenvolupat per un periodista que abans que de tecnologia ha de saber d'història, d'economia, saber buscar una font, redactar bé les notícies, tenir un arxiu propi i capacitat crítica, confiar en l'instint i saber qui són els amos", opina.

L'excés de publicitat coarta la llibertat de premsa en els mitjans privats i els governs fan el mateix en el cas dels mitjans públics, així que als periodistes no ens queda una altra que buscar altres mitjans d'expressió per exercir la professió sense condicionants. En el cas de la premsa escrita, Reig n'apunta dos: els gratuïts i la premsa de minories. Aquesta última, adreçada a un públic petit però disposat a pagar per continguts de qualitat sembla, ara per ara, la millor alternativa. A Catalunya estan sortint un munt d'iniciatives que ens demostren que encara som a temps de recuperar la nostra credibilitat.