El quadern dels periodistes apocalíptics, integrats, optimistes i/o solidaris

EL QUADERN DELS PERIODISTES APOCALÍPTICS, INTEGRATS, OPTIMISTES I/O SOLIDARIS

19 feb. 2015

Mirarse el ombligo y no a los ojos

Eduardo López Alonso
Cualquier cambio causa tensión. Sobre todo, cuando este cambio es rápido y marcado por un cierto desorden en el devenir de los hechos, por muy previstos que sean. Las redacciones de todo el mundo pasan, han pasado o pasarán por el trance de una evolución traumática hacia el mundo 'on line'. El conflicto papel-'on line' no es más que otra lucha intestina en la historia del periodismo, y no solo pugna de mercado. Las versiones web de los diarios crecen de manera imparable mientras las ediciones en papel se están transformando, esta vez sí, en objetos de lujo a un euro y servicio añadido de otros servicios (bares, peluquerías, salas de espera y demás). Es triste, pero es real. Y el negocio publicitario también se está trasladando de una parte a otra (pero más lentamente).

En el seno de las organizaciones perio-dísticas se está produciendo también una tensión profesional creciente. Superados los conflictos papel-'on line' y SEO-redactores, el nuevo conflicto que nace o nacerá en breve tiene o tendrá otro cariz y estará más vinculado a la lucha profesional tradicional: la guerra intestina por el espacio. Ha llegado el momento de plantear la batalla profesional por el espacio de publicación sea este donde sea, en el papel o en la web. Necio será el periodista o el responsable de una sección que desprecie la posibilidad de divulgar su trabajo en la web. Necio también el que no batalle por el espacio desde la web porque pronto se verá privado de él a medida que sea atractivo para la mayoría.

La web es la plataforma para divulgar masivamente las informaciones. Han pasado a la historia los tiempos en los que el mindundi de la web manejaba el bacalao, escribía, decidía los temas de portada y elaboraba el menú de internet a su antojo. Poco a poco, los sesudos consejos de redacción que han decidido hasta ahora las portadas del diario en papel se van a tener que replantear su función y decidir la portada al minuto, afrontar el sinvivir que supone ajustar la decisión de la portada, toda la portada, en todo momento, sin descanso, sin respiro. Ni redactores, ni jefes de sección, ni redactores jefes van a poder decidir la imagen externa del diario en el futuro (la web). La portada 'on line' va a ser el diario, y el staff va a tener que trabajar duro para decidir qué se da y cómo se presenta en tiempo real. Toca implicarse en la realidad 'on line', arremangarse y explorar.

Periodistas de reputado pasado ya han probado las mieles del éxito 'on line', lo que ni resta ni añade galones a su dilatada trayectoria todavía en plena actividad y futuro en sus manos. Que Manuel de Luna haya conseguido con 'El Periódico de Catalunya' que una de sus informaciones haya acumulado la friolera de dos millones de lectores ha de suponer una indudable satisfacción y un reto para los colegas (¡pero difícil de superar!). También es una línea a seguir que Antonio Baquero haya cubierto (con apoyo de la enviada especial Montserrat Radigales) las elecciones de Grecia desde Barcelona con una cifra de lectores superior a las 200.000 personas, gracias a una información al minuto plagada de fuentes directas a través de las redes sociales y los medios de comunicación locales. De hecho, los colegas de 'on line' ya han hecho trabajo similar en el pasado, normalmente desde el anonimato, pero es ahora cuando las cifras van a crecer cada vez más en ese nuevo periodismo radiofónico por escrito. Nunca antes un diario español en papel permitió tener a un redactor tantos lectores de una sola información. Tener éxito de audiencia va a ser objeto de envidia entre los colegas. La información pura y dura y la última hora casi siempre depende ahora de las redes sociales y la labor periodística va a tener el mayor impacto que pueda soñarse gracias a internet.

La firmitis y el teta-culo

Uno de los efectos colaterales de esa transición va a ser una enfermedad periodística muy común: la firmitis. Lo que hace un par de decenas de años no era firmable (léase ruedas de prensa, breves, informaciones de carril o piezas de documentación, por ejemplo) ahora lo es. Es la única manera de resaltar la aportación al volumen intratable de información que se genera. Y es que la información tiene ahora un nuevo referente de valor, las entradas en la pieza (a cuatro euros el millar, más o menos). Para temblar.

La crítica del riesgo del incremento de los contenidos teta-culo en la oferta 'on line' es lógica. Pero es que el teta-culo del papel casi nunca compitió por las primeras páginas pese a existir y ser lo más leído y en 'on line' es un motor indudable. La técnica no cambia, casi. Solo hay que replicar el titular en los primeros párrafos y cualquier buena información arrasará entre los lectores. El caso es que las redacciones son como el mundo exterior. Se lee menos de lo que se debiera y la autocrítica es cada vez más complicada. El conservadurismo se ha disparado con el miedo y los ajustes, mientras los lectores exigen posiciones menos neutrales, al estilo de 'El Intermedio' de la Sexta pero en prensa. Y encima parece premiarse más al opinador externo que al propio, se retuitea al colega de otros medios pero no al compañero, se lee más el teta-culo que el trabajo del de al lado, nos miramos más el ombligo que a los ojos.

Si cualquier medio quiere aplicar un método de crecimiento rápido solo debe potenciar las redes sociales desde dentro. Los lectores aparecerán si los que hacen el diario creen en las posibilidades de su propio medio y sus profesionales, se dejan de lamer las heridas y consiguen que los lectores comulguen con la línea editorial. Y si se hace periodismo en mayúsculas, claro. En ese caso el vínculo entre el medio y los lectores se hará más fuerte y se fortalecerán los argumentos para pedir más a los anunciantes.

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