El quadern dels periodistes apocalíptics, integrats, optimistes i/o solidaris

EL QUADERN DELS PERIODISTES APOCALÍPTICS, INTEGRATS, OPTIMISTES I/O SOLIDARIS

21 feb 2023

Una corregulación de los medios con responsabilidad y eficacia es posible

Dardo Gómez
Que gran parte del periodismo español es corrupto y que varios de sus medios ya han demostrado su afición a reptar por las cloacas de esa corrupción y son proclives a la desinformación y falsas noticias no es ninguna novedad y ya no causa asombro alguno.

Lo que sí nos resulta asombroso a las personas decentes y preocupadas por este continuo atentado a la supervivencia de la democracia es que desde el lado del periodismo decente, que existe, y desde las organizaciones de periodistas no se levante un auténtico clamor contra quienes ejercitan esta corrupción.

Como también asombra que estas organizaciones, o por lo menos la
Antonio García Ferreras y Florentino Pérez,
en una imagen de archivo.
mayoría de ellas, no tengan ninguna preocupación por enterarse de la lucha contra este gran daño institucional que se está dando fuera de nuestras fronteras, privando así a sus afiliados y al conjunto de la profesión de una información que es sustancial para tratar de poner remedio a esta lacra. También serviría para que los periodistas más incautos dejaran de decir tonterías sobre los valores reales de la libertad de expresión y comenzaran a preguntarse cuál es su deber profesional con el derecho a la información de la ciudadanía.

Aportan poco a la solución de nuestro problema de corrupción informativa quienes se flagelan cada día por ese infortunio pero no se preocupan por buscar soluciones o creen que este mal es de raíz y follaje hispánico. Situaciones denigrantes como las de Antonio García Ferreras y contubernios entre medios, policías y políticos no son nuevos en los países de Europa; solo que en algunos de ellos existe la intención de sacudirse la mierda del calzado y las organizaciones profesionales no dudan en expulsar de su seno a “los peores de los nuestros”.

Las manos sucias sobre los medios británicos


Es posible que el periodismo británico haya alcanzado a finales del siglo pasado y principios de este un grado de corrupción tan grave como el de gran parte de los medios españoles. Al frente de las prácticas perversas contra la información de los británicos se hallaba la escuadra de medios capitaneada por Rupert Murdoch, auténtico magnate de la comunicación mundial y que en Gran Bretaña tiene como buque insignia los 'The Sun' y 'The Times'.

Murdoch contaba en esa escuadra con una serie de medios infames entre los que se contaba 'News of the World', propiedad de la también suya News Corporation, sus maldades parecían ir viento de popa hasta que en el 2011 el poderoso editor tuvo que enfrentarse a denuncias contra varios de sus medios incluido el mencionado suplemento de 'The Sun' por una serie de delitos similares a los que han cometido algunos medios y periodistas españoles.

El escándalo estalló en el 2005 y en principio fue investigada la escucha ilegal de mensajes telefónicos de gente de la farándula, cortesanos y políticos. Esas investigaciones destaparon que el diario también había pinchado el teléfono móvil de una niña de trece años que había desaparecido en el condado de Surrey. Así simularon llamados de la niña, que ya estaba muerta, a sus padres para mantener la noticia viva.

Pronto se descubrió una lista infame de escuchas a familiares de soldados británicos fallecidos en la guerra Irak y en Afganistán y de personas asesinadas en los atentados terroristas de Londres.

Todo esto no difiere mucho de las miserias que conocemos de la prensa española; lo distinto es que como consecuencia de todo esto hubo manifestaciones ciudadanas. Que 'News of the World'  tuvo que cerrar y su directora, Rebeca Brooks, arrestada y acusada de participar en una conspiración para intervenir teléfonos, de autorizar pagos ilegales a funcionarios públicos y de intentar entorpecer la investigación policial.

Algunos de los policías que colaboraban con ella también fueron procesados. Ella negó todos los cargos, salió bajo fianza y tras ocho meses de juicio fue hallada no culpable en junio del 2014. Fuertes influencias se movilizaron para que fuera así y asimismo se evitó que fuera sancionado 'The Sun'.

La implicación de las fuerzas políticas conservadoras se hizo evidente con la defensa a ultranza que hizo el primer ministro David Cameron del periodista Andy Coulson, que también había sido director del diario. Estando investigado lo llegó a nombrar su jefe de prensa hasta que fue arrestado en agosto del 2006 y encarcelado en enero por interceptar mensajes de teléfonos móviles que involucraban a miembros de la Casa Real.

Lo que no puedo evitar el poderoso Murdock fue que debido a este escándalo el Gobierno británico paralizara la venta de la plataforma Sky UK a News Corporation.

El informe Leveson que sigue vivo


Además, se lanzó un torpedo a la linea de flotación de la histórica prensa comercial británica. A raíz de esta cascada de investigaciones comenzaron a alzar sus cabezas todos los que habían sido escuchados y extorsionados por los medios, tanto que se organizaron como “víctimas de la prensa” para manifestarse e iniciar demandas privadas; además de la aparición de dos organizaciones ciudadanas preocupada por contar con una libertad de prensa de verdad: HackeOff y Media Reform Coalition.

En el 2011 ya fue imposible que el Gobierno ignorara el reclamo de establecer estándares de prensa, y encargó al juez Brian Leveson una investigación abierta sobre el colapso de los estándares éticos y la regulación en la industria periodística. Allí se levantó la tapa de la inmundicia.

Una de las primeras evidencias de esa investigación fue que la Press Complaints Commission (PCC), creada por los empresarios de los medios para “autorregularse”, era un nodo de corrupción que se negaba a filtrar las quejas que le llegaban. Entre el largo desfile de testimonios citados por Leveson destacó un testigo de cargo: la National Union Journalists, el sindicato de periodistas al que la PCC había rechazado todas las denuncias que le habían hecho llegar durante años.

El tribunal actuó con una contundencia extrema y sentenció que ese organismo regulador --que la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) y el colegio catalán ponían en España como ejemplo a seguir-- era un pozo de corrupción e ineficacia. Leveson llegó a la conclusión de que “se había dañado la confianza pública en los periódicos y se había perdido la credibilidad del PCC, el administrador de quejas controlado por la industria”. Su solución fue recomendar un nuevo regulador independiente, para mantener los estándares, restaurar la confianza pública y también prohibir que los políticos interfirieran en la regulación de la prensa.

La respuesta de la mayoría de los periódicos más importantes fue predecible. Se negaron a aceptar un regulador oficial y rebautizaron a su antiguo administrador de quejas como IPSO, y continuaron como antes.

Impress, la respuesta británica a la necesidad de regulación


Sin embargo, algunos medios de comunicación apoyaron los principios de Leveson de crear un regulador oficial de altos estándares, responsabilidad pública y libre de la influencia de los políticos y de la industria de la prensa. Así, en el 2014, se formó el primer regulador independiente del Reino Unido en nombre de estos últimos editores, al que llamaron Impress.

Este es el único regulador de prensa en el Reino Unido que prohíbe la participación de políticos y de la propia industria periodística en su ejecutiva; los empresarios de prensa aseguraron que ningún editor aceptaría sus normas. Pues no ha sido así. De los iniciales 26 editores afiliados, ahora son 113, más de cien que los fieles a IPSO.

Lo explican así en la web de HackedOff:

“Al unirse al primer regulador de prensa inmune a la interferencia política, defienden la libertad de prensa. Y están señalando su compromiso con sus lectores y poniendo al público en primer lugar. También expresan confianza en su propio periodismo porque, a diferencia de IPSO, Impress no los ayudará a encubrir sus errores. Son el futuro del periodismo impreso y en línea, y están transformando la actitud del público hacia la industria. Están revirtiendo años de bajos estándares y una disminución de la confianza en los periódicos".

En su ultimo informe, esta organización señala que esto “muestra hasta qué punto las reformas Leveson, contra viento y marea, y frente a la oposición del Gobierno y la prensa nacional, han revolucionado la industria periodística, y muestra algunos de los editores notables y pioneros que están liderando el camino. Estos editores están transformando las actitudes del público hacia la profesión y reconstruyendo la confianza en el periodismo, revirtiendo años de bajos estándares vistos en la prensa nacional, sin el beneficio de los vastos recursos financieros de los editores más grandes o la asistencia del Gobierno. Además, el 67% de los periódicos de Impress son locales o hiperlocales, y muchos de ellos sirven a las comunidades locales en lugares abandonados por las editoriales locales más importantes. Esto significa que los estándares Leveson son ahora el sistema de regulación más popular en el Reino Unido, superando a IPSO, el organismo falso controlado por la prensa y respaldado por el Gobierno”.

Las normas de regulación por las que se rige Impress le fueron impuestas por el Press Recognition Panel (PRP), que tiene como misión “reconocer” o validar a los organismos reguladores que así lo soliciten. Para acceder a ese aval se han de cumplir 29 criterios que acrediten que el organismo es independiente de los editores y directores de medios, que garantiza recursos de financiación y que facilita canales para tramitar denuncias del lector, entre otros requisitos.

Es de importancia crucial que el regulador ofrezca procesos de conciliación y arbitraje para resolver disputas con los medios mucho más económicas que las vistas judiciales; de manera que la ciudadanía de menores ingresos puede reclamar retractaciones o indemnizaciones contra presuntas ofensas a su honor y su privacidad de los medios.

Para obtener el aprobado del PRP, la entidad reguladora ha de garantizar la existencia de vías confidenciales para atender las quejas de los empleados y colaboradores de los medios de comunicación que supervisa. Son las llamadas “líneas calientes” para informantes internos o 'whistle-blowers'.

Ciento trece medios británicos ya han solicitado ser controlados por este regulador independiente y tienen como el mayor reclamo de su solvencia informativa la transparencia que esto les otorga frente a sus lectores.

¿No sería posible esto en España?

Artículo publicado originalmente en la revista 'El Observador', de Málaga.

26 ene 2023

Que no sigan explotando a los falsos becarios

Dardo Gómez
Hace un año que la Unión Europea mostró su primera preocupación seria por la situación de los estudiantes que realizan prácticas laborales y por los llamados “becarios” que realizan esas mismas prácticas. El Parlamento Europeo trató este tema en uno de sus plenos y aprobó por 580 votos a favor, 57 en contra y 55 abstenciones una resolución en la que considera que “la no remuneración de los períodos de prácticas como una forma de explotación de trabajadores jóvenes y una violación de sus derechos”.

Es decir que, por pasiva, ha dado un duro varapalo al Estado
español
, a sus universidades en general y a todos los empresarios de nuestro país que a lo largo de años han fomentado y se han aprovechado de la explotación a esos jóvenes y han violado algunos de sus derechos fundamentales.

Algunos podríamos recordar que los sindicatos de periodistas ya a principios de la década de 1990 reclamaban contra esta forma instituida de explotación que, por entonces, se daba de manera muy especial en el sector de la comunicación. Recuerdo que en un evento que se celebró para tratar este tema las ganancias mal habidas por las empresas de medios eran millonarias. Hoy es una explotación extendida a todos los sectores, y dada la inquietud manifestada por el CE, parece que a toda Europa. No hay datos de cómo ha seguido esta estafa en nuestro país. De hecho --no me pregunten por qué--, carecemos de una base de datos que permita establecer el monto de lo que están defraudando las empresas al fisco y a la Seguridad Social y cuántos han sido los defraudados a lo largo del tiempo, pero un cálculo tentativo de la central sindical Comisiones Obreras habla de 500.000 al año. Por su parte, según datos oficiales de la Inspección de Trabajo, desde 2020 su trabajo ha permitido aflorar más de 3.000 empleos desempeñados por “falsos becarios”.

Ante este panorama y por fin, la ministra Yolanda Díaz lleva meses empeñada en conseguir una ley de Estatuto del Becario que dé respuesta a lo que reclama la Comisión Europea para todos los estados miembros: elaborar una estructura jurídica común y que ésta ampare una remuneración justa para los periodos de prácticas y aprendizaje y que se respete el principio de que todo trabajo debe ser pagado.

Los eurodiputados exigen a la Comisión y a los Estados miembros que actualicen sus condiciones laborales, su régimen legislativo y que elaboren una premisa laboral que “desarrolle un sistema laboral y económico justo durante el tiempo de formación” de los futuros profesionales.

Prácticas introductorias a la frustración


El proyecto que se está tratando de sacar adelante desde el Ministerio de Trabajo español, saltando sobre las trabas que están poniendo CEOE y universidades, parece perseguir esos mismos objetivos y sería interesante que abarcara otro aspecto que los legisladores europeos han destacado en sus debates: la salud mental de los jóvenes.

Dragos Pislaru, presidente de la Comisión de Empleo y Asuntos Sociales y eurodiputado de Renew Europe, destaca que la incapacidad de orientar a estos jóvenes hacia un empleo por un sendero de reconocimiento de sus capacidades y que no permita la vulneración de algunos de sus derechos como personas incide de manera muy negativa en su formación ciudadana, pero también en su desarrollo personal.

Todos los especialistas coinciden en que esa etapa de nuestra vida somos especialmente sensibles a las frustraciones que producen las injusticias así como a los engaños y las extorsiones, miserias que la mayoría de los becarios viven o han vivido a diario durante sus estadías en las empresas.

Uno de esos fraudes es la promesa oficial de que se tratan de “prácticas formativas”. He tenido el dudoso privilegio de tener que escuchar cómo decenas de estudiantes de periodismo confesaban no haber aprendido nada en esas prácticas, porque nadie en las empresas se había interesado en darles ninguna formación. Todo se había limitado a sacar esas tareas mecánicas que se desprecian en las redacciones o, en el mejor de los casos, se habían echado meses en una sola sección sin práctica alguna en otras labores del medio.

Ya sé que hay ejemplos que pueden contradecir esta apreciación y que existen “tutores” que sin haber sido liberados de sus tareas han sacrificado tiempo para atender a becarios, pero no se trata de rescatar voluntades aisladas sino de establecer normas y protocolos de estricto cumplimiento que eviten por sistema los abusos. Así como el pago de las horas extraordinarias o las vacaciones no son una cesión graciosa de la empresa, si esta firma un convenio de formación con una facultad no lo puede convertir en un recurso bastardo para ahorrarse salarios sin ser sancionado por fraude.

Los becarios acumulan en las redes y en distintos blogs los ejemplos del desprecio que suelen sufrir en muchas redacciones, las bromas de mal gusto y la prepotencia de la concebida respuesta cuando reclaman por o no aceptan algo que consideran fuera de lugar: "no hace falta que vuelvas mañana..." Sin contar el machismo que ha vulnerado la dignidad de muchas estudiantes en esos espacios laborales.

El desprecio ha llevado al responsable de “relaciones humanas” de algún medio público a excluir a los “becarios” del vale de comedor porque no eran trabajadores. Hay que tener mala uva.

Todos estos maltratos, sí, maltratos, casi nunca son considerados por algún responsable de las universidades ya que ellas, en su inmensa mayoría y sobre todo las privadas, siempre han procurado no enfrentarse a las empresas. Se puede recordar cuando ofrecían las prácticas como banderín de enganche de sus ofertas de enseñanza y cómo impusieron en sus programas que estas prácticas serían obligatorias para obtener la licenciatura correspondiente. Aunque el mango de la sartén no la tienen ya las universidades sino las empresas, algún centro de estudio que se ha negado a enviar estudiantes en los meses de verano --que es cuando más apetecen a las empresas-- fue borrado de entre los proveedores de becarios y reemplazadas por las que se estaban dando bofetadas para ganar ese espacio para su carnaza.

La cantidad de anécdotas sobre las infamias y la perversión en las prácticas laborales podría agotar al lector pero, en esencia, se circunscribe al ejercicio de una explotación pura y dura de la cual los comités de empresa se han opuesto en raras oportunidades; aunque también es cierto que la ley les niega la posibilidad de representar a toda persona ajena a las plantillas. Así tienen a los colaboradores disfrazados de falsos autónomos y siempre excluidos de los convenios de sector y de empresas. Es en los medios públicos donde mejor se han defendido los derechos de los becarios, derechos que gran parte de ellos desconocen y cuyo conocimiento no se han preocupado de transmitirles.

Empresas y universidades de la mano


Volviendo al problema de la salud mental de los jóvenes, los eurodiputados que han sacado adelante la resolución mencionada sobre los becarios hablan de una problemática de urgencia, que habrá de determinar el futuro de la salud laboral de los jóvenes en formación. Ellos dicen que se trata de "una decisión fundamental para el destino económico y político de un país, ya que se trata de formar a jóvenes para el futuro con una base digna y justa, que no viole los derechos fundamentales de los trabajadores, empoderando de esta forma su posición en el sistema".

La periodista Alejandra de la Fuente señala en su libro 'La España precaria' --título que no necesita de mayores explicaciones-- dice sobre este tipo de prácticas que no son negativas en sí y cree que son necesarias para introducir al estudiante en el mundo laboral con garantías pero también coincide en que son dañinas "si se utilizan en fraude pueden serlo para el becario, porque va a estar ocupando un puesto estructural en la empresa y eso le va a afectar a él económica, anímica y mentalmente" y que también afectarán a la estabilidad del mercado de trabajo, es decir al resto de los trabajadores. Como dice De la Fuente, "son puestos que salen a precio de saldo, a 300 euros al mes", ya que nadie en ninguna empresa puede asegurar que esos “becarios” no lo hayan sido ocupando puestos estructurales y por lo mismo distorsionando el mercado a favor de los bajos salarios que quieren imponer los empresarios menos responsables.

El proyecto del Ministerio de Trabajo señala que se trata de llevar a cabo “una regulación sistemática y ordenada de todas las prácticas no laborales que se realicen en las empresas en la que se establezca un catálogo de derechos para las personas beneficiarias, se garantice adecuadamente su finalidad formativa, su debida tutorización y su desarrollo".

Sin embargo, la sanción de este proyecto --que en su formulación es impecable y que tiene mucho que ver con la dignidad de las personas-- no consigue adelantar cuál será su fecha aproximada de sanción. Simplemente porque dos protagonistas esenciales de la explotación ejercida no están de acuerdo con los términos del proyecto. Por supuesto, ya se imaginan ustedes quienes son: patronal y universidades.

A quienes durante decenios explotaron y facilitaron, respectivamente, la explotación de nuestros jóvenes, ahora se les ha puesto la piel muy fina y exigen hacer aportes que no les preocuparon hasta ahora. ¡Vaya canallas!

Artículo publicado originalmente en la revista 'El Observador', de Málaga.

11 ene 2023

El vell i el nou periodisme, segons Ramon Besa



Jordi Basté va entrevistar dimarts passat Ramon Besa, redactor en cap d''El País', a 'El món a Rac-1' arran d'un article que va escriure explicant per què deixava de donar classes de periodisme. La conversa es va ampliar amb els tertulians del dia, alguns dels quals son periodistes.

Sense nostàlgies idealitzades, Besa exposa els extraordinaris canvis
crítics que hi ha hagut en el periodisme imprès i els aspectes que li preocupen. "Ara mateix no sabem qui mana en molts diaris. Hi ha pocs editors: Godó, Moll i no gaires més. Molts diaris estan en mans de fons d'inversió, ara de Telefònica, ara del Santander, no sabem qui mana".

Altres destacats de la conversa, que comença al minut 58' 20'', son el següents:

"Avui en día ens costa molt gestionar la informació".

"Fins ara, només opinaves quan estaves molt infomat. Ara ens saltem la informació. Amb la xarxes socials anem directament a l'opinió".

"Els periodistes hem perdut credibilitat".

"Els editors estan invertint més en tecnología que en periodistes".

"El que més em preocupa es que els mitjans de comunicació s'han obsessionat en convertir els lectors en clients que comprin la informació".

"Els periodistes ara no tenim temps de buscar notícies".

"Si només intentem complaure el client estem buscan un lector a mida. S'està perdent el sentit comú i el periodisme com a sistema de buscar notícies que hi ha persones que no volen que es coneixin".

"Els joves periodistes estan interessats en uns models de periodisme o canals de comunicacio molt diferents als que teniem nosaltres. Tenen altres referents".

"Els llibres d'estil han caducat. No es donen importància a les faltes d'ortografia. Abans hi havia editors que et feien reescriure un article si no s'entenia".

"Hi ha una certa infantilització de que tot és guai i naïf. Em sorpren molt. Trobar notícies costa, no ens venen donades, hem de buscar-les".

4 ene 2023

De ‘joves promeses’ a ‘velles glòries’ passant per les 'estrelles’ d’avui

Francesc Ràfols
Just abans de les festes de Nadal, la setmana va ser pròdiga en actes vinculats a la informació, amb més relació entre ells del que semblaria a primera vista. Dilluns 19 de desembre, a la Facultat de Ciències de la Comunicació de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), el departament de Periodisme va organitzar una jornada que consistia que exalumnes del centre explicaven a estudiants de primer i tercer curs les seves experiències professionals i les dificultats que havien trobat i com les havien superat. L’endemà, el dimarts 20, a l’espai Calàbria 66, a Barcelona, es retia un homenatge al periodista recentment traspassat Pep Cabayol qui, a través de l’associació Solidaritat i Comunicació (SICOM) havia desenvolupat projectes alertant sobre les principals amenaces a la humanitat, donant veu a persones i col·lectius que normalment no tenen lloc als mitjans de comunicació. Finalment, el dimecres 21, el
Júlia Albacar, Andreu Prunera i Pep Barreda recullen
el premi Barnils (Raquel Pérez – Grup Barnils)
Grup de Periodistes Ramon Barnils (GPRB), en un acte ja tradicional cada any, celebrava al Born la seva gala anual per entregar els premis Ramon Barnils de periodisme. A tots ells vaig assistir-hi en nom i representació del Sindicat de Periodistes de Catalunya / Sindicat de Professionals de la Comunicació (SPC), com a president.

Algú pot pensar que han de veure aquests tres actes entre sí. Que en tots ells es parlava de periodisme i de les condicions necessàries per poder donar bona informació. A l’acte de la UAB vaig escoltar amb atenció com tres joves professionals, l’Enric Botella, el Sergi Unanue i la Mireia Camacho, detallaven els projectes personals en els quals estan immersos i com un bon aprofitament de les xarxes socials i de les noves tecnologies pot servir per fer periodisme més enllà dels mitjans tradicionals. En la darrera de les meses, Lluís Muñoz, Helena Villar, Lucía Pérez i Àlex Bustos parlaven de la seva experiència com a corresponsals a l’estranger o haver-se’n d’anar a treballar a fora. No els faré un resum de les intervencions d’uns i altres perquè ni és el lloc ni es tracta de fer un text massa llarg. El que més interessava als i les alumnes saber era com i per què d’algunes decisions i consells sobre com començar. Algú va preguntar si s’havia d’acceptar fer col·laboracions gratuïtes, cosa que els ponents van respondre que no, que només per a un mateix, però no per a altri. En la meva intervenció final vaig demanar que si es trobaven que algú els proposava treballar sense pagar el que havien de fer és denunciar-ho al sindicat. I que el sindicat també té espai per a aquells periodistes que treballen a partir de projectes personals –de fet, entre la nostra afiliació hi ha persones que treballen així– perquè a l’SPC defensem tothom que es dediqui al periodisme atenent qualsevol necessitat a problema que pugui tenir.

Periodista i activista


En Pep Cabayol va morir el 8 d’agost passat a l’edat de 70 anys, ple d’activitat i embolicat en projectes de tota mena. A Ràdio 4 i també a través de l’oenegè que presidia, Solidaritat i Comunicació (SICOM), va tractar aquelles qüestions que més estan fent patir a àmplies capes de la societat, amb més intensitat des de fa uns anys: el dret a l’habitatge, les retallades en sanitat, l’escalfament climàtic, les migracions… i que tal com s’estan gestionant des dels poders, mostrar com estan afectant greument la salut de les persones i els seus drets essencials, especialment les de les classes menys afavorides. SICOM, amb la col·laboració de tota mena de plataformes, marees i col·lectius que treballen en aquests àmbits van preparar aquest homenatge on van glossar la figura del Pep i el seu activisme en favor d’aquestes causes.

Probablement, algú pensarà que si era activista no podia ser bon periodista. Probablement, alguns dels que pensin això siguin al seu torn ferms activistes de causes molt innobles que no han sortit de l’armari, però que se’ls veu el llautó. L’activisme periodístic del Pep ha consistit en donar veu a molta gent que no en tenia, que expliqués els seus problemes personals i com això era resultat de dinàmiques socials que calia transformar. L’estima que li van mostrar el centenar de persones que hi van assistir –segons la crònica de Catalunya Plural, un mitjà en el qual publicava darrerament els seus articles, especialment sobre canvi climàtic– és fidel reflex d’aquesta situació. El periodisme és un ofici de compromís amb la societat en el qual els i les professionals que s’hi dediquen tenen el deure de garantir el dret de la ciutadania a rebre una informació de qualitat, elaborada amb rigor, contrastada. I això en Cabayol ho feia.

En Pep no creia en allò de donar les dues versions en qüestions com l’escalfament climàtic on la realitat científica de la situació ha de permetre silenciar els negacionistes. Afirmava que no es podia dir que uns deien que plovia i uns altres que no, que el que ha de fer un bon periodista és treure el cap per la finestra i dir si plou o no. I el Pep sempre va treure el cap per la finestra. Amb el sindicat vam col·laborar diverses vegades, la darrera amb motiu d’una jornada que vam organitzar sobre la qualitat de la informació que es dona sobre una qüestió tan important com l’alimentació i els interessos que hi ha al darrere.

Les petites històries que fan gran el periodisme


En la vuitena edició dels premis de periodisme del Grup Barnils, l’entitat va concedir dos guardons, un en la categoria d’àmbit local i comarcal i l’altre en la categoria de mitjans d’àmbit nacional. El primer va ser per als periodistes Júlia Albacar, Andreu Prunera i David Barreda pel documental La llibreta del doctor Gras, El segon per a la periodista Núria Orriols per haver destapat el cas de llicències per edat al Parlament, publicat al gener de l’any passat al diari 'Ara'. Tots dos són treballs periodísticament rellevants, però m’interessa referir-me al de l’àmbit local, probablement perquè una part de la meva carrera professional ha sigut en mitjans d’aquesta naturalesa. Els tres autors van destacar en les seves intervencions les condicions amb les quals sovint treballen els periodistes als territoris allunyats de les grans ciutats.

Dificultats laborals, com que sigui tan difícil fer contractes de treball a persones que informen des de llocs o que informen en llocs lluny de Barcelona. O que no se’ls pagui un salari equivalent al que cobren companys i companyes en altres llocs. La qüestió de les jornades excessives ja sembla una qüestió més universal, o almenys de la part de l’univers més pròxima. Una prova que les grans històries no són un reducte de grans mitjans radicats a grans ciutats, sinó que arreu n’hi ha que són de gran importància per a un considerable nombre de persones. Ara que d’aquí a pocs mesos hi ha eleccions municipals seria un bon moment perquè els qui aspiren a governar viles i ciutats s’adonin de la importància que arreu hi ha que la ciutadania rebi una bona informació.

Albacar, Prunera, Barreda també han tingut dificultats per accedir a la informació. Cert que el documental que els ha merescut el premi rebut és ambiciós, i obtenir dades i testimonis no era fàcil, però qui hauria de col·laborar –que no ajudar, que també– no ho fa de manera adequada. D’aquests problemes també en parla Núria Orriols, que al Parlament no li van posar precisament les catifes vermelles perquè investigués l’afer ni la Cambra va ser tot el transparent que la llei l’obliga a l’hora de facilitar informació que l’implica, com les xifres dels funcionaris pròxims a la jubilació que cobraven el sou sense fotre res.

Valgui tot plegat per veure que el periodisme és viu perquè cada dia hi ha companys i companyes que s’esforcen, treballen i malden perquè així sigui. Malgrat algunes veus apocalíptiques –que certament tenen raó en la majoria dels seus advertiments i crítiques– hi ha moltes persones que treballen(m) perquè el pugui fer el periodisme més digne possible. Però això ningú ho aconseguirà sol. M’he fet ressò de tres fets, tres en les quals l’SPC va participar a tot, com ha de ser, però el 2023 hauria de ser un any d’unitat d’acció de tot el periodisme organitzat per intentar garantir millor a la ciutadania el seu dret humà essencial que és el dret a la informació.

19 dic 2022

Cal que la premsa impresa resisteixi

Gabriel Jaraba
Diverses costums i hàbits que semblaven eterns van desapareixent: xiular tot caminant pel carrer, cantussejar mientre es treballa o rosegar un escuradents a deshores. No ens adonàvem que la vida no només passa sinó que arramassa amb microformes de vida inscrites en la vida quotidiana, panòplies de gestos i actituds que arriben a constituir-se en una bastida subtil de la nostra manera de transitar per la terra. Avui, només els porraires emboliquen cigarretes, quan això era consubstancial a ser fumador, en les porteries dels edificis ja no s’agafen punts de mitges perquè les mitges ja no són de punt i la població canina augmenta incessantment a Barcelona, cosa que indica que som prou pròspers com per a treure’ns el pa de la boca i cedir-lo als nostres millors amics. Així passa la vida, i ja està.

En plena societat de la comunicació, el que gairebé ha desaparegut
dels espais quotidians és la premsa impresa, és a dir, diaris i setmanaris d’informació general. No es veu ningú llegint el diari en els llocs públics, el metro por exemple, i difícilment se’n troba un en la barra del bar per tal de fullejar-lo una mica. Els quioscos instal·lats als carrers van tancant i alguns miren de reciclar-se oferint cafè, recàrregues de telèfons o xuxes. El periòdic, en altre temps símbol de la (tortuosa) relació entre opinió ciutadana, poder i diners, cedeix el lloc a les pantalles, que representen el mateix però intenten dissimular-ho.

Està el periòdic imprés en vies de desaparició? Molts semblen creure-ho així, i ja canten les ensoltes als lectors de diaris que quedem (un servidor està subscrit a dos periòdics, que rebo cada dia a casa, i compro un altre parell cada vegada que passo per davant d’un quiosc o papereria). Però igualment es va donar per fet el triomf del llibre electrònic per damunt de l’imprés, i vet aquí un dels fracassos més grans de l´era digital: els llibres es llegeixen i es venen impresos i relligats en quantitats més grans que mai als lectors empedreïts (que també ens vam animar a provar el llibre digital, i avui el meu Kindle primerenc produït per Amazon em sembla tan útil com una destral de sílex). Les coses no són tan fàcils i en la societat complexa res no és el que sembla.

Els editors de diaris semblen abocats al negoci de la premsa digital com a sortida urgent de la baixada constant de la venda d’exemplars i l’enfonsament de la publicitat. Un fins i tot sospita que aspiren a introduïr-se en el negoci de tràfic de dades que existeix al voltant dels potencials del big data. Però no es pot negar que la premsa informativa generalista digital está formada en la seva major part per versions per a internet dels diaris impresos, optimitzats per als usos emergents propis de la navegació amb pantalles. Es percep que, tret d’excepcions, aquestes edicions no superen l’original imprés pel que fa a qualitat de continguts i potència informativa, tampoc en nous llenguatges o maneres de connectar amb públics nous. Alguns diaris creuen que ho fan quan es bolquen a aportar materials d’entreteniment o d’orientació comercial –molts d’ells patrocinats: publicitat encoberta que passa per informació— que simulen formes juvenils de comunicació quan es tracta de realitzacions defectuoses perpetrades pels mateixos redactors i col·laboradors que subsisteixen adherits a les seves capçaleres mal pagats i mal contractats.

Els diaris s’aferren al tauló de nàufrags constituït per les subvencions institucionals a la premsa. No cal que parlem de les relacions premsa i poder que fan dels periòdics espanyols diaris de partit que no confessen la seva condició. Aixó al mig d’una recerca desesperada d’un model de negoci que es busca en l’àmbit digital perquè no n’hi ha d’altre. El diari de paper és vist pels empresaris, tret d’honroses excepcions, com a un anacronisme cridat desaparèixer. Algun diari centenari, certament, es desmarca d’aquest infaust auguri i referma la certitud i voluntat de mantenir la capçalera estampada sobre paper alhora que continuen la pugna a la xarxa. Però una cosa és firmar amb el teu nom aquestes intencions i una altra suportar el cost de producció d’informació solvent, que és alt perquè per a elaborar-la calen ments humanes i no intel·ligència artificial (un nom tan cridaner com pietós per al·ludir a sistemes de computació la qual mecànica no arriba a fregar la intel·ligència sino l’imitació).

Qualsevulla sigui la forma que prengui el negoci de la informació, la democràcia necessita la premsa impresa. No és una qüestió d’obsolescència o avenç tecnològic sinó un afer propi de, diguem-ho rotundament, estructura d’estat i de la garantia del dret a rebre una informació digna d’aquest nom. Els periòdics impresos imposen respecte i són observats amb atenció pels diversos directors de comunicació a diferents nivells d’alló polític, social i industrial. No és el mateix rebre un moc des d’una capçalera consolidada que en un digital o confidencial de nova creació. I aquí rau el detall, com diria Cantinflas: en la vida social, i es miri cap on es miri, és la capacitat d’intimidació el que compta.

Per descomptat, la cosa no és tan barroera. Però la presència social dels periòdics impresos no es limita a la lectura en públic. La premsa impresa rep importants subvencions precisament per aixó, per fer possible un espai social d’el·laboració d’opinió pública que ara com ara és insustituïble. És més creïble que la digital? A primera vista no, però Marshall McLuhan tenia raó quan va dir que “el mitjà és el missatge”. I serà així mentre les rutines de treball incorporades per a las edicions digitals no contaminin la totalitat del treball redaccional que fa que els diaris publiquin informacions dignes d’aquest nom i històries interessants pel seu contingut.

Els lectors, és a dir, els ciutadans, necessitem confiar en que la premsa publica informacions fiables. No és qüestió d’audiència sinó d’una altra cosa més greu: la debilitat de la democràcia apareix quan el públic malfia de les coses més del compte i comença a donar pàbul a ficcions malintencionades o rumors esbojarrats. A Estats Units, l’ascens de Trump ha estat associat a aquesta creació del·liberada de desconfiança; l’assalt del Congrés és la culminació d’un procés que comença esbombant que l’esposa del president Obama és un home. Es confon la sospita crítica que requereix proves i arguments seriosos amb l’enrenou de la difusió indiscriminada de boles, i aixó forma part d’un dèficit educatiu general de la societat, dèficit que són els periòdics impresos el principal agent en pal·liar. Per aixó són imprescindibles.

7 dic 2022

Tenemos los empresarios de medios más retrógrados de Europa

Dardo Gómez
Llevamos varios meses a vueltas con la propuesta de la Comisión Europea para dictar una norma que, de momento, lleva el nombre tentativo de Reglamento de Libertad de Medios de Información. En principio no sólo no me parece mal sino que aplaudo que este organismo crea que debe entrar en este espacio de la comunicación que se sigue mandando con supuestas normas que fueron creadas por las mismas empresas de medios para protegerse de la supuesta intromisión del Estado en sus funciones.

Aunque también para secuestrarle a la ciudadanía su legítimo
Directivos de la AMI, en una imagen de archivo.

derecho a exigirles que cumplan con el deber de informar desde la veracidad y el respeto y, además, que ellas asuman su responsabilidad social por ejercer una función que les ha sido delegada por la sociedad --de forma tácita aunque no explícita--, que es su legítima propietaria: la información.

Ya sé, desde hace tiempo, que a los dueños de los medios no les gusta oír esto y que se siguen amparando en su falso concepto de libertad de prensa y de expresión para saltarse todo lo respetable y convertir a la información en un producto más del mercado.

Un proyecto para 2023


Lo que ahora propone la CE se estima que tendrá un borrador final en el Parlamento Europeo durante el primer trimestre de 2023 con la esperanza que se apruebe en esta legislatura. Alabo la intención; aunque estimo que para que esta se cumpla habrá de superar muchas dificultades como las que ya están creando las corporaciones de medios, sus asociaciones gremiales y algunos supuestos defensores de la libertad de prensa que son, simplemente, tentáculos de las anteriores. Todos ellos aspiran a que no haya regulación alguna.

La elaboración de normas legales tan sensibles como ésta obligan, de forma necesaria, a largos cabildeos y acuerdos que suelen no satisfacer a casi nadie. A unos por exceso y a los otros por defecto; quizá alguien piense que eso lleva al “justo medio”. No lo creo así. Los largos dos siglos y medio en que el periodismo se ha ido construyendo como una industria al uso llevó a Ryszard Kapuściński a señalar: "Cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante". Para revertir esta innegable situación que ya señalaba este gran periodista es imprescindible aplicar, aunque con exquisita prudencia, un bisturí afilado e intervenir en profundidad.

Como señala la periodista de la BBC Christiane Amanpour es justo dar voz a todos, pero eso no puede significar tratar a ambas partes por igual, ya que crear una equivalencia forzada nos convertiría en cómplices de la desigualdad existente y en la pervivencia de la injusticia.

Esto no implica vulnerar derechos sino recuperar el ejercicio de aquellos derechos que durante mucho tiempo han estado secuestrados por el poder de los grandes grupos privados y el de los políticos que se han apoderado de los medios públicos.

La patronal dispara primero


Mirando a España vemos que ya han surgido las primeras piedras en el camino de esta normativa europea puestas por la Asociación de Medios de Información (AMI), antigua patronal de la prensa diaria que agrupa a más de ochenta cabeceras nacionales y regionales. La AMI ha divulgado un comunicado --que anuncia una previsible campaña-- en el que exige que la norma en ciernes respete “la independencia editorial de los medios de comunicación”, aunque, de momento, no haya nada en el documento conocido que haga temer la intención de los legisladores comunitarios de violarla.

Hay que señalar, para ir calando la catadura de la patronal española, que esta normativa en estudio y debate ha llegado a su estado actual con la participación y consulta de todos los actores europeos de la comunicación y, claro está, con la participación de la News Media Europe, la patronal europea a la que están afiliadas todas las corporaciones miembros de la AMI. Estas son más papistas que el Papa.

Apelando a la cantinela de siempre, la patronal española alerta de que algunas de las medidas de ese reglamento pueden «poner en cuestión la libertad de prensa» cuando lo que quieren decir es que una regulación que atienda a las necesidades de las sociedades democráticas y a la buena información pondría en riesgo su modelo editorial.

Un tema que la AMI considera clave, según señala en su comunicado, es “la pretensión de la Comisión Europea de incrementar las restricciones a la concentración de los medios de información. Las operaciones de concentración son un mecanismo de resiliencia cuando el mercado no permite a los diferentes actores mantenerse en solitario. Sólo facilitando la concentración de los medios de información se estará asegurando la perdurabilidad de muchos medios de información”.

Lo que evidencia que a lo largo del siglo XXI y de los decenios anteriores los medios españoles han despreciado y/o ignorado las recomendaciones de las autoridades europeas de la comunicación y los observadores mundiales de los derechos humanos, que han señalado la concentración mediática como un atentado a la libertad de información y un peligro para la democracia igualmente.

La AMI considera un exceso que la norma limite la actuación de los editores para dar mayor libertad profesional a los informadores. “Que la actuación del editor deba constreñirse a la mera indicación de una línea editorial general. Esta limitación pone en cuestión la libertad de prensa así como la libertad de inversión y de empresa”, dice AMI. Confesando que para ellos libertad de prensa y libertad de empresa son sinónimos; por lo cual tampoco quiere ninguna regulación a los criterios actuales de distribución de la publicidad, que favorecen a los grandes medios, sean estos locales o nacionales tradicionales, privando así de financiación a los medios realmente independientes de nueva creación.

También se resiste la AMI a la existencia de una norma que regule la política general de prensa y medios de información europeos, y defiende que esa competencia corresponde a las autoridades nacionales. “No existe justificación alguna para armonizar la legislación a nivel comunitario, ni mucho menos para poner a la prensa bajo la supervisión de un Consejo Europeo de Servicios de Medios de Comunicación”, dice. Está claro que conoce la falta de criterio al respecto de nuestros legisladores que, hasta ahora, nunca se han preocupado en defender el derecho a la información de la ciudadanía.

Mejor garantizar libertades que regular medios


Desconozco el calado que alcanzará la nueva norma que se propone, pero coincido con el presidente del Sindicat de Periodistes de Catalunya (SPC), Francesc Ràfols, que considera que habría que poner por delante de la regulación de los medios garantizar a la ciudadanía europea la recepción de información de calidad y respetuosa de la veracidad.

Ràfols, que ha asistido a la exposición sobre la nueva norma que ha ofrecido el portavoz de Justicia de la CE, Christian Wigand, en Barcelona expone: "Si se quiere hacer una buena legislación europea en esta materia es imprescindible tener como referencia el Código Europeo de Deontología del Periodismo que aprobó el Consejo de Europa por unanimidad hace casi treinta años. Le recordé [a Wigand] que una de las quejas principales que las y los periodistas hacen, al menos en España, es que las mayores presiones las reciben del propio del medio y de sus propietarios. No olvidemos que, en España, la mayoría de ellos tienen en su accionariado grandes poderes económicos que los utilizan a menudo como vehículo de propaganda más que como elemento de información”. “El portavoz de Justicia admitió algunos de mis argumentos, pero insistió en los aspectos de la ley que pueden combatir estas situaciones, como la obligación de ser transparente en la propiedad de los medios o, entre otros, en la adjudicación de la publicidad”.

Ese Código Europeo que, recuerda el presidente del SPC, en su punto 11 ya consigna: “Las empresas periodísticas se deben considerar como empresas especiales socioeconómicas, cuyos objetivos empresariales deben quedar limitados por las condiciones que deben hacer posible la prestación de un derecho fundamental”.

Ahí queda eso...

Artículo publicado originalmente en la revista 'El Observador', de Málaga.

4 dic 2022

La transición según Miravitllas

Carmen Umbón
Después de afrontar con enorme curiosidad el raro formato que encierra las 531 páginas del último libro de Ramon Miravitllas, 'La transición que nunca te han contado', debo decir que más allá del placer que me ha producido su lectura ha abierto ante mi multitud interrogantes. El primero y fundamental, quizá el más difícil de responder, es el descubrimiento en clave de humor de acontecimientos que fueron vitales en nuestras vidas a lo largo de 31 años. Recuperar la parte humorística de aquellos hechos luctuosos, muchos de ellos sangrientos, es un ejercicio difícil que a algunos podría parecerles irreverente. Pero es muy útil porque permite recordar con mayor objetividad y sin amargura todos aquellos
Miravitllas, en la presentación del libro.
(Foto: Sergio Lainz)

detalles grotescos, vulgares, agresivos, ofensivos y también hilarantes que rodearon la parte trágica de la transición, y que efectivamente hasta ahora “nunca nos habían contado”. Al fin y al cabo, en la vida y en el teatro la tragedia y la comedia van juntas en una sola máscara.

El libro aborda un periodo que abarca desde el asesinato de Carrero Blanco por un comando de ETA, en diciembre de 1973, hasta el atentado de Atocha, en marzo de 2004, ejecutado por terroristas islámicos.

Algunas de las historias que Miravitllas cuenta en su libro las había olvidado y he vuelto a recordarlas con un estremecimiento, porque aparte de su trascendencia histórica han despertado en mí sentimientos personales de aquella época frenética. La de 'Mundo Diario', cuando coincidí con Ramon por primera vez, y conocí a personas que han sido fundamentales en mi vida. Aquel periódico fue mi mejor escuela y los compañeros mis mejores maestros, y un diario de izquierdas en aquellos momentos tan trepidantes era un lujo….

Qué momentos aquellos. Los del principio de todo, en los 70, cuando ya no dudábamos de que el final del franquismo estaba cerca. Y aun dando por hecho que la desarticulación total del sistema llevaría años, creímos --al menos yo ingenuamente lo creía-- que sería mucho menos doloroso y mucho más rápido.

La historia, como ya he dicho, comienza con la voladura de Carrero Blanco y acaba con un Rodríguez Zapatero, más Bambi que nunca, a punto de ganar las elecciones presidenciales tres días después del atentado de Atocha.

Son particularmente hilarantes las escenas de Franco con su esposa, doña Carmen Polo, y su cohorte de asistentes y servidores. El dictador, ya bastante cascado de salud, ve cómo su mundo se tambalea a su alrededor. Tiene un lío tremendo en el Sahara, debe redondear su sucesión, traspasar el poder a la monarquía y, además, dejar el país “atado y bien atado” para que cuando él se vaya todo siga igual. Porque, aunque actúa como si fuera inmortal, en el fondo sabe que se va a morir como todo el mundo.

Tras el fallecimiento de Franco, a lo largo de los 80, después de muchos sustos y superado ya el “se sienten coño”, el sector progresista recuperó cierta confianza en las instituciones, aunque la sangría de ETA seguía azotando el país. Pero en el exterior las noticias eran muy alentadoras y eso daba ánimos, después de tantos años de ostracismo. Nos aceptaban en los clubs más importantes del mundo y la guerra fría se estaba acabando, lo cual era un alivio muy prometedor, y cuando el muro de Berlín se desplomó y la Unión Soviética empezó a resquebrajarse creímos, esta vez sí, de verdad, que el mundo estaba cambiando y nosotros con él. En España se vivieron momentos de euforia: Juegos Olímpicos, Expo de Sevilla... Consideración internacional…

Y de pronto, a mediados de los 90, todo empezó a torcerse.

Siguiendo un orden más o menos cronológico, el relato del libro transita por acontecimientos que ocurrieron de verdad, jalonados por conversaciones ficticias --o verídicas, a veces-- entre diversos personajes, algunos de mayor significado que otros: ahí aparecen Carrero, Tejero, Fraga, Carrillo, Felipe, el rey, Suárez, Aznar… escoltados por otros de menor impacto mediático pero indispensables en el desarrollo de la trama: Landelino Lavilla, Arias Navarro, Abril Martorell, Arias Cañete

El formato teatral del libro, que al principio me desorientó un poco, ha resultado ser un elemento muy útil para el desarrollo de una trama muy extensa y necesariamente fraccionada. Porque no se trata de una novela, desde luego. Carece de la estructura adecuada. ¿Tal vez una obra de teatro? Bueno, tiene elementos muy teatrales, algunos dramáticos, otros en clave de comedia, enraizados en un estilo literario muy español como es la astracanada… José Manuel Perez Tornero así lo hizo notar en la presentación del libro y recordó 'Luces de bohemia'. Pero tampoco. No es representable y la característica del teatro es que pueda verse en un escenario… Lo que más se aproxima en mi opinión sería un libro de historia estructurado en clave teatral y humorística.

Pero he llegado a una conclusión. En realidad el libro lo incluye todo: un poco de novela, un bastante de teatro —el del absurdo, del tipo de Ionesco o de Antonin Artaud— y un mucho de información periodística —pura, dura y rigurosa— que va marcando los acontecimientos reales para dar paso a hilarantes diálogos entre personajes verdaderos. Pero incluso en esas conversaciones impertinentes, a veces del tipo “diálogo de besugos”, hay un fondo de verdad y de información incontestable.

En fin, que en el libro está prácticamente todo… Y en conjunto queda claro que los verdaderos protagonistas de la transición manejaron nuestras vidas como si fuéramos muñecos de trapo haciéndonos creer que éramos los dueños de nuestro destino colectivo.

Estoy expectante por ver qué pasa en el volumen siguiente con Iglesias, Corina, Villarejo, la crisis catalana, Pedro Sánchez, las cloacas del estado…