El quadern dels periodistes apocalíptics, integrats, optimistes i/o solidaris

EL QUADERN DELS PERIODISTES APOCALÍPTICS, INTEGRATS, OPTIMISTES I/O SOLIDARIS

5 oct. 2020

La sombra de la cabeza de Assange

El Tribunal Penal Central de Londres solo ha autorizado a diez periodistas asistir a la audiencia de extradición de Julian Assange que se está celebrando estos días en el Reino Unido. Uno de estos informadores es el británico Tim Dawson y lo ha hecho en representación de la Federación Internacional de Periodistas (FIP), a la que pertenece la Federación de Sindicatos de Periodistas (FESP) i el Sindicat de Periodistes de Catalunya (SPC).

Al final de un amplio informe sobre lo que ha presenciado hasta ahora en el juicio que ha presidido el juez
Baraitser, Dawson reflexiona sobre las consecuencias que la sentencia sobre este asunto pueden tener sobre la libertad de información y el poder del Gobierno estadounidense: 

“El caso de Assange --escribe Dawson-- es sorprendente: es el primer editor en ser perseguido de esta manera. Lo más perturbador de todo es que crearía un precedente que las administraciones estadounidenses podrían desplegar contra periodistas en cualquier parte del mundo si sus historias se basaran en información obtenida de documentos clasificados.

Por supuesto, nadie cree que si Assange es procesado con éxito, Estados Unidos iniciará acciones contra cada periodista que base sus artículos en documentos filtrados o clasificados. El Gobierno de los Estados Unidos no tendría ni el tiempo ni los recursos y, de todos modos, con frecuencia filtra material deliberadamente para sus propios fines.

Sin embargo, una amenaza legal desplegada selectivamente es de lo más mortal. Cualquier periodista que reciba información clasificada podría confiar en publicar el material filtrado con impunidad. Pero nunca tendría esa certeza. Cualquier información que haya molestado a la administración estadounidense podría provocar una acusación similar a la que actualmente se dirige contra Assange.

Para entonces, por supuesto, Assange bien podrá haber desaparecido en la ‘prisión supermax’ ADX Colorado por un período y en condiciones que harían sonrojar a un carcelero medieval. El público podrá olvidar su nombre, pero la cabeza de Assange en la punta de una pica arrojará su sombra cada vez más oscura sobre cualquier reportero al que se le ofrezca un documento clasificado. Los denunciantes serán advertidos que les conviene callarse y se pongan manos a la obra, mientras que la benéfica luz del sol cada vez iluminará menos las actuaciones que se tomen en nombre del público.

Es un destino que debe temer cualquier periodista que se preocupe por el oficio que ejercemos”.

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